ERNESTO LUIS RODRÍGUEZ


Zaraza-Edo. Guárico -Venezuela, 1916


EL GALLERO

Tibio de sol mañanero
lo vio pasar el sendero
rumbo al feliz caserío,
y sobre el brioso caballo
iban la vera y el gallo
y el corazón del corrío.

Tuvo sudor de aguardiente
y con la frase caliente
se presentó en la gallera.
No dijo cómo ni cuánto,
y el gallo afinó su canto
bajo la voz pendenciera...

Este, como un arrendajo,
voló después hacia abajo
y allí retó al adversario.
El otro, un pinto patudo,
dejó escurrir un saludo
para que oyera el contrario.

El aceptó sin protestas
y echaron flor las apuestas
donde el aliento se cansa:
-¡Voy a mi gallo diez pesos!-.
Y por los ojos espesos
le floreció la esperanza.

-¡Fuertes a reales!- La arena
se estremecía... ¡Qué buena
fue la picada del pinto!
Los picos se hicieron rojos
y sobre un gallo sin ojos
se conmovió el laberinto.

Tembló la vara en la mano:
-¡yo nunca he sido pueblano
y aquí se gana con trampa!
¡A naiden pago un centavo,
y que me salga el más bravo
para ensuciarle la estampa!-.

Puso de frente la vida,
y como un potro sin brida
que de un cocuyo se espanta
para que el viento se asombre,
el corazón de aquel hombre
se le escapó a la garganta.

Quedó sin voces el coro...
y en el caballo sonoro
salió de aquel caserío,
el gallo muerto en la silla
junto a la vera amarilla
y al corazón del corrío.

ARRIERO

Abro el camino cantando
para llegar a mi pueblo,
y estiro la voz a 20 amigas
bebo la gracia del cielo.

Así por estos caminos
ya estoy poniéndome viejo,
sin que me duela el corrió
ni se me apague el acento.
Cuando se nace en el llano
se tiene que ser coplero:
por aquí es donde se prueban
las cosas del sentimiento
y si no es en octosílabos
el verso no sabe a verso.

Otros con otras palabras,
nadie les quita el derecho;
déjenme a mí con las mías
y con mi vida en su puesto.
Es ésta mi voz, amigos,
y es éste mi pensamiento,
y no anda solo quien anda
con el cantar de su pueblo.


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