EDGELL RICKWORD - 1a GUERRA MUNDIAL


Colchester-Essex, Inglaterra, 1898 - 1982

THE SOLDIER ADDRESSES. HIS BODY

Me enfadaré si te emborracharas,
tuvimos buenos momentos juntos, tú y yo;
aunque te quejaste un poco cuando nos abandonó la suerte,
dices que una chica nos rechazó, nos quedábamos secos

Pero hay un montón de cosas que no hemos hecho,
países que no hemos visto, donde la gente hace cosas extrañas;
comer peces vivos, e imitar el sol
los gestos solemnes de sus reyes de piedra grisácea.

He oído hablar de bosques sombríos al mediodía
donde las serpientes y enredaderas luchan todo el tiempo;
donde vívidas bestias palidecen en la luna llena,
farfullan y lloran, y gimen una antigua y desesperada canción,

porque en la luna llena el Hipogrifo
con su arrugado hocico de marfil y pies de ágata,
con sus ojos verdes les fulminará, fríos y rígidos
para que el cobarde Guiverno baje y corna.

Vodka, kvas o vinos amargos de montaña
nunca nos emborrachamos, ni arrancamos rebosantes uvas
para apedrear muchachas delgadas entre viñedos sicilianos,
que parpadeaban a través de las hojas, con débiles y juguetonas formas.

Sí, hay un montón de cosas que nunca hicimos,
pero cuesta ponerles rima,
vamos  a tomar una copa, y reparte las cartas
y deja el verso aburrido para los aburridos tiempos de paz.

TRENCH POETS


Conocí a un hombre, él era mi amigo,
Pero estaba más negro cada día,
y ni espantaba las moscas,
ni palidecía, a pesar del zumbido feroz
de los proyectiles, yo solía leer,
para animarle, cosas al azar de Donne -
como “Deja encinta a una raíz de mandrágora”(1)

Pero se puede decir que estaba lejos,
Porque yacía boquiabierto, ojos de caballa,
y rígido, y sin sentido como un poste
aun cuando ese viejo poeta lloró
“Tengo muchos deseos de hablar con el fantasma de alguna antigua amante.”(2)

Probé las Elegías un día,
pero él, porque él me oyó decir:
“Qué otro abrigo necesitas que el cuerpo de un hombre?”(3)
Sonrió maliciosamente, y así supe
que los gusanos habían llegado finalmente a su cerebro.

Había una cosa que yo podría hacer
matar de hambre a los gusanos, me devanaba la cabeza
por cosas sanas y mencioné a Maud.
Su sonrisa empeoró y pude ver
que se burlaba de la pureza de la pasión.
Olía tan mal, aunque éramos grandes amigos
Tuve que dejarle; entonces las ratas se comieron sus pulgares.

Traducción Ignacio Pemán


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