ANNA AJMÁTOVA

Bolshói Fontán, cerca de Odesa (Rusia) 1889-Moscú, 1966

PENSABA QUE YO ERA...
   Pensabas que yo era como aquella,
que te sería posible olvidarme,
que me arrojaría sollozando
bajo los cascos de tu corcel.
Que pediría a las curanderas
cualquier raíz en agua maléfica,
y te enviaría un regalo temible:
mi favorito pañuelo fragante.
    Maldito seas: Ni un gemido, ni una mirada
conmovería tu alma de roca.
Pero te juro yo por el Paraíso,
por la milagrosa imagen santa
y por el ardor de nuestras noches,
que nunca volveré a ti...
SÓTANO DEL RECUERDO
Es pura tontería que vivo entristecida
Y que estoy por el recuerdo torturada.
No soy yo asidua invitada en su guarida
Y allí me siento trastornada.
Cuando con el farol al sótano desciendo,
Me parece que de nuevo un sordo hundimiento
Retumba en la estrecha escalera empinada.
Humea el farol. Regresar no consigo
Y sé que voy allí donde está el enemigo.
Y pediré benevolencia... pero allí ahora
Todo está oscuro y callado. ¡Mi fiesta se acabó!
Hace treinta años se acompañaba a la señora,
Hace treinta que el pícaro de viejo murió...
He llegado tarde. ¡Qué mala fortuna!
Ya no puedo lucirme en parte alguna,
Pero rozo de las paredes las pinturas
Y me caliento en la chimenea. ¡Qué maravilla!
A través del moho, la ceniza y la negrura
Dos esmeraldas grises brillan
Y el gato maúlla. ¡Vamos a casa, criatura!
¿Pero dónde es mi casa y dónde mi cordura?

Versión de Jorge Bustamante García

ESTAMOS TAN INTOXICADOS UNO DEL OTRO...

Estamos tan intoxicados uno del otro
Que de improviso podríamos naufragar,
Este paraíso incomparable
Podría convertirse en terrible afección.
Todo se ha aproximado al crimen
Dios nos ha de perdonar
A pesar de la paciencia infinita
Los caminos prohibidos se han cruzado.
Llevamos el paraíso como una cadena bendita
Miramos en él, como en un aljibe insondable,
Más profundo que los libros admirables
Que surgen de pronto y lo contienen todo.

Versión de Jorge Bustamante García

LA CANCIÓN DE LA ÚLTIMA CITA

Se enfriaba, desvalido, mi pecho,
pero eran ligeros mis pasos.
Me puse en la mano derecha
el guante de la mano izquierda.

¡Me pareció que había muchos peldaños
aunque sabía que eran sólo tres!
Un murmullo otoñal entre los arces
me pidió: “¡Muere conmigo!

¡Oye: una suerte penosa,
inconstante y mala me engañó!”
Le contesté: “¡Querido mío:
a mí también. Contigo moriré!”

Esta es la canción de la última cita.
Eché una mirada a la casa sombría.
Tan sólo en la alcoba ardían las velas
con una llama indiferente y mustia.

1912
Versión de Jorge Bustamante García

No hay comentarios:

Publicar un comentario