ARTUR LUNDKVIST


 

Escania-Suecia, 1906 - Estocolmo, 1991


EL POEMA

El poema
es enemigo del poeta como el hijo del padre,
el poeta debe morir para que el poema viva.
El poeta es la alta roca
desde donde la vida se contempla a sí misma
dudando entre precipitarse o no al fondo del abismo.
El poema nos muestra que una gran montaña
es siempre un misterio,
lo mismo que una pluma de pájaro.
El poema tiene alas que no necesita utilizar,
quizá a lo que más se parezca sea a un caballito verde.
En el poema una tonelada no puede esclavizar a un gramo,
ni tampoco un gramo esclavizar a una tonelada.

El poema es el único ángel que queda
velando tanto a los que duermen como a los que velan.
El poema tiene manos largas que llegan a la meta
que otros no alcanzan.

El poema desciende a las cloacas subterráneas,
un salvador con altas botas de agua.
El poema siente el esqueleto
en el que delicadamente descansan los altos edificios.
(también oye hablar en el sótano al carbón ventrílocuo).

El poema cuelga su farol de luciérnagas en el desfiladero,
es la rata de piel plateada que corre entre los montones de basura.
El poema abre los ojos al niño que hay en el adulto,
se ha escrito en la palma de tu mano antes de que nacieras.
El poema sale con hoces y guadañas a la siega de la revolución,
su joven cuerpo está tatuado con imágenes
que abren sus mil ojos hacia el mundo.


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