HAROLD MONRO


Bruselas-Bélgica, 1879-1932


LAMENTO 

Te llamo y te llamo. Oh, vamos a casa,
Criatura solitaria. Maldigo el payaso extranjero
Que te ha rociado con este plomo, y te ha derribado.
Ponte de pie otra vez y ríe, errante amigo;
Digo, como tú harías: “Es sólo un pequeño agujero;
Pronto estará reparado”.
Camina ahora en la habitación. ¡Ven! ¡Ven! ¡Ven! Cornejo

¡Ven! reiremos juntos toda la noche.
(Nos tomaremos una copa o dos.)
Siéntate. Nuestra alegría no tendrá límites
Cuando recordemos cómo te mataron
Y te pregunte qué sentiste y tú
“Oh, nada. Sólo una caída. Un poco de calor ,
Sentí en mi costado, y luego mi cabeza
Un poco mareada, pero de nuevo me repongo.
Me quedé ahí arriba mucho tiempo, y todavía estoy,
Cuando pienso en ello, tan sólo un poco de dolor “.

Sé la forma en que caíste. . . Una vez que te deslizaste
Y caíste de lado. Me di cuenta entonces
Un amago de caída, un extraño resbalón
Un movimiento curioso, no como otros hombres.

Pero, ¿caíste con la boca abierta? ¿ Tu respiración
Te dolía? ¿Qué sensación repentina te invadió,
Cuando descubriste que podía ser la muerte?

Y qué pasará si grito tu nombre?
Tal vez estés allí tras la puerta,
Y si levanto mi voz un poco más,
Termines por abrirla. No sé qué grosor
Tiene el oscuro tabique que nos separa.
Responde, si puedes oírme, amigo, rápido. . .
Escucha, el timbre de la puerta ha sonado! Tal vez seas tú.

Estás en la habitación. Sentado en esa silla.
Estás! …Bajo enseguida. Era la campana.
Podrías estar esperando en la puerta.

No estoy seguro de encontrarte allí . . .

Equipado con tu mejor uniforme;
Adoptas por un momento una postura marcial,
Luego, entras y me coges la mano,
Y ríes de esa vieja manera solitaria.

No sabes por qué lo hiciste. Todo esto mientras
Te matabas trabajando. Ahora te has hecho muy fuerte,

Y por lo que me dices con una sonrisa de complicidad:
Vamos a salir a Flandes antes de tiempo. “

Pensé que volverías con un agujero feo
Bajo tu muslo,
Y reclamarías cariño y pasearías cojo;
Pensé que serías el mismo
Quejumbroso compañero sin medida

Nunca pensé que morirías.

1915
Traducción Ignacio Pemán

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