OTILIO VIGIL DÍAZ


Santo Domingo - República Dominicana, 1880-1961


TIMPANO DE LA MONTAÑA

Mi querida,
Que es una negra retinta,
Dulce y armoniosa como el cuello de una cítara de ébano,
Con pulpa de coco en la sonrisa
Y esencia de mandrágora en los dobleces,
Me aguardó en la talanquera
Para decirme:
“el cabrón ha muerto”.
En un lecho de piedras,
Junto a los corrales,
Pulido por su cuerpo velludo y rijoso,
Está tendido el padre
Y señor
Del aprisco.
La luna de anoche amortajó su cadáver,
Y el sol de esta mañana,
Calentó las esponjas de sus barbas patriarcales.
En los libros de amor de Pubio Ovidio Nasón
Aprendió el arte de amar,
Y conquistó mil borregas
Con la siringa del Pan.
Para que no coman de su lúbrica carroña famélicos canes,
Le haremos exequias griegas en la sabana.

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