BENEDICTO LORENZO DE BLANCAS



Blancas, Teruel-España, 1920 - Zaragoza 2010


ELLA

Ella era la tierra prometida
en el amanecer de la conciencia,
la manzana del árbol de la ciencia
en cuerpo de mujer estremecida.

Ella era el encuentro, la acogida,
la presencia en la tierra, la experiencia,
la protección total de su indigencia,
la identidad en ambos de la vida.

Parecía la gracia verdadera,
el trofeo más tierno y exquisito
que pudiera alcanzar el hombre. Era

el más hermoso ser entre los seres,
el mito más perfecto entre los mitos,
la mujer entre todas las mujeres.




MADRE


Desde que no te tengo, ni me tienes,
desterrada ternura, madre mía,
te llamo a cada hora y cada día
espero la llegada de los trenes.

Pero tú nunca vienes, nunca vienes
a compartir tus penas con las mías,
como hacías entonces, como hacías
antes de que existieran los andenes.

No sabes cómo duelen las heridas,
cuando no hay quien las cure por las noches.

No sabes cómo animan los reproches,
mezclados con los besos y las manos.

Cuando se pide o se llama en vano,
No sabes qué difícil es la vida.

Del libro: ’VÍSPERA DE TI’



CONTACTO

Toda la gracia me bautiza cuando
como un agua bendita estoy sintiendo
que una grata pasión me está invadiendo,
que una dulce ilusión me está llenando.

Estoy la ciencia entera desvelando,
mientras testigo soy, mientras entiendo
de la ternura que me está prendiendo,

de la hermosura que se está mostrando.

Guiado de una estrella estoy viniendo.
Estoy llegando a ti. Estoy llegando,
mientras la expectación te está sintiendo.

Mientras la aceptación estás hilando,
ya tu respiración me está envolviendo,
que, de puntillas, se me está acercando.


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