JOSÉ ARNALDO MÁRQUEZ

Lima-Perú, 1830-1903


A SOLAS

¡Mi corazón rebosa de armonía!
Nadie sabe el aroma y la pureza
De esta olvidada flor que noche y día
De su rincón perfuma la maleza.
¡Ah! Solo tú conoces, madre mía,
El tesoro de amor y de nobleza
Que con la amarga hiel de las congojas
Dios puso un día entre sus blancas hojas.

¿Por qué esta sed de amores y ternura?
Por qué estos sueños de placer y calma?
¿Por qué al mirar la ajena desventura
Siento oprimida de dolor el alma?
¿Por qué cuando contemplo la hermosura
Pienso verla ceñida con la palma
De juventud, de amor y de consuelo
Cómo estarán las vírgenes del cielo?

¿Por qué este vago, misterioso arrullo
Con que viene a adormirme la esperanza,
Como de agua y de hojas el murmullo
Que allá a lo lejos el viajero alcanza?
¿Por qué al ver de los grandes el orgullo
Ambicioso mi espíritu se lanza
Y hacer cenizas a mis plantas quiere
La mano vil que al desvalido hiere?

¡Oh! ¿por qué siento el corazón, Dios mío,
Tan lleno de ternura y de pesares
Si ya no tienen sobre el mundo impío
¡Ay! ni el amor ni el infortunio altares?
El cielo tiene luz, la flor rocío,
Y hasta las olas de los turbios mares
Visten de espumas el azul salobre…
Yo solo tengo lágrimas… ¡Soy pobre!

Para encantar mi juventud no anhelo
Sino un poco de paz y melodía,
De un noble amor el esmaltado cielo
Y el cielo azul de la conciencia mía;
Tener para el que sufre algún consuelo,
Dejar que lleve una limosna el día,
Y si lo quieres, voluntad sagrada,
Nunca me des sobre la tierra nada.

¡Pero tengo una madre! Para ella
Quiero glorias, grandezas y ventura.
¡Ay! ¡ha nacido tan sensible y bella
Tan llena de piedad y de dulzura!

Del firmamento la mejor estrella,
De tus santas auroras la más pura,
Y hasta del mismo Edén el primer día
Por mi madre, Señor, no tocaría.

Blanca azucena, lánguida y hermosa
Que en estéril llanura solitaria
Exhala de su cáliz amorosa
La esencia de una angélica plegaria;
Miró brotar en tarde nebulosa
De nuevos tallos muchedumbre varia,
Llenas las tiernas hojas de rocío
Para agostarse al fuego del estío

Y el ángel de las tumbas centinela
Le arrancó sus dos vástagos más bellos…
¡Madre! ¡cuando el dolor te desconsuela
Lloras también de no llorar con ellos!
¡Tu corazón que acongojado vela
Está lleno de lágrimas! Destellos
De placer y de dicha ya no alcanza…
¡Quién te dará aunque mienta una esperanza!

Y yo, siempre sediento de hermosura
Y ávido de pureza y melodía,
Pido luz a mi estrella y la hallo obscura;
Pido fuego a mi vida y la hallo fría.
Cuando tu labio trémulo murmura
Palabras de fatal melancolía;
Y sobre mí te inclinas y sollozas
Y el corazón y el alma me destrozas…

Cuando en la noche, al resplandor incierto
Que en nuestro pobre hogar pálido brilla,
Por la zozobra de tus días vierto
Lágrimas que me abrasan la mejilla,
Y hallo también tu corazón despierto
Y en la tierra posada tu rodilla,
Y en la imagen de Dios los ojos fijos
Oras en baja voz junto a tus hijos…

¡Oh! la hiel del dolor me irrita,
Hierve sangre de fuego entre mis venas;
Veo en la vida para mí maldita
Horas surgir de pesadumbre llenas.
¿Por qué, Dios mío, el corazón palpita
Y al infierno en que yace le encadenas,
Si en él pusiste por mi mal, más fuerte
La de la virtud que de la muerte?

INDIFERENCIA

No importa que agitado torbellino
Me arrastre por el camino de la vida,
Como hoja por los aires impelida
Vaga por el espacio sin camino.

Yo voy donde me lleva mi destino;
Y el alma de la tierra desprendida,
Sabe que la existencia fue medida
Por los decretos de un poder divino.

¿A qué gemir por el dolor presente,
Temblar por los dolores de mañana,
Ni recordar llorando nuestra historia,
Si el bien y el mal, la espuma y la corriente,
Juntos se alejan en carrera vana
Y ni uno ni otro han de dejar memoria?

1 comentario:

  1. INDIFERENCIA me encanta ese poema y le puse sonido con la guitarra es más que palabras es como un estilo de vida en cortas palabras (Y) excelente.

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