JACINTO FOMBONA PACHANO

Caracas - Venezuela, 1901-1951


MAÑANA, COMO ES DOMINGO

Con la cartilla en el brazo
volverás muy bien sabido,
y te vestirán de nuevo,
mañana, como es domingo…
Como es domingo, mañana,
los dos iremos al circo,
donde colgó su trapecio
la araña, del arbolito,
donde se traga el cocuyo
todo un tizón encendido,
y la hormiguita levanta
su arena de muchos kilos,
y el gusanito de monte
se descoyunta y da brincos,
Como es domingo, mañana,
los dos iremos al circo.

¡Qué bueno es saber de letras
cuando mañana es domingo,
para estrenar como el alba
calzones de blanco lino
y cuello azul con encaje
del que se ponen los ríos.
Si quieres saber la cara
que a de enseñarte el domingo,
si está de luto o de fiesta,
vente al estanque el domingo,
y si te ríe, es seguro
que iremos con el al circo.
Más, pudiera estar de luto,
porque es muchacho el domingo
que tiene un dómine serio
que se llama San Isidro.
Vamos los dos a pedirle
que no lo ponga en castigo:
patrón del sol y del agua,
cajero de campesinos,
manto de siete colores
con mil agujas cosido,
y auroras en el sombrero,
como luce en sus dominios.
Vamos los dos a pedirle:
patroncito,
abre la puerta del aula
para que no esté sombrío,
y el viento seque las ropas
azules de tu pupilo;
y del tesoro que guardas,
además, como eres rico,
ponle monedas de soles
de soles en los bolsillos,
que hoy nadie labra las tierras
y vamos todos al circo,
saltando el cielo en los pozos
que iluminan los caminos.

¡Qué bueno es saber las letras
Cuando mañana es domingo…!


Poesía de Jacinto Fombona Pachano del libro de Efraín Subero "Poesía Infantil Venezolana"

MENSAJE A LA METRÓPOLI INTACTA

Alguien o algo está naciendo,
alguien o algo se ha detenido en las cabañas,
se ha posado en las cúpulas,
duerme debajo de los puentes y en los establos;
alguien o algo viene alimentando
su estrella con aceite de criaturas deshabitadas,
con llanto de piedras rotas y de campos hundidos.

El agua le ha quitado sus gritos a la muchedumbre
para crecer, para subir, el agua que amenaza
con su voz, con sus brazos, con sus nudos terribles,
los cuellos de las torres desprevenidas,
el agua de los ríos, de los mansos ríos de Dios,
porque os habíais olvidado de su sed enterrada
bajo sus muertos ojos de pez en las arenas.

Bajad de vuestras cumbres para encontrar vuestra memoria,
antes de que la soga os llegue a la cintura
y antes de que flotéis para los cuervos.

A qué tanta prisa inútil por las calles,
tanto viento mecánico como queréis que os lleve,
si no vais a la tienda, ni a la oficina, ni al negocio,
ni siquiera marcháis a vuestras casas:
vais huyendo del río, vais huyendo del agua inmensa.
Yo lo sé. Yo os lo digo. No me creéis y entre vosotros
no hay uno que me tienda la mano
para comenzar la rueda, para empatar la ronda
de la miel y del vino, de la leche y la espiga.

Si de veras sois mis hermanos, no me dejéis llorando
por tanto amor sin pan en las esquinas,
por tanto pie calzado de basuras y lodo,
por tantos agujeros como ya ponen nuestras uñas
en estos diminutos bolsillos para el frío;
no me dejéis acribillando las paredes horribles,
matando pechos, pechos sin sangre, que me huyen
detrás de los cerrojos donde se amella mi protesta;
no me dejéis rasgando blancuras de sepulcros,
para que corran en jirones, entre hilachas,
y yo pueda sentarme con el nardo y el lino.

Bajad a recoger vuestra memoria.
Detened vuestro viento, marchad conmigo adonde todos
podáis decir: vamos a un sitio de verdad.

No me dejéis llorando,
no me dejéis acribillando, no me dejéis rasgando.
Es tiempo todavía de coserle las rutas
al frío de los puentes, de malograrles las agujas
a los pavos de vidrio, a los bueyes iluminados,
para quien los devora con los ojos.

Os ofrezco la oliva,
os ofrezco mi mano para la ronda del milagro,
no mañana, esta tarde, este minuto,
que el agua inmensa vienen rodando montes
y aun podemos cantar, danzar en torno de la alianza,
construir el arca y soltar la paloma.

De Las torres desprevenidas. Caracas: Editorial Elite, 1940. pp. 7-9.

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