MANUEL OSORIO CALATRAVA



De Venezuela

EL BESO

Yo buscaba su alma en los temblores
de su voz cuando hablábamos, y había
una vaga y azul melancolía
en la plata lunar de los alcores.

Buscábala en sus candidos rubores
cuando su mano estaba entre la mía,
y en la estrella lejana que encendía
sus ojos en celestes resplandores.

Yo buscaba su alma, hasta que un día
ardió la esquiva flor de sus pudores
en el oculto fuego en que yo ardía;

entonces, en un tálamo de flores
descubrí que su alma se escondía
en sus labios, divinos pecadores.

¿POR QUÉ MORIR?

Aunque sea para soñar,
vale la pena este vivir.
Y si vivimos para amar,
¿por qué morir?

Aunque tengamos que llorar
y aunque tengamos que sufrir,
si llega el día de cantar,
¿por qué morir?

Si ella jamás ha de llegar.
Si ella jamás ha de existir.
Mientras la puedo desear,
¿por qué morir?

Si hay unos labios que besar
y una palabra que decir
y otra palabra que escuchar,
¿por qué morir?

Si siempre es hora de esperar,
y siempre es hora de partir,
y hay un camino por andar,
¿por qué morir?

TODA DESEADA

Hermosa toda eres:
desde el arco de cielo de la frente
hasta las diez rosadas medias lunas;
pan tostado en el homo de mis besos;
toda olorosa a trópico encendido;
linda desde los pies hasta los cabellos;
querida toda, toda deseada,
nieve y fuego a la vez: morena y blanca.

Milagro de dulzura de tus dientes
cuando los beso: para el beso mío
Dios te los hizo de marfil celeste;
y para hacer dos nudos
-símbolos del amor fuerte y eterno-,
Dios, amasando sándalo y crepúsculo,
te puso en cada mano cinco dedos.
Hermosa toda, toda deseada,
Cloris, la de mis lágrimas y besos.

Líbrate, amada, del rencor de Venus
y del odio de Diana;
la primera te envidia por tus senos
y por la luz de amor de tu mirada;
la segunda aborrece
tus pies, porque florecen en mi alma,
y el arco de tus muslos y tus piernas
cuando, tenso de amor, se tiende y canta.
¿Quién como tú en la tierra y en el cielo,
querida toda, y toda deseada?

TUS PIES

Claveles de mi sangre regaría
para tu pie desnudo, si pudiera
lograr que perfumara y floreciera
la sangre de mis venas, diosa mía.

Alfombra de mis besos tendería
para tus pies y con mi vida entera
-alma y carne, pagana primavera-
tu sonrosada planta besaría.

Dedos de luna con perfume agreste;
talón venusto en sangre de jazmines;
uñas de sol dormido en los cerezos.

Dame tu pie desnudo, pie celeste,
y déjame calzarle los chapines
cálidos y sedosos de mis besos.


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