FERNANDO FORTÚN























Madrid-España 1890-1914

IDILIOS
La plus aimée est toujours la plus loin.
Tristán Corbière

¡Ensueños olvidados, idilios fugitivos!...
Amores no sentidos, un momento soñados,
que en mi espíritu viven como eternos motivos
de mi canción, jamás en vida realizados.
Porque unos bellos ojos me miran, o una boca
me ríe, forjo historias de divinos amores.
Y va mi pobre alma, en sus ensueños loca,
a cortar unas rosas... Y en mi jardín no hay flores.
Amo, en silencio siempre, una imagen angélica
en un viejo retablo de un pintor primitivo...
¡Bendita tu mirada, virgen prerrafaélica,
de inefable dulzura, por la que sólo vivo!
Y también guardo, como un único tesoro,
el ideal no hallado, en una miniatura,
y tiene, melancólica, la divina figura
lejanos ojos grises que con unción adoro.
Y mientras que mi alma esos ensueños hila,
quieren hallar mis labios un misterio velado
en tu boca -una rosa plena de clorofila,
de haber besado mucho o nunca haber besado...

¿QUÉ BUSCAS EN LOS LIBROS...?

¿Qué buscas en los libros,
frente ardiente,
corazón en brasas,
manos temblando de impaciencia y ansias;
qué buscas en los libros,
con los ojos prendidos,
como activas abejas, en las flores
ilusorias del trazo de la imprenta?
Tan poco vale
el tiempo fugitivo,
con las alas abiertas,
alas infatigables,
que lleva en los talones
como Mercurio?
¿Tan poco vale
para que así lo acuestes
sobre la piedra fría, como un muerto,
la piedra fría del papel impreso?
¿Por qué no ha de correr,
libre y elástico,
con la fuerza del ciervo,
que se pierde saltando
en el silencio sordo de los bosques,
los hondos bosques de negrura y pasmo?
¿No ves que en torno tuyo está tejiendo
la guirnalda de rosas encendidas
el coro melodioso de las Horas,
las Horas coronadas de capullos?
Buscas la ciencia
que mane como arena
fina, igual y cernida,
de la universidad correcta y grave,
arenas que reposen
tu cuerpo fatigado?
¿O buscas la colina
de clásico dibujo,
que jamás hollarán tus plantas lentas,
mortal cuya inquietud vaga en lo vago?
¿Te da miel la sorbona de la página?
¿La sed te apaga, te da pan acaso?
Y yo sé lo que buscas,
como niño perdido,
en el fragor de una ciudad inmensa:
sigues las calles interminables,
las plazas anchas,
donde los hombres gritan;
los parques verdes
donde un viejo acaso, pone enternecido
su mano sobre la melena fina
de un niño rubio;
quizá olvidas tu pena
ante un escaparate
que llenan de promesas los juguetes.
Pero sigues de nuevo,
como niño perdido
en la ciudad inacabable de la página:
buscas tan sólo
un hombre en que halles ahora repetidas
tus facciones;
un hombre que llorara como lloras,
riera como ríes;
un hombre a quien poder llamar tu padre.
Buscas su mano amiga,
que te enseñe el camino;
la lima pulidora
que te cincele el oro de bondad y belleza
que hay mezclado y perdido bajo tu carne impura.
Buscas como la hiedra,
como la obscura hiedra,
un árbol que te aguante y te sustente,
un tronco donde puedas,
tendiéndote, enroscándote,
trepar, bebiendo a sorbos otra savia
más rica que tu savia,
lanzarte por el tronco y por las ramas
hasta verte nacer en verdes brotes...
...Y, mientras, va la vida en las tinieblas,
segador colosal, segando carne,
cortando corazones,
como quien corta anémonas.

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