LUIS PIMENTEL


Lugo-España, 1895-1958

EL DÍA MALO, EL DÍA FEO

¿Qué harapientos ujieres
descorrieron las cortinas
de los almanaques oficiales,
donde dos ángeles de cartón dorado
velan nuestras armas?
Ondea la bandera goteando anilina
entre una lluvia tibia y muerta.
(¿Hay algo más triste que una bandera mojada?)
Has nacido, día
de los vertederos más humildes.
No naciste en el campo
entre los chopos o la dulce hierba.
No te trajo la mañana fresca, verde.
No entraste en la ciudad
con el alegre ruido de las zuecas,
húmedo el pelo
y los ojos limpios.
Ahí estás en la alameda solitaria,
en un banco desnudo
como un forastero enfermo.
¡Día malo, día enfermo!
Tengo yo piedad de ti
y te comprendo, ¡pobre día!
He de arroparte con mi verso,
y ella te limpiará
las manos y tu frente cenicienta.
No te llevaron al asilo
donde hay siempre un sol triste
y un muro muy alto.
Lavaremos tus harapos,
te sentaremos a nuestra mesa.

TÚ SABES SOLAMENTE QUE VOLVERÉ

Tú sabes solamente que volveré
en los ojos de los caballos negros,
allí encerrado como en un nicho.
Después del último y pequeño paseo
tú estarás entre los cristales ciegos de mi casa
para esperar mi última vuelta.
Volveré otra vez por la calle alegre
donde el sol juega en las cornisas.
Pensarás en mis últimos zapatos,
en mi último cigarrillo,
en el reloj que aún le queda sangre
y la lámpara que aún no tiene corazón.
Tú sabes solamente que volveré
en los ojos de los caballos negros.

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