MARÍA PETROVYH

Norsky Posad, Yaroslavl, Rusia, 1908-Moscú, 1979

Las palabras vacías yacen, no respiran,
las palabras no saben para qué las escriben,
palabras sin sentido, palabras sin destino,
no supieron calentar al que tenía frío,
no les dieron de comer a los hambrientos,
¡palabras desalmadas, palabras impotentes!
Se cohíben, no se atreven,
no iluminan, no abrigan,
huérfanas enmudecen en la melancolía
sin reconocer su fealdad.


Hace mucho tiempo que no creo en el más allá,
te espero acá, a la vuelta de cualquier esquina.
Creo que el alma se queda cerca del cuerpo,
en este mundo, donde quería felicidad,
en este, donde para ella todo era pasajero,
en este, en este, donde se despidió del cuerpo,
en este, en este, no sabe de otro,
y la vida es infinita, natal, terrestre...

1967

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