POETAS ARGENTINOS



1A FILA: ESTEBAN ECHEVERRÍA-CARLOS GUIDO Y SPANO-BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO-MACEDONIO FERNÁNDEZ-BARTOLOMÉ MITRE-ENRIQUE BANCHS



2A FILA: MANUEL BALDOMERO UGARTE-FAUSTO BURGOS-ALFONSINA STORNI-OLIVERIO GIRONDO-ALFREDO BUFANO-RICARDO MOLINARI



3A FILA: JORGE LUIS BORGES-CONRADO NALÉ ROXLO-EZEQUIEL MARTÍNEZ ESTRADA-PEDRO BONIFACIO PALACIOS "ALMAFUERTE"-LEOPOLDO LUGONES-HORACIO REGA MOLINA-FRANCISCO LUIS BERNARDEZ


4AFILA: SIXTO PONDAL RÍOS-ALDO PELLEGRINI-JUAN GELMAN-RAMON DE ALMAGRO-ROBERTO JUARROZ-JULIO CORTAZAR-HOMERO MANZI

5A FILA: ATAHUALPA YUPANQUI-JULIA PRILUTSZKY FARNY-LEOPOLDO MARECHAL-FACUNDO CABRAL-ENRIQUE MOLINA-ULYSES PETIT DE MURAT-OLGA OROZCO

6A FILA: NICOLÁS OLIVARI-ALBERTO CORTEZ-JOSÉ PEDRONI-SILVINA OCAMPO-CESAR TIEMPO-RAUL GONZALEZ TUÑON

7A FILA: MANUEL J. CASTILLA-VICTORIA OCAMPO-MARTIN CORONADO-DELFINA BUNGE DE GALVEZ-EMILIA BERTOLÉ-EMILIO LASCANO TEGUI-RICARDO GÜIRALDES



RICARDO GUTIÉRREZ


Arrecifes, 1836- Buenos Aires-Argentina, 1896

EL MISIONERO 


Cuando el mundo pasado
La órbita del Olimpo recorría 
En un cielo sin Dios, desamparado; 
Cuando la ciencia idólatra mentía,
Y el arte corrompido blasfemaba,
Y en el estruendo de perpetua orgía 
La miserable humanidad rodaba... 
Abrió la Cruz sus descarnados brazos, 
Con su gigante sombra cubrió el suelo,
Y el hombre en ella al estampar sus pasos 
Sintiendo al Dios que el Universo encierra, 
Alzó la frente al cielo 
¡Y cayó de rodillas en la tierra!

¡Así la humanidad fue redimida, 
Así el Cristo en la Cruz cambió su suerte; 
Así desde el espanto de la muerte 
A la inmortalidad alzó la vida! 
Desde el polvo del hombre hasta Dios mismo
Sólo la Cruz alcanza: 
¡Ella es la tabla en que salvó el abismo 
Desde la tierra al cielo la esperanza! 
Las creencias pasan, la razón vacila. 
El ideal del arte se transforma;

La estirpe humana misma 
Girando en el perpetuo torbellino 
Donde la guía el resplandor divino.
Acercándose a Dios cambia de forma.
La ciencia balbuciente 
Llama al dintel de la verdad en vano.
Sin encontrar siquiera 
La ley que rige la materia inerte, 
¡Y enciende el pensamiento soberano. 
Que en la frente del hombre reverbera 
Como diadema del linaje humano!

¿Qué ha sido de la espada, 
Qué ha sido del poder y de la gloria 
Con que la España deslumbró la historia 
Al pisar en la América ignorada?
¡Lo que fue de la estela 
Que en las olas del mar dejó el sendero
De la audaz carabela 
Que guió de Colón la fe cristiana! 
¡Sólo quedó la cruz del Misionero 
Abrazando la tierra americana!

Con júbilo profundo 
Lo ve la mente que la ciencia absorbe, 
Lo escucha el alma en su esperanza tierna: 
Todo pasa en el mundo, 
Todo cambia en los ámbitos del orbe: 
¡La Cruz sólo es eterna!

................................................

Hombre mortal que brillas
En la aureola de Dios como una estrella, 
¡Yo soy el Fraile que en tu burla humillas. 
Yo levanto la Cruz... yo muero en ella!...
Yo soy su misionero. 
Yo soy su combatiente solitario; 
¡Todas las sendas sobre el mundo
entero Son para mi la senda del Calvario!

Soy el hijo proscrito
De la familia humana, 
¡El hogar de la paz y la alegría 
Se cierra para siempre al alma mía.
Que ata el lazo bendito 
Que el padre al hijo ligará mañana!

En la cuna inocente 
Donde tú ensayas tu primer respiro. 
Pongo el sello de Dios sobre tu frente;
Y en el lecho doliente 
Donde exhalas el último suspiro
De la vida precaria,
¡Yo aliento tu partida, 
Te enseño el rumbo de la eterna vida 
Y te levanto al cielo en mi plegaria!

Cuando tu pecho late 
Bajo la noble cota del soldado, 
Yo te sigo a la brecha del combate
Con la sandalia de mi pie llagado;
Y entre el humo y la sangre y la metralla 
Que ocultan a los cielos tus despojos, 
¡Te hago besar la Cruz en la batalla 
Y te cierro los ojos!

Y yo también en la existencia triste 
¡Soy soldado de Cristo sobre el mundo!... 
Bajo la saya que mi cuerpo viste 
Llevo el arma divina, 
Llevo la Cruz sagrada 
Que las tribus caribes ilumina: 
¡La Cruz, más poderosa que la Espada!

La Cruz, que guarda en el hogar paterno 
La fe sublime en que tu amor reposa; 
La Cruz, donde repite el niño tierno 
La oración de la madre y de la esposa; 
¡La Cruz, que en el regazo 
De la sagrada tierra 
Que las cenizas de tu padre encierra, 
Cubre tus hijos con su eterno abrazo!

Cuando las hordas bárbaras rugieron
Y a la sombra de Atila se lanzaron.
Y a la espantada Europa sorprendieron,
Y entre sus propias ruinas la abismaron.
El Fraile moribundo, 
Hasta en las Catacumbas perseguido, 
Salvó en las Catacumbas escondido
El progreso del mundo; 
¡La ciencia, el arte, la verdad, la historia. 
La civilización, que alza en su huella
El hombre hasta la gloria, 
Al resurgir la Cruz renació en ella!

¿Qué fue un tiempo tu mansión paterna. 
Qué fue el hogar donde tu amor sonríe,
Qué fue tu patria entera 
Donde hoy sus pasos el progreso estampa?... 
Antes de alzar mi cruz, ¿sabes lo que era? 
¡El salvaje desierto de la Pampa!

¡Yo caigo en él! ¡Soy el primer cristiano 
Que recibe del bárbaro la flecha,
Y abre en sus hordas la primera brecha
Al pensamiento humano! 
¡Y sobre el rastro de la sangre mía 
Con que el desierto indómito fecundo, 
Tiende la libertad la férrea vía 
Por donde cruza el porvenir del mundo!

¡Yo caigo en él! ¿Qué pierdo
En la vida de glorias rodeada 
Cuando la muerte mi pupila cierra?... 
¿Qué puede sollozar en mi recuerdo? 
¡El pedazo de piedra 
Que me sirvió de almohada,
Y el mendrugo de pan con que la tierra
Alimentó mi paso en mi jornada!
¡Sobre la huesa mía 
En el mundo feliz, sólo un lamento 
Viene a llorar sobre la noche umbría...
El gemido del viento!

Caigo bajo la Cruz con que combato 
Por la gloria del hombre eternamente...
Y ahora, mundo ateo, mundo ingrato,
¡Escúpeme en la frente!


DOMINGO D. MARTINTO


Argentina, 1860-1899

EN EL HOGAR
 

En el fondo de antigua chimenea,
Entre rojas y azules llamaradas, 
El negro trozo de carbón chispea,
Y de su luz los rayos inseguros,
Al desplegar las alas encantadas,
Luchan y oscilan en los blancos muros.

En un rincón tranquilo de la pieza, 
Sobre una piel de tigre acurrucado
Y hundida en la penumbra la cabeza,
Duerme mi perro fiel, el noble amigo
Que, en todas partes, encontré a mi lado
Pronto a gozar o a padecer conmigo.

Fuera, la lluvia con furor azota 
El cerrado cristal de la ventana,
Y en su murmullo, el inconstante viento
En una triste y quejumbrosa nota,
De la arboleda o de la mar lejana 
Traer parece el inmortal lamento.

Junto al fuego sentado, con el brío
Y el entusiasmo de la edad primera,
Yo dejo errar el pensamiento mío
A los caprichos de cualquier quimera;
Y enjambres de doradas mariposas,
Que a los rayos de un sol de primavera
En torno giran de las frescas rosas,
Los dulces sueños de mi amor de niño 
Vuelven, como antes, a cercar mi vida.
Y otra vez en mi alma entristecida
Se abre la flor de mi primer cariño.

¿No la veis?... ¡Es mi madre! Sonriente, 
Sentada al borde de mi tierna cuna, 
Próspera y grande sueña mi fortuna
Y el labio imprime en mi dormida frente;
Y luego, al verme despertar, su canto 
Une, feliz, a la oración sencilla,
en su semblante candoroso brilla 
De su ternura el inefable llanto.

¡Cuadro de amor y de virtudes!
¡Bastas Para llenar mi corazón entero! 
Mas, cual las aves en el roto alero, 
Otras visiones, como aquéllas, castas, 
También se albergan en la mente mía,
Y cuando el labio con afán las nombra,
Cantando salen a la luz del día.

La vieja, rota y desteñida alfombra 
Donde rodaba, en inocente juego, 
Bajo el ombú de centenaria sombra,
O donde acaso, en mi infantil locura, 
Soñé, ofuscado por orgullo ciego, 
Alzar Babeles y escalar la altura; 
El mueblaje, el retrato suspendido 
De la vieja pared; el alfabeto
Con bulbuciente rapidez leído; 
Todos son trozos de mi pobre historia,
Y a todo está mi corazón sujeto
Por algún hilo de feliz memoria.

Aquí no llega del combate humano 
El grito de dolor o de victoria 
Que lanza el hombre al agitarse en vano. 
Todo la paz de la virtud respira, 
Todo al inquieto corazón serena,
Y el alma libre, cual gigante lira
A cada soplo del recuerdo suena.

¡Aun no concibo como pude, lleno 
De engañosa ambición, dejar un día, 
Paterna casa, tu inviolado seno, 
De tus amores el calor fecundo,
Y todo cuanto en la niñez me hacía
Amar a Dios y bendecir el mundo!

¡Cara pagué mi ingratitud! Mi frente 
A los golpes cedió de los pesares, 
Mis fuerzas se extinguieron lentamente,
Y mi ardorosa juventud, vencida,
Cual rota barca en agitados mares,
Sola y sin rumbo atravesó la vida.

Pero ¡qué importa! Del paterno techo 
Otra vez a la sombra me reposo,
Y junto a todo lo que amé, dichoso
Como antes, vuelve a palpitar mi pecho.

¡Nada ha cambiado! Siempre la fragancia 
De los días risueños de mi infancia 
Como perfume de marchitas rosas, 
Impregna el aire de mi humilde estancia;
Y hasta en el polvo del sillón ajado,
De aquellos tiempos y de aquellas cosas 
Algún recuerdo me dejó el pasado.

¡Ah! ¡cuando venga, enamorada, un día 
La tierna virgen de mis sueños de oro 
A ser mitad de la existencia mía, 
Dadle también, en armonioso coro, 
Dulces objetos en que vivo preso, 
Dadle, felices, el triunfal saludo, 
Mientras se pose mi anhelante beso, 
Como ave fiel, sobre su labio mudo!

Sólo ella falta a mi cabal ventura 
Para que eterna y sin rival se crea,
Y ella vendrá, como la lumbre pura 
De un nuevo sol, a iluminar mi paso, 
A ser el molde de mi propia idea
Y el dulce asilo de mi triste ocaso.

Quizás entonces, si otra vez, rendido, 
Sin fe en el cielo, con el alma fría, 
Torno ¡oh mi hogar! a tu caliente nido, 
Pueda como hoy, en tu feliz sosiego, 
Soñar las glorias de distante día 
Junto a la luz del moribundo fuego.


PANTALEÓN RIVAROLA

Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina, 1754 - 1821

ROMANCE HEROICO
 


Pero ¡oh valor español,
superior a cuanto pueda
referirse en las historias,
fábulas, romances, poemas!
Cuarenta y nueve resuelven
mantenerse en la palestra,
y sostener el ataque
de toda la gente inglesa.
Dijeron, y luego al punto
se preparan a la guerra.
¡Viva España!, dicen todos,
y muera la Inglaterra.
Rómpese el fuego, y el campo
un Vesubio representa,
los tiros de artillería
por todas partes resuenan.
Aquí el bravo Pueyrredón,
lleno de valor se arrostra,
y sin temor de la muerte
embiste, corre, atropella,
y un carro de municiones
hace generosa presa;
mátanle el brioso caballo,
pero con gran ligereza
en ancas de otro montando,
sin daño escapa ni ofensa.
Aquí otros dos Pueyrredones.
y Orma con brío y destreza
por el Rey y por la patria
dan las más gloriosas muestras.
Aquí don Martín Rodríguez
con heroica gentileza
y su primo Don Juan Pablo
constantemente pelean.
Aquí don Antonio Tejo
su intrepidez manifiesta
en el brío con que embiste,
y ataca la gente inglesa.
Aquí el intrépido Ansoátegui
con otros de igual braveza,
su fe, valor y constancia
claramente manifiestan.
Aquí, finalmente todos
como unos héroes pelean;
nadie muere, y se retiran
con orden y gentileza,
dejando en el campo algunos
muertos de la gente inglesa.

La gloriosa defensa

Nuestras tropas ordenadas
en batalla, con denuedo
presurosas corren, vuelan
del anglicano al encuentro.
Innumerables muchachos
marchan en su seguimiento,
y en repetidos clamores
¡viva España! van diciendo.
Llegan al puente de Gálvez,
y todo en orden dispuesto,
trenes, cañones, obuses,
trincheras y parapetos,
al enemigo impacientes
esperan ya por momentos,
brotando llamas de brío
de sus generosos pechos.
Los bretones muy astutos
y en arte del fingir maestros
aparentan que hacia al frente
dirigen su rumbo cierto,
cuando por otros caminos,
rumbos y ocultos senderos,
al país se van internando
para avanzar luego al pueblo.
Nuestros húsares valientes
el rumbo les van siguiendo,
sin perderles de su vista
en su marcha y movimientos,
y de paso, escaramuzas
muy gloriosas van haciendo.
Ya les quitan las ovejas,
que traen para su alimento,
ya en sutiles emboscadas
sorprenden algunos de ellos,
y ya en sus mismos fogones,
sus tiendas y acampamentos
matan algunos ingleses,
sirviéndose de sus fuegos
en la tenebrosa noche
de farol y rumbo cierto.


JUAN CHASSAING

El poeta de la bandera argentina (Foto a la derecha)

Buenos Aires-Argentina, 1839 -1864

A MI BANDERA

Aquí está la bandera idolatrada,
la enseña que Belgrano nos legó,
cuando triste la Patria esclavizada
con valor sus vínculos rompió.

Aquí está la bandera esplendorosa
que al mundo con sus triunfos admiró,
cuando altiva en la lucha y victoriosa
la cima de los Andes escaló.

Aquí está la bandera que un día
en la batalla tremoló triunfal
y, llena de orgullo y bizarría,
a San Lorenzo se dirigió inmortal.

Aquí está, como el cielo refulgente,
ostentando sublime majestad,
después de haber cruzado el Continente,
exclamando a su paso: ¡Libertad!
¡Libertad! ¡Libertad!


ERNESTO CASTANY


Argentina

ELADIA BLÁZQUEZ


Gerli, 1931 - Buenos Aires-Argentina, 2005

HONRAR LA VIDA
 


¡No! Permanecer y transcurrir
no es perdurar, no es existir
¡Ni honrar la vida!
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber
adormecida...
Merecer la vida no es callar y consentir,
tantas injusticias repetidas...
¡Es una virtud, es dignidad!
Y es la actitud de identidad ¡más definida!
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir...
¡Honrar la vida!

¡No! Permanecer y transcurrir
no siempre quiere sugerir
¡Honrar la vida!
Hay tanta pequeña vanidad,
en nuestra tonta humanidad
enceguecida.
Merecer la vida es erguirse vertical,
más allá del mal, de las caídas...
Es igual que darle a la verdad,
y a nuestra propia libertad
¡La bienvenida!...
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir...
¡Honrar la vida!

LA NOSTALGIA

Es un mundo interior
introspectivo,
una congoja en flor,
un desaliento.
Una mañana gris,
un vuelo en sombras,
un modo de morir...
¡pero viviendo!
Un sabor agridulce
muy gustado,
un vértigo del alma,
una condena
de llevarla doliendo
a todos lados
¡Y apretamos un dedo
con la pena!

A PESAR DE TODO

A pesar de todo, me trae cada día
la loca esperanza, la absurda alegría.
A pesar de todo, de todas las cosas,
me brota la vida, me crecen las rosas.
A pesar de todo me llueven luceros,
invento un idioma diciendo... “te quiero”.
Un sueño me acuna, y yo me acomodo
mi almohada de luna, a pesar de todo...

A pesar de todo, la vida que es dura,
también es milagro, también aventura.
A pesar de todo irás adelante.
¡La fe en el camino será tu constante!
A pesar de todo, dejándola abierta,
verás que se cuela el sol por tu puerta.
No hay mejor motivo, si encuentras el modo,
de sentirte vivo... ¡A pesar de todo!

A pesar de todo estoy aquí puesta,
los pájaros sueltos, el alma de fiesta.
A pesar de todo me besa tu risa,
y el duende, y el ángel del vino y la brisa.
A pesar de todo, el pan y la casa,
los chicos que crecen jugando en la plaza...
A pesar de todo, la vida ¡qué hermosa!
siempre y sobre todo, de todas las cosas.

EL MIEDO DE VIVIR

El miedo de vivir
es el señor y dueño
de muchos miedos más,
voraces y pequeños,
en una angustia sorda
que brota sin razón,
y crece muchas veces
ahogando el corazón.
¡El miedo de vivir
es una valentía!
Queriéndose asumir
en cada nuevo día,
es tuyo y es tan mío
que sangra en el latir
igual que un desafío
el miedo de vivir.

Los miedos que inventamos
nos acercan a todos
porque en el miedo estamos
juntos, codo con codo...
Por temor que nos roben
el amor, la paciencia
y ese pan que ganamos
con sudor y a conciencia.
La soledad es miedo
que se teje callando,
el silencio es el miedo
que matamos hablando,
¡y es un miedo el coraje
de ponerse a pensar,
en el último viaje...
sin gemir ni temblar!


TEOBALDO BUSTOS BERRONDO


Mercedes, Buenos Aires-Argentina, 1928-1995

ELEGÍA DEL AMOR AUSENTE
 


No puedo escribir contento,
porque en mí la pena mora.
Yo si canto es con lamento,
porque vivo como el viento,
que va solitario y llora.

No canto a las cosas bellas,
pues mi lira está de duelo.
Y si envidio a las estrellas,
es porque están junto a ella,
en la grandeza del cielo.

Y en las noches estrelladas,
cuando lloro mi castigo,
dos lágrimas resbaladas.
dejan vidriosas miradas,
que sólo buscan tu abrigo.

¿Porque te fuiste querida?...
Ya sin ti mi ser no espera
más que el día de partida,
cuando comience mi vida,
el mismo día que muera.

Y en una mañana hermosa,
de esas que incitan a amar,
como errantes mariposas,
nuestras miradas ansiosas
se volverán a encontrar

FÉLIX M. PELAYO

Buenos Aires, Argentina; 1902 - 1992 

LOS VIOLINES
 


Sollozan los violines el lirismo
sonoro y desgarrado de sus notas,
como voces votivas que de ignotas
regiones despertara su atavismo.

Sollozan los violines y sus quejas,
como raudas viajeras trashumantes,
derraman si armonía delirantes,
ebrias de libertad, presas sin rejas.

Y huyen y se expanden, se desgajan,
bajo el ámbito azul en que se cuajan
en albas caudas las constelaciones,

y ascienden por el ámbito serenas
sollozando el azul todas sus penas
con su larga teoría de emociones.


RODOLFO TALLÓN


Argentina, 1901-1976

NO MORIRÉ DEL TODO
 


No moriré del todo, amiga mía,
mientras viva en tu alma mi recuerdo.
Un verso, una palabra, una sonrisa,
te dirán claramente que no he muerto.

Volveré con las tardes silenciosas,
con la estrella que brilla para ti,
con la brisa que nace entre las hojas,
con la fuente que sueña en el jardín.

Volveré con el piano que solloza
las nocturnas escalas de Chopin;
con la lenta agonía de las cosas
que no saben morir.

Con todo lo romántico, que inmola
este mundo cruel que me destroza.
A tu lado estaré cuando estés sola,
como una sombra más junto a tu sombra