ALBERTO OSORIO DE CASTRO




Coimbra - Portugal, 1868-Lisboa,1946


ORACIÓN DEL FIN

Sol poniente – de espadas corazón traspasado...
¡Luz del atardecer, Señora de Dolores!
Escóndenos, ¡oh madre! el corazón golpeado
En manto virginal de muertos esplendores.

¡Salve-Reina, madre de infinitra dulzura!
Del cielo en que agoniza nuestra alma sin norte
Lanza tu mirar místico de luz y de amargura
A la eterna Injusticia, y al hedor de la muerte.

¡A tí clamamos, nos, desterrados del mundo!
Envuélvenos, ¡Señora! en tu manto sereno...
Triste es la tierra, el azul tan distante y profundo
Es rubio y dorado como el dulce Nazareno.

¡Toda en sangre resurge la tragédia divina!...
¡Oh Jesús, oh Jesús! Vagan ya por los cielos
Sobre tu desnudez purpurada y cenceña
Sombra y tinieblas – dolor y maldición de Dios.

La noche está cayendo, y sus vagos terrores...
Escóndenos, ¡oh luz! en manto de oro y rosa,
¡Oh luz de atardecer, Señora de Dolores,
Oh clemente, oh piadosa, oh dulce, oh dolorosa!

CRISANTEMOS

Tan lejos del Fúsi-no-Yama,
En nuestro otoño, los exilados
Crisantemos de tierra en llama,
Florecen en días helados.

De su canto de flama
Aun mal desacostumbrados,
Florecen en días helados,
¡Tan lejos del Fúsi-no-Yama!

Y una noche negra de lama,
Los que vieron cielos dorados.
Caen en las charcas, dehojados...
¡Lejos de todo lo que se ama,
Tan lejos del Fúsi-no-Yama! 


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