HERACLIO FAJARDO



Uruguay, 1833-1874

AL MONUMENTO 
(Poesía premiada con medalla de oro) 

¡Para, cálido sol, tu raudo vuelo!
Que la onda brillante
De benéfica luz que adorna el suelo
Con la espiga y la flor, ciña radiante
Ese grupo de mármoles y bronces,
Barrera levantada al hondo olvido,

Y alto padrón de gloria
Donde graba el esclavo redimido
La primer frase de su libre historia!
Truene el ronco cañón, no ya de muerte
Mensajero fatal; su acento augusto
Al amor de lo grande y de lo justo
Eleve el corazón del hombre fuerte.
Vibre en el viento el címbalo sonoro:
En armonioso coro
La voz de los levitas, retumbando
Bajo las anchas bóvedas, difunda
Allá en el templo el cántico ferviente;

Y mientras, vuelto en vaporoso velo,
Del turíbulo ardiente
En lentas nubes el incienso humea,
Aquí, bajo la bóveda del cielo,
La plegaria del pueblo alzada sea!
¡Dio? y la libertad! Tal era el grito
Que el corazón de Lavalleja henchía,
Cuando el bravo proscrito
A la victoria rápida y segura
Su indómita falange conducía.
¿Lavalleja clamé? Grande figura,
¿Por qué no estás aquí"? ¿Por qué el Eterno
Los dias de los héroes no prolonga
Aun más allá del término marcado
Á la vida vulgar? ¡Ah! yo te viera
Sobre ese frió pedestal alzado,
Con el roto girón de tu bandera,
Trémulo el brazo, trémula la planta,
Ornar esa columna
Que la justicia á la virtud levanta.

Yo te saludo, veneranda sombra
(Y las lágrimas saltan á mis ojos
Cuando mi voz te nombra).
Si allá, en el éter que circunda el suelo
Donde yacen sepultos tus despojos,
Tu espíritu flotante se pasea,
Al contemplar el pueblo que apiñado
Ese mármol rodea,
Al fruto de tus obras consagrado,
Séate dulce la gloriosa ofrenda,
No menos justa porque fué tardía;

Y desde el éter, de tu amor en prenda,
Á tu patria tu espíritu sonría!
¡Salve otra vez, el bueno entre los buenos,
Y para mí el mejor! .... Si entusiasmado
En la homérica historia me absorbía
De tus ínclitos hecbos,
No era sólo el valor lo que veía!
Bravo te hallé cuando en la ansiada arena,
Del primer paso al estampar la huella.
Con los tuyos juraste
a Salvar la patria ó perecer por ella».
Héroe te vi de Sarandí en la pugna,
Lanzando á la carrera tus bridones,
Animado de aliento soberano,
Gritar á tus legiones:
«Carabina á la espalda y sable en mano».

Pero aun más grande y noble
Te pude contemplar! Cuando tu frente,
Con el laurel de la victoria orlada,
Inclinaste tranquila y reverente
En el recinto de la ley sagrada,
Y el invencible acero
Con digno continente depusiste
Anle esa misma ley. . . . ¡cuánto creciste!
Tú fuiste, sí, el primero
Que dejó, entre nosotros, en la historia
Esta lección á la futura gente :
«Para alcanzar los timbres de la gloria,
«No le basta al soldado ser valiente.»

En láminas de bronce burilado,
Mirad ahí del inmortal caudillo
El nombre venerado:
Con él están sus ínclitos campeones,
Y allí, á la par, nuestro primer Senado,
Salve, ilustres varones,
Y tú también, inolvidable dia!
El valor y el saber, ¡oh, patria mia!
Aqui, bajo osle sol, sobre este suelo
Cumiaron tus destinos soberanos:
Al recordarlo, aquí, bajo este cielo,
¡Descubramos la frente, ciudadanos!
Por fia, lo ves alzado
Ese padrón de honor, bella Florida!
¡Tardo recuerdo del favor gozado,

Porque el dolor hasta el deber descuida!
Mármol, granito y bronces
Relatan un poema en sus labores:
Las memorias de entonces
Aparten del artista y sus primores
La plácida atención del pensamiento;
Bronce, mármol, granito,
Despierten de virtud el sentimiento
Y eleven nuestra mente al infinito,
Porque Él estaba allí: sin Él, ¿qué fuera
La obra de los hombres? ¡Polvo inútil
Que, flotando en espacios sin espacio,
En abismos de sombra se perdiera!
Con El, todo se viste y se colora,
Y en las formas eternas de la idea
Sobrevive la fuerza creadora,
Aunque de polvo el instrumento sea.

Vivos están los hechos de los héroes!
¿Qué importa que, cegado
El odio vil por la pasión, los tuerza?
Pocos, inermes eran,
Y triunfos alcanzaron sobrehumanos.
¿No sabéis el secreto de su fuerza?. . . .
¡Todos eran hermanos!
Pura fraternidad, hija divina
De un Dios de amor y sacrificio santo,
Fruto feliz de la sin par doctrina
Que alienta el corazón y endulza el llanto :
Tú eres la roca inmoble
Donde el torrente mugidor se estrella;
Tú eres el fuerte roble
Que entre el furor del huracán descuella,
Sin que el furor del huracán lo doble!
El amor es la unión, ella la fuerza,
Y en ese incontrastable fundamento.

En medio los embates que la acosan,
La humana sociedad halla su asiento,
Y honor, poder y libertad reposan.
¡Necio aquél que pretenda,
Tejiendo el interés y el egoísmo,
Cubrir su prole, con instable tienda!
En su infecundo anhelo,
¡Ay! será en vano que prolijo imite
De la fraternidad la trama santa:
Va laborando en hielo
Que el primer sol déla pasión derrite,
Ó el primer golpe del dolor quebranta.
¡Dios y la libertad! Allí aspiremos
El aura de verdad que nos anime
Delante de ese noble monumento,
Que en nuestras almas el respeto imprime,
De un Génesis divino el pensamiento,
De la fraternidad la idea fecunda;
¡Que el germen puro derramado al viento,
Gertilizando nuestras almas, cunda!

Fraternidad — el estandarte sea
Que muestre á nuestros hijos el camino
Do en cada paso aproximar se vea
El ideal de su feliz destino;
Y si un dia, tal vez, desfalleciendo
Con el polvo y el sol de la jornada,
Sienten que su valor va decayendo
Y que se dobla su cerviz cansada,
Vengan aquí, pregunten á ese mármol
Cuánta es la fuerza que en la unión se esconde,
Y escuchen en la voz de los recuerdos
Lo que el pasado al porvenir responde.

Buenos Aires, Diciembre 27 de 1859.


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