NICOLAE LABIS


Poiana Mărului , común Malini , condado de Suceava - Rumania,1935-1956 ,Bucarest 


MADRE

No he pasado hace tanto por la aldea.
Un hombre, que de allá vino, me contó
que florecieron los almendros, Madre,
y que tu pelo encaneció.

Que estuviste enferma, otro hombre me contó
y no sé si creer en lo que dicen
pues en tus cartas, Madre,
estás cada día más joven.


LA MUERTE DE LA CIERVA 

La sed ahogó la brisa del viento.
El sol derretido se vertió sobre el suelo.
Se quedó el cielo hirviendo, vacío.
En los pozos sólo el cieno.
En los bosques fuegos y fuegos
danza salvaje, rito del diablo.
Entre las breñas sigo a mi padre
los abetos secos y crueles hieren mi cara.
Salimos ambos, partida de caza,
partida de hambre en los Cárpatos.
Me abate la sed. El manantial entre las piedras
pierde su hilo de agua. Me golpean las sienes. Camino sobre
un planeta distinto, inmenso y pesado.
Vigilamos desde un lugar donde
las notas del agua, apacibles, aún suenan.
Cuando el sol se ponga, cuando la luna brille,
vendrán uno a uno los ciervos a saciar su sed.
Le digo a mi padre que tengo sed
y me hace el signo de callar.
¡Agua embriagadora, te meces tan transparente!
Siento que la sed me liga al ser viviente que debe morir,
en la hora señalada por la ley de la vida.
Resuena en el valle el follaje marchito.
¡ Un horrible atardecer cae sobre el universo!
El horizonte se desangra y mi pecho está rojo,
como si las manos llenas de sangre las hubiese
limpiado en mi pecho.
Los helechos arden con llamas violetas
como en un altar,
sorprendidas se hacen señas entre sí las estrellas.
¡ Ay, como quisiera que no vengas, que ya no vengas!,
¡ hermosa ofrenda de mi bosque!.
Ella aparece en un brinco y se detiene
mira alrededor temerosa.
Sus labios delgados hacen temblar el agua
cobrizos anillos sobre ella resbalan.
Brillaba en sus ojos húmedos un misterio,
sabía que iba a morir y que sufriría.
Me parecía revivir una leyenda
donde la cierva en muchacha se convertiría.
Desde lo alto la luz pálida de la luna
dibujaba sobre su piel tibia cálidas flores de cerezo.
¡ Ay, cómo deseaba que el fusil del padre errara el blanco
por vez primera !
Pero tronó en el valle. Cayó de rodillas,
alzó la cabeza, llevó la vista a las estrellas,
y se derrumbó después sobre el agua donde
se vieron fugaces enjambres de perlas negras.
Un pájaro azul se estremeció en el ramaje,
y la vida de la cierva se perdió sobre el horizonte.
Se fue volando grácil, después de un grito,
como cuando en otoño dejan los pájaros
sus nidos grises, vacíos.
Me acerqué temblando y cerré sus ojos, sin brillo,
que las astas tristemente guarnecían,
mudo y pálido me estremezco cuando mi padre
grita con alegría: -¡ tenemos carne !-
Le digo a mi padre que tengo sed
y me hace un signo para que beba.
¡ Agua embriagadora, qué oscura te meces!
la sed me liga al ser viviente que ha muerto
en la hora señalada por la ley de la vida...
Pero la ley es extraña y vacía
cuando a la vida nos aferramos apenas,
y la compasión y la vida son vanas
cuando mi hermana tiene hambre,
y está enferma y agoniza.
Humean los cañones del fusil del padre .
¡ Se agita el follaje en el valle sin viento!
Mi padre enciende asustado una hoguera.
¡ Como ha cambiado el bosque!
Recojo entre la hierba sin darme cuenta
una campana de argentino trinar...
Las manos del padre arrancan del fuego
el corazón de la cierva y sus entrañas.
¿ Qué es el corazón? Tengo hambre.
Quiero vivir y quisiera...
! Perdóname Virgen, perdóname cierva mía!
Tengo sueño. ¡ Qué alto está el fuego!
y el bosque ¡ qué profundo!.
Lloro. ¿En qué piensa mi padre?.
Como y lloro.
¡ Como!

(Versiones: Sebastián Teillier)

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