JOSÉ MARÍA ALEMÁN


Panamá, 1830-1887

EL ÚLTIMO CREPÚSCULO


El sol en el ocaso apenas arde...
Vienen las sombras de la noche oscura
tras la luz vacilante de la tarde,
y el viento entre los árboles murmura.

Así también, mi sol oscurecido
se lleva de mi vida el dulce encanto...
¡Entre tinieblas vagaré perdido,
y cesará mi triste y flébil canto!

DEL CANAL

Está de dicha contento
mi buen amigo Pascual,
porque se acerca el momento
de su unión matrimonial,
cuando comience el canal.

No más miseria y pobreza,
ni godo ni liberal:
por montones la riqueza
recojerá cada cual
cuando concluya el canal

¿Revolución? ¡Ni por pienso!
Ni comedia electoral;
que el horizonte es inmenso,
y sin fin el mineral,
cuando comience el canal.

Y no falta alguna abuela
del buen tiempo patriarcal,
que diga: “¡No más escuela!
Gane el nene un capital
cuando comience el canal”.

Pronto quedará en olvido
el idioma comercial;
que debe ser preferido
el del sonido nasal,
cuando concluya el canal.

Tiene don Jorge una hacienda
sin vacas y sin corral;
y a nadie habrá quien la venda,
por serle cosa fatal,
cuando comience el canal.

Irene a todos desdeña
y no cabe en el sitial;
prepara la red y sueña
con pillar un mariscal
cuando concluya el canal.

En materia de elecciones,
aun siendo presidencial,
no habrá más agitaciones,
ni la ambición personal,
cuando concluya el canal.

Ni quien quiera ser prelado,
canónigo ni fiscal,
coronel ni magistrado,
sargento ni general,
cuando comience el canal;

ni tampoco zapatero,
ni sastre, ni mayoral,
ni cometa, ni platero,
ni aguador, ni menestral,
cuando concluya el canal.

Pues todos piensan, a una,
hacer un gran capital,
con buena dicha y fortuna,
por la industria comercial,
cuando comience el canal.

Mas, caro lector, te digo,
con mi franqueza genial,
que de alguien seré testigo
que busque su bien final
arrojándose al canal...

Del libro Crepúsculos de la Tarde

HERRERA

Dejaste al fin la tumba de los Andes
Que dióte la victoria,
I vuelves con los lauros de los grandes
A honrar tu patria con excelsa gloria.
Sombra ilustre del mártir panameño,
Con llanto te saludo;
I no mi voz despertará tu sueño
Que el Tequendama en su rugir no
(pudo.
Quédate en paz, en medio de dos
Mares, en el centro del mundo,
Do pueda el libre levantarte altares
I verter llanto de dolor profundo!
Ahora ya mi patria te merece,
Cuando ella te relama;
Que el laurel de los grandes nunca
(crece.
Allí do la venganza el pecho inflama.
Como la vieja i corpulenta encina.
Ven a servir de sombra
Al ciudadano que hacia el bien camina,
I con genio i virtud su patria asombra!
I no permitas, no, que en esta tierra,
De todos codiciada,
Estalle cual volcán la cruda guerra,
Entre hermano i hermano provocada.
Tregua al rencor que a América se
(lanza
el fiero despotismo,
I habrá que combatir a fuego i lanza,
I vencer o morir con heroísmo!
I honre mi patria tu inmortal memoria
Con digno monumento;
Que con tu gloria ganará su gloria,
I con tu fama alcanzará su intento.
Así la senda el noble patriotismo
Encontrará en tu ejemplo;
Así cesa el estéril egoísmo,
Cuando ensalzada la virtud contemplo!
I duerme en paz, inmaculado Herrera,
En tu querido suelo;
Que, aunque es tu patria la nación
(entera,
Aquí, donde naciste, está tu cielo!

Panamá, 10 de junio de 1864.
Revista Lotería, Junio 1968, No. 151

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