JUAN JOSÉ ALCOLEA JIMÉNEZ



Badajoz-España, 1946


TRASMIGRACIÓN DEL TACTO

Quiero guardar tu tacto 
inmune en la memoria, 
quiero librar tu imagen 
de la erosión del tiempo, 
quiero llevar donde el silencio 
diga el turbio roce 
 de tu rumor de encuentro.
 Quiero dejar la sombra y el gemido 
 de tu caricia en mi recuerdo impreso, 
y el yugo abierto en que tu cuerpo 
yace y el dulce cauce en que te invado y muero. 
Quiero, cuando las venas se adormezcan, 
llevarme al aire tu clamor despierto, 
tu latitud de musgo por mis manos 
tu redención oscura por mis dedos. 
Quiero de la mordaza de tus labios 
dejar mi boca atenazada y, luego, 
en las calladas tardes del olvido, 
gozar su jugo de sabor intenso. 
De tu perfil de poma y sembradura quiero 
la curva doble de tu seno, 
quiero la miel que grana en tus pezones, 
quiero la negra llaga de tu pelo. 
Quiero que tu presencia me ilumine, 
ara en que de hombre me inmolé sin precio, 
cuando los pulsos tardos se detengan 
por las cavernas hondas de mi cuerpo. 
Quiero en el margen quieto de lo sido 
de tus pupilas su paisaje abierto
 y por las turbias sendas de la muerte 
hacer camino en tu presencia quiero. 
Quiero llevar tu tacto
inmune en la memoria 
quiero en las hondas yemas de mis dedos 
robar la acequia que en tu piel se posa 
y hacerla insomne 
temblor... 
siempre latiendo. 
Porque tu tacto tiene 
 aromas imposibles, 
porque tu boca tiene 
orgiásticos venenos, 
porque tus ojos miran 
alquimias insondables 
y en tu cintura habitan 
mágicos advientos. 
Y si es que acaso 
un día aquí volviera 
del implacable exilio del destierro, 
que el palpitante hueco que desnudas 
fuera de nuevo... 
cauce de mi cuerpo. 

 ¡AY! 

 ¡Ay! Quién pudiera tener 
tras el silencio el olvido 
y recordarte después. 

 ¡Ay! Quién pudiera tener..

 Sentir la sangre varada 
en esteros del ayer 
y ser sangre enamorada. 

 ¡Ay! Quién pudiera tener... 

 Y de nuevo renacer 
del desierto de la nada 
y en ti saciarse la sed.
¡Ay! Quién pudiera tener... 

 Y tras la quieta jornada 
sentir de nuevo en la piel 
el beso de tu mirada. 

 ¡Ay! Quién pudiera tener...

No hay comentarios:

Publicar un comentario