CÉSAR DÁVILA ANDRADE

 Cuenca-Ecuador, 1918-1967
LA SANGRE GOZOSA

Dulce color terrestre
te invade, cuando te amo.
yo pienso, simplemente,
en la bandera d ela rosa,
en el agua endurecida de tus pechos
y en la persistente soledad
de tu cintura.

Te requiero desde una hoguera
encendida por un  hombre.
dejo que tu voz me alcance
y, cercada por dulce asedio,
rindo la mejilla en que te beso.

Descansadamente hablo por ti
y desde ti a las cosas.
y sufro el rigor de este desvelo
que va y viene de tu ardorosa orilla,
tanto
que en vano me apresuro por morir a  tiempo
la enamorada muerte que me espera.

En el pecho aduermes
la rosa del amor ya revelada.
ardes entera como las canciones
como el aire que toca los labios
de los amantes en las altas terrazas.
El cabello baja
ciñéndote la nuca y eres hermosa
con trajes de alegría.

Cuando pasas, recojo tu sombra con los ojos,
me pongo un corazón que me ignoraba
y desatiendo mi cuidado
por recibir la herida
en la parte de amor más vulnerable.
Tus muslos de rosa sonmás bellos
que los gorriones en el día
y más dulces, que un niño juntando flores...

La ventana parece que estuviera a ras del suelo
y el perfume de la tierra te cerca, embriagadora.
Tus labios son vino fuerte,
tus pechos arden como dos fogatas
en la noche de las montañas
y en tu vientre hay serpientes terrestres.
Comprendo que vengo a ti desde la primera voz humana,
que nadie puede cercar este territorio sino mi mano
y entonces, mía, hacemos el lecho con premura,
vencemos muros, flores y germinaciones
y nos amamos desatando pumas en la sangre.

Te estremeces al contacto de mi mano:
Caen por el propio peso
tu cintura, tus muslos
hacia el centro de la noche;
¡ah boca! Dulzura que te ennoble el pecho
puede ser gustada, vencerme:
mas, andas tan lejos,
que tu nombre cierra bruscamente
la puerta de mi casa.

Salgo de ti, dejo tu temeroso
territorio, el cuerpo tendido,
remedando amor, y no sé que hacerme
con la hostil manera
que tienes de olvidarme.
Bajo hasta el agua morena de tu pelo,
te llamo a voces
porque me dueles, desamparada.
Tus piernas son como jardines


largos, como avenidas de música,
pero nada puedes contra ti misma,
¡y me estás olvidando!

Digo ahora que te olvido,
que hago girar el día como una puerta
y abandono la noche
donde solíamos quitarnos
hasta las cortezas del alma,
digo, esto,
después de enterrar bajo la hierba
la tela fuerte de los llantos.
olvido vestidos,
números de teléfonos,
alcobas lascivamente perfumadas
y rojas líneas que te construyeronlos pechos.
Mañana no sabré como te llamabas.
y hoy te arranco de mis lágrimas,
Porque no quiero llorarte
Con lágrimas mías.

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