ELENA VACARESCU

Bucarest  - Rumania, 1864 - París, 1947


AMOR TRISTE 

Tu corazón ha cantado en la noche
y era tan dolorosa su canción,
que las flores se despertaban para preguntar:
¿Qué doloroso corazón es ese que canta por la noche?
Cuando un nido cae, un viento lo llora.
Los pájaros dicen al sol poniente: cantemos tu fulgor.
Mi corazón sufre penas de amor.
Entre los trigos verdes venía una muchacha,
ella vio que yo era joven
y que sería dulce para mí oír su voz.

Y como yo amaría sus palabras
ella me dijo sus palabras entre las flores.
¿Cómo será el lugar de mi tumba,
qué flores crecerán alrededor?
¿Qué dirá mi tumba viéndome morir tan feliz?

Quiero que sea muy profunda para no escuchar siquiera
el sonido de tu voz,
ni las palabras que el viento entrega a las flores,
ni el ruido de tu ventana que se abre con el viento.

Tu corazón ha cantado en la noche
y era tan dolorosa su canción,
que las flores se despertaron para preguntar:
¿Qué doloroso corazón es ese que canta por la noche?

LA ESPOSA

Mañana no pensarás en el sol de hoy día, 
y preguntarás al sol de mañana: 
¿Eres el mismo sol? 
El camino que lleva a tu casa está cubierto de hojas muertas, 
pero en tu casa aún es Primavera. 
Meces tus niños al compás de la rueca 
y las flores te miran al pasar. 
Cuando yo esté muerto, mujer, no abandones la rueca, 
y cuando las flores pregunten: ¿Dónde está él? 
respóndeles: Está en la tumba, 
pero yo acuno su sueño al compás de mi rueca. 

Cuando partí a la guerra y te besé en la frente 
tu palideciste con mi beso. 
Te has quedado sola mirando la llanura, 
y no veré amarillear el maíz al mismo tiempo que tú, 
y sin tí veré correr la sangre. 
Dirás al umbral: Ha partido para regresar. 
Dirás a los hijos: Volverá. 
Pero dirás a tu corazón: Ha muerto. 
Y gemirás sobre mí en el silencio de tu corazón, 
como las tórtolas se lamentan en el silencio de los bosques, 
pero no llores demasiado por mí 
porque las lágrimas son las hermanas mayores del olvido. 
Más, mecerás mi sueño 
con el rumor de tu rueca 
y le hablarás de las cosechas y de las praderas 
donde el maíz madura. 
La tierra ama la fecundidad 
y yo podré hablar a la tierra de sus frutos 
y la tierra donde yo duerma se llenará de júbilo. 

Mañana ni pensarás en el sol de hoy día, 
y preguntarás al sol de mañana: 
¿Eres el mismo sol?

Versión de Pablo Neruda
De "44poetas rumanos" Ed. Losada
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