JOSÉ ANTONIO MORENO JURADO


Sevilla-España, 1946


SOLEDAD COMPARTIDA



No estamos solos. Nunca estamos solos.

Aunque la calle inunde su eterna muchedumbre a bocanadas.
Aunque el grito se extienda sin compartirse,
como la llama medra entre los labios,
como el errante bosque se dignifica en piedra.

No estamos solos en la ciudad inteligible.
Mientras el hacha se convierta en estrías de columna
y la alevosa ira deje de ser cornada.
Cuando el halo de un cuerpo, si sufriente,
desbrizne sus estigmas sin recordar el susto.

No está sola la niña que ha olvidado su amor
en la llanura. Ni el errante que no encuentra la dicha,
cuando los fustes se convierten en aves.
cuando el cayado desarraiga la mejilla y el busto.

¡Que no venga tu lágrima empañada,
que no acose tu vientre la almidonada esfera,
que no irrumpa en la sala donde duermes,
donde el trueno defiende el acoso de los niños,
donde el calor involucrado ha puesto sus raíces!

Porque no me has faltado todavía.
Aun antes de llegar no me faltabas.
Rehén de la magnífica torre, guarda que se avecina
desde el puente donde fluyen dos ojos indigentes,
para hacerse medalla encubridora.

Oh sola soledad que ya no aplazas,
que no apruebas el envite empobrecido de mi mesa,
que no confundes el dibujo de mi equipaje.
Te tengo compartida con el pulso,
con el ángel continuo, con el amor en vuelo.

De "Ditirambos para mi propia burla"

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