BENJAMIN FONDANE


Jassy (Moldavia) Rumania, 1898-Campo de concentración de Auschwitz, 1944


CÓLERA DE LA VISIÓN

I

Y a mi visión le dije: "¿Qué es entonces el Exodo?
¿Qué cosa es Babilonia? ¿Qué cosa es Jerusalén?
Si en el mundo no hay y sobre el mundo un río
invisible y que fluya debajo de la aparente paz,
si nadie se preocupa de las innumerables hojas
del bosque,
si los gritos de los humanos caen como castañas
en la tierra, según de donde sople el viento,
sin alterar la paz de los Ángeles,
¿Qué es entonces el Éxodo?
Si no es algo eterno ciertamente
— ¿qué cosa es entonces?"
Y bruscamente fui arrojado en los campos de Francia.


II

Del río Somme al Loira la desgracia
se arrojó sobre nuestras armas y el río Meuse gritaba: "¡Huid!"
Y de pronto huíamos como una lluvia rojiza
de otoño, agolpándonos en los canales vacíos
de las rutas,
viniendo de Arrás, viniendo de Amiens,
de Tourcoing, de Ruán,
En una pesada tormenta de furgones, de camiones,
durmiendo sobre los caballos como reyes de bronce
— un relámpago de cólera gastada en la mirada...


III

¡Desgañítate, oh puerta!
¡Grita, oh razón indómita!
Es el fuego que avanza,
todo lo quema a lo largo de la ruta, de nosotros hace
sombras,
todo lo hemos perdido, todo lo hemos perdido,
nada nos queda sino la ruta, la noche,
y esta sombra, que en lugar de destruir
la llama engendra.


IV

¿Qué cosa haremos si los ríos
nos abandonan uno por uno?
Dios mío, Dios mío, ¿qué cosa haremos, ?

El río Meuse, miserable, de nosotros huyó,
Y al Somme lo han secuestrado...
Si los ríos todos nos abandonan
¿qué cosa haremos?

Río Marne, tan astuto, tan bonito,
¿por qué en tu lecho aún permaneces?
Es una locura, ¡oh Sena!
¡Dios mío!

Queda el Loira que nos espera,
seguramente que nos espera,
entre sus juncos todo desnudo,
¿no es cierto, oh Loira?

Mas si él también nos abandona,
¿para qué entonces la leche, el pan,
si todavía existen sobre la tierra?
Si se nos va también el Loira,
Dios mío, Dios mío, ¿qué cosa haremos, ?

V

Os he contado a todos,
civiles de ayer, contadores, comerciantes, campesinos
y obreros de fábrica y mendigos cuyo nido
se halla bajo los puentes de Notre-Dame
y sacristanes e hijos de la Asistencia
Pública, franceses todos de Francia, con los ojos límpidos,
o del Congo, de los pueblos argelinos, de Anam
con palmeras flotando en la mirada
y franceses venidos del Caribe,
franceses por los derechos del hombre,
hijos de la barricada y de la guillotina,
sans-culottes, la frente incorruptible, libres,
y checos, y polacos, y eslovacos
y judíos de todos los guetos de este mundo,
que amaban esta tierra y sus sombras y sus ríos,
y que pusieron la simiente de su muerte en esta tierra
y que se han vuelto franceses por la muerte.

VI

El día acaba, viene la noche
un día aún, aún una noche
un siglo aún sin sueño
y sin parar la eternidad
delante nuestro.

El río humano pasa y se aleja.
Un río aún de insomnio
un río aún de rostros
en mi mirada pasa
también mi rostro
en la mirada de los otros pasa.

¿Terminará esta noche?
¡Ay, si fuese un espejo
podríamos romperlo,
si fuese una casa
podríamos quemarla,
si un vientre fuese
le arrancaríamos el niño
— enteramente rojo!

VII

Detrás nuestro dejamos París. ¡Ay, si yo alguna vez te olvido
Jerusalén!... Entonces no eras más una ciudad, sólo una antigua hostia
un pan de carne, de sangre
que allá quedó, pero que con nosotros
llevamos — en el cautiverio, el ultraje
en la angustia, el vómito y la afrenta. Río dulce, ¡oh Siloé!
¡Oh Sena! y tú París, muro de los lamentos reservado
para más tarde
cuando Asiria hinchada como una vejiga inmensa
reventará.
¡Cuántos judíos en esta tierra, Señor! y que quizás
te han olvidado, con la nuca rígida y la mente incrédula, Sí
y sin embargo hacia Ti nuestro grito se eleva. ¿Te acuerdas
del chivo que, antaño, la fuerte mano de Aarón
erigía y que echaba al desierto, cargado
con nuestras impurezas? Heme aquí Aarón.
Me pongo de rodillas y sollozo y grito
en una lengua que he olvidado, pero de la que
me acuerdo en las noches emocionadas de Tu Cólera:
"¡Adonai Eloshenu, Adonai Eshod!"

VIII

"¡Adonai Eloshenu, Adonai Eshod!"
¡Ten piedad, ten piedad de la tierra de Francia!
¡Qué hermosa es! ¡Tal como Tú la habías creado
de la nada, por medio de Tus manos sabias y amorosas,
con sus finos viñedos, sus catedrales y
sus caballos de labor y sus hombres límpidos!
¡Ten piedad, ten piedad, Señor,
de esta Francia que conocí en los libros,
pura y que me asquea, sucia y ensangretada,
el vientre abierto en el centro inmaculado de la oda
— "¡Adonai Eloshenu, Adonai Eshod!"
Tú sabes que cuando todo se haya calmado
en la tierra y en los cielos
Te olvidaremos. Tú ya sabes
que solamente el secreto recuerdo de mi plegaria
me llenará de vergüenza. Te guardaría rencor, sabes,
si la escuchases. Me guardaría rencor, también,
por haberla hecho. Tengo, Tú lo sabes, otros dioses
además de Ti, secretos, pérfidos.
Pero aquí en el camino, en el desastre y en
el caos, no existe otro Dios. ¡Sólo Tú existes!
¡Terrible, Igneo, Misericordioso, Unico!

Traducción de Miguel Ángel Frontán
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