VLADIMIR BACHEV


Bulgaria, 1935-1962

EL AEROPUERTO 

Moriría en los aires en pleno vuelo
En las brumas blancas y funestas
Sin anestesia
Sin dejar huellas,
Ninguna persona me llorará…
Sólo la pista sabrá
Donde he fallecido
Y mi muerte será para todos un monumento
Por su claridad trágica.
Y si tú quieres buscar
Mis huellas
Tendrás que venir al aeropuerto
Entre las cruces gigantes
De las alas de aluminio,
Detenido delante del tablón de los horarios
Donde en grandes letras
Están las cifras y las horas
Y las distancia
Es cosa mía

REQUIEM

Después de mucho tiempo
La Iglesia nos ha excomulgado
La hoguera nos ha quemado.
Ardemos en nuestro propio hogar,
El fuego nos redime
De los torrentes de electrodos
Que nos entrelazan
Pero estamos alegres
Alfa, beta, gama…
Y de repente
Uno de nosotros desaparece
Rápidamente…
Y súbitamente
Uno de nuestros muchachos,
Uno de los nuestros,
Hasta ayer
Un muchacho como nosotros
Yace en la tierra
Bajo la lluvia
De alfas y betas
Pasa
Sobre la carcasa descompuesta
¿Qué fue de alfa?
Alfa
Son los soles
Los soles lejanos
Y sorprendentes,
¿Quien desde los cielos
Nos mira en la noche?
En sus rostros
De apariciones
Dime
¿Eres tú un muchacho o el universo entero?
¿Somos nosotros
Gigantes o pigmeos?
¿Y la materia rechazada
Ha sido suprimida
O ha comenzado
A vivir?
Así, en el lugar que sea
Con condenas a muerte
Es con estas preguntas
Que nos pulimos en cada pared desierta
Y en nuestros brazos llevamos
Un leño encendido
Que nos cubrirá con sus cenizas
Como un incendio.
Mientras trabajaba cayó
Como en una guerra
En una antorcha reluciente
Su cuerpo se transforma
En la tierra helada
Pone sus pies
Bajo los nuestros
Y la tierra se calienta.
Después de mucho tiempo
La hoguera nos ha quemado.
Tierra, eres como una hoguera
Y sólo tenemos espigas sobre ti.
El descubrirte está en nosotros,
La sangre nos hace sufrir
Nos hemos abrasado
Pero te hemos descubierto.
¡Los muchachos,
Ellos son esta terrible congelación,
Están en la casa de los camaradas
Que volvemos a ver,
Vestidos o sólo los cráneos
Sin audacia,
Sin pasiones,
Sin estrellas y sin sueños!

ANTOLOGÍA DE POESIA BÚLGARA
POR ANTONIO J. DEL PUIG (LIBRO PUBLICADO)
Traducción de Antonio J. del Puig

DAMIAN DAMIANOV


Bulgaria, 1935-1999


EL BOSQUE


Tu susurro está en mí, oscuro y profundo,
Con tus árboles, tus pájaros y tu torrente
En el que el silencio se mira
Preso en las redes del sol.
En las sombras de las ramas, en las ninfas,
En el mismo sueño que sigue su curso tras el viento.
Cada gran árbol me recuerda
Que antes fue un pequeño seto, un partisano barbudo
Un rebelde escondido entre los helechos.
Y yo, sangrando fuertemente, tus dolorosas heridas,
Y es porque mientras te cubre el otoño
Un ajusticiado se balancea en mi sueño.
Y mientras la primavera florece,
Tú te pareces a una jovencita
A la que siempre he amado tanto…
Ahora, sobre un dulce tapiz, estoy tumbado
Y cuando oigo el hacha del leñador
Como si fuera bendito por ti, lloro
Y cuando siento tu bello perfume de geranios
Como si fuera tu flor, me veo florecer
Y me siendo pequeño y grande
Mortal e inmortal
Como tú, bella mía.
Los rayos del sol, los prados y yo.
Un silencio como un vino embriagador.


Los rayos del sol, los prados y yo.
Un silencio como un vino embriagador,
Bajo el cielo azul y violeta
Me hacen olvidar las horas, los días y los meses
Olvido las preocupaciones y la tristeza,
El aire que respiro es como el amor que me envuelve
Y soy simplemente la paz, la claridad
De todas las cosas
Entonces no sabría decir el nombre.
Como tu voz invisible a la que escucho
Que en mi corazón cascabelea y canta
La loca embriaguez de estar vivo…
Los rayos del sol,
Los prados y yo.

EN CASA DE DEBELIANOV
Cuando la tarde dulcemente se apaga
Y una suave noche extiende su seno
Preso por una tristeza vaga y profunda
Entro en tu vieja casa.
En un rincón está el viejo icono
La vieja centella como una luciérnaga
Vacía, bajo el balanceo de la lámpara
La vieja cuna de tu infancia.
A sus lados tu cantimplora de soldado
Fría y solitaria, atada con cuerdas.
Un viento frío me atraviesa. Permanezco en silencio
Y a través de los ríos,
Oigo el sonido de tus pasos
Al entrar en la casa donde naciste.
Pero un detestable viento me impide pasar
Y al lugar donde está la cantimplora que sueña.
El vacío está en la cuna y la vida en la cantimplora
Pero yo, yo veo en la penumbra
A un niño pequeño asesinado por un fusil
Y a los que han separado las dos cosas más terribles,
La cuna y la cantimplora solitaria.

Antología de Poesía Búlgara por
Antonio J. del Puig (Libro publicado)

ELISAVETA BAGRIANA


Sofía-Bulgaria, 1893 - 1991

EL UNICO

¿Eras tú el de antes?
¿Eres tú el de hoy?
¿Serás tú el de mañana?
Esta imagen que veo
Bajo mis párpados cerrados,
Esta silueta en la sombra que varía
Sin cesar cerca de mí,
Esta voz que me despierta
Y me hace cantar en la mañana,
Este nombre que yo te doy,
¿Está en ti?, ¿está en ti?
¿Eres tú
O la imagen y el nombre
De mi amor,
Inefable en mi corazón
Come el fuego en el corazón de la tierra?
¿Eres tú
O la imagen y el nombre
De mi sed,
Que espera y se estremece
Como la sed de la tierra
Por una nube cargada de lluvia?
¿Eres tú
O la imagen y el nombre
De mi pena
Por la única
La eterna,
La inseparable compañía
Como la luna para la tierra?
¿Eres tú?



ENCANTO

Háblame, háblame, háblame ‑‑
Cierro los ojos un poco y te escucho;
Hemos atravesados bosques dormidos
Y hemos volado sobre mares y continentes…
A la izquierda, el soñador que sangra y arde
A la derecha, los ríos negros incendiados ‑‑
¿Adónde llegaremos cuando venga el alba?
¿Y hacía que destino nos arrastrará?
¿Es allí donde velaremos libres,
Como dos llamas confundidas
En la noche, junto a infinitas estrellas,
Como una estrella doble que brilla?
‑‑¿Tú no lo sabes? Yo tampoco,
Pero llévame, ¡llévame hasta allí abajo!

Antología de Poesía Búlgara


por Antonio J. del Puig (Libro publicado)
Traducción de Antonio J. del Puig

Vivíamos en casas crepusculares,
en selvas de libros y paz;
extranjeros fuimos en el amplio verdor,
el sol brillaba.

Parto hacia el rocío de los campos, veo
con sus ojos nuevos al mundo;
en un pequeño día, una cuarta
creció el centeno.

Medito: crece en los días furiosos
la juventud de nuestro tiempo;
y espero que algunos años
sumen siglos.

(Últimas estrofas del poema "Sol". Traducción
de José Martínez Matos, en el libro 1000 años
de poesía búlgara, Lima, editorial Causachun, 1980).
 —

GEO MILEV


Radnevo -Bulgaria, 1895 - Sofia, 1925 

SEPTIEMBRE
(fragmento)

En los valles oscuros
antes del amanecer
en todos los montes
y los valles desiertos
campos hambrientos
villas fangosas
villorrios
ciudades
patios
cabañas y tugurios
en las fábricas, en los almacenes, en las estaciones
en el granero
en las granjas
y en los molinos
en las oficinas
centrales eléctricas
establecimientos

en las calles y en las curvas
arriba
entre barrancos, precipicios, cumbres y colinas
márgenes de los campos
pendientes
en los lugares más sombríos y desiertos
en los bosques amarillos del otoño
en las piedras
en el agua
en los tórridos remolinos
en las praderas
jardines
campos
viñedos
en los refugios de los pastores
entre arbustos
rastrojos ardientes
pantanos
flores con espinas:
andrajosos
sucios de fango
hambrientos
de caras entumecidas
del trabajo emancipados
del bochorno y del frío endurecidos
deformes
lisiados
retintos
negros
descalzos
torturados
ordinarios
salvajes
rabiosos
furibundos

-sin rosas
sin cantos
sin marchas y tambores
sin clarinetes, tímpanos y organillos,
sin trombones, trompetas y cornetas:

sacos andrajosos al hombro,
mejor dicho espadas brillantes-
ropas ordinarias en mano
mendigos con bastones
con palos
picos
astillas
arados
hachas
halcones
girasoles
-viejos y jóvenes-
se apresuran todos, de todas partes
-como una manada de bestias ciegas
en enloquecedora carrera a lanzarse,
unas miradas
de toros furibundos-
con gritos
con aullidos
(detrás de ellos -el tiempo nocturno- petrificado)
volaron, avanzando
en desorden
irrefrenable
formidable
sublime:
¡EL PUEBLO!


NIKOLA VAPTSAROV


Bansko-Bulgaria, 1909-Sofia, 1942


POEMA DEL ADIÓS
a mi esposa

Quizás sin avisar, invitado lejano
al que ya nadie espera, te visite en un sueño.
No me dejes afuera a la intemperie.
No asegures del todo nuestra puerta.

Entraré con sigilo. Me sentaré despacio,
tratando de observarte en la penumbra.
Sólo cuando los ojos se sacien de mirar,
te besaré, y partiré para siempre.

La lucha es implacable y cruel.
La lucha es, como suele decirse, épica.
Yo moriré. Otro ocupará mi lugar… y así siempre.
¿Acaso importa aquí la suerte de uno mismo?

Un disparo, y después- sólo gusanos.
Esto es algo tan simple como lógico.
¡Pero en la tempestad de nuevo estaremos juntos,
oh pueblo mío, porque nos hemos amado!

(14.00 h. 23-VII-1942)
Traducidos por Juan Antonio Bernier

PEYO YAVOROV



Bulgaria, 1878 - 1914



Y ante mí te detendrás,

en las estrellas, resplandecientes, incomprensibles, 
en las flores, serás secreta, aromática… […]

Ante mí, ángel, te presentarás 
¡oh felicidad y alegría! 
¡oh felicidad y eterna alegría,
Como un vampiro sobre mí te detendrás,
¡oh felicidad y tristeza!
¡oh felicidad y tristeza, y desgracia!

Yo no vivo: yo ardo. Inconciliables
dos almas rivalizan en mi pecho: 
un alma de ángel y otra de demonio. En mí 
respiran fuego y su ardor me abrasa. 

Y arden las dos con llamas, donde toco 
aun en la piedra, oigo latir ambos corazones…
Siempre los dos, en todos sitios, obsesivamente 
con rostros enemigos se consumen hasta hacerme brasas. 

Detrás de mí el viento, a donde vaya, 
mis huellas con ceniza cubrirá. ¿Quién podrá conocerlas?
Solitario, yo no vivo, ¡ardo!, y mi rastro 
será ceniza en el sombrío infinito.

MOTIVOS DE OTOÑO IV

Callada noche y tinieblas pavorosas...
En ningún sitio luz ni sonido:
casi toca el suelo,
tan bajo pende, el firmamento.
El espíritu sufre angustiado,
la mente vaga a ciegas...
Oh, Dios, manda una estrella
y una voz, ¡aunque sea de un pájaro nocturno!

De Peiu Yávorov, Viento de medianoche. Prólogo y traducción del búlgaro de Juan Eduardo Zúñiga. Madrid, Endymion, 1983