RODOLFO VIRGINIO LEIRO

Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1921


HE CORRIDO HACIA EL MAR...

He corrido hacia el mar, desesperado,
urgido por espasmos ancestrales
sin encontrar sus brazos fraternales
que fueron el vitral de mi pasado.

Quise hundirme en las aguas, impulsado
por intensos delirios demenciales
para unir a sus manos espectrales
mi corazón de bardo flagelado.

Arrastrando mi efigie vacilante,
mi proceso de lóbrego ambulante,
instinto funerario que me acosa,

rodé sobre el calvario de mi suerte.
Hoy quisiera fundirme con su muerte.
Si fui cuna en ayer, quiero ser fosa.

AÚN

Soy en la noche triste, todavía,
un pedazo de estrella reluciente,
un corazón abierto, complaciente,
que ilustra cada pátina del día;

este viejo cansancio de mi vía
deviene de vil páramo incipiente,
como una seca boca, sin un diente,
que de antaño, mi lira, perseguía;

no pudo deshojarme, mi osadía,
que de una augusta rosa devenía
se elevó como un bardo penitente

o un loco en su letífica insanía,
que cansado de amar, te seducía,
con un beso de rimas en tu frente.

COSECHA

Tempestades de erupciones, conmociones
delirantes de una inédita invoraz alegoría,
dibujaron como Gracos en el nervio de mi día
la oratoria de mi verbo en alfiles emociones;

y fui preso, pobre loco, de diversas sensaciones
alentado ciertas veces por mi rara geometría
construyendo en el parnaso de mi vasta geografía
este mundo de mi verbo troquelando pulsaciones;

no detuvo el climaterio de atrevidas tentaciones
este impulso cabildante de mis auras convicciones
que sembré sobre desiertos de mi dátil homilía,

y al momento que cosecho en carroza de pulmones
los dibujos himentales de indulgentes ilusiones
me desplomo, imperturbable, en mi pátina sombría.

EN EL DESIERTO

Es sin duda, mi amiga que he soñado
aquel desnudo amor en el desierto,
bajo un cielo de lunas descubierto
y un azul de caricias despeinado,


vagábamos los dos, en un dorado
en un vago rincón de cielo abierto
ensayando el sinfónico concierto
que rima con un pecho enamorado

de pronto, me supe recostado
sobre tu joven cuerpo empecinado
en brindarme tu virgen geografía,

mientras el sol gritaba ensangrentado
y el sello de tu beso explosionado
a mi interno recinto seducía!

IDIOMA

Si el idioma privativo de los años
que accedieron a mi tácita bohemia,
a este ciclo de la rima y de la anemia´
al que llego por escuálidos peldaños;

revelara la pasión de los escaños,
este sueño dolorido que me apremia,
como un zumo de rigor de la academia
que deliran en tus ojos miel castaños,

propondría una cósmica abadía
que asilara este fielato de mi día
donde acuño, ¡oh dinámico alfarero!,

este sueño acariciado que te sigue,
como un hálito de lunas que persigue
esa noche de tu beso y tu ¡te quiero!

SOLEDAD

Busqué la soledad para mis rimas
del aura de un silencio penetrante,
hurgando entre la niebla terebrante
y el nervio del pudor en que declinas;

la noche se hace luz en que caminas
tu propio corazón de navegante
y el ritmo de su fibra, palpitante,
calibra la silueta con que finas;

cesaron mis cabriolas peregrinas,
se fueron, si, los horas celestinas
de mi añejo festín de cabildante,

quedó la soledad, bardal en ruinas
rodando mi bohemia en las esquinas..
La Luna me hace un guiño vigilante.

SONETO

Si la histórica alacena
que asilara tanta glosa,
tornara el rubor de rosa
que anidó tu piel morena,

si de aquella noche plena,
mientras la mar rumorosa
arrojaba esplendorosa
alba espuma en rubia arena,
conservara la diadema,
el cuño alfil, el emblema
que mi recuerdo provoca,

el aroma de azucena
y el paraninfo, la escena
que fue fundirme en tu boca! 

JUEGO

De una báltica gota emperadora
nimbada por un celio deslumbrante,
desprendías un aura fascinante
cual célibe diorama de la aurora.

Desde una ebriosa brisa soñadora
que llevaba la nube navegante,
yo trataba de hallar tu traficante,
el carmín de tu boca embriagadora.

La noción de un gacel me perseguía
por los fastos de gala serventía
siempre en pos de tu efigie sugerente

y mi pecho, en fragor se consumía
y en las tenues turquesas de mi vía,
jugaba con tu imagen en mi mente.

LA BICHA

Era el diario del rioba, chimentera,
la oreja siempre atenta que te bicha,
el secretito rojo que se espicha
y su oficio natal, casamentera,

el rostro de una activa espumadera,
cien ojos que te junan, que te ficha,
al lado del crespón o de la chicha
con su pinta de escarcha y de soltera.

Tal vez, gritó una vez su primavera,
vistió de percal fino la vereda
y tuvo su gavión tras de la tuna,

y en el beso escondido que se goza,
sus mejillas lucieron color rosa
y el loco corazón tuvo su Luna.

MANOS

Hoy que miro mis manos devastadas
por la gama estelar de su aventura,
surgiendo del frontón de la espesura
que fueron su destino de moradas;
manos febles, otrora acariciadas
como salmos de orfebre galanura,
en garrafal encanto de ternura
quizás por otras manos codiciadas,
estas manos de afanes, esperadas
por ansias de febriles alboradas,
trofeo de su amable envergadura,
manos nobles, por rimas esmaltadas,
por ritos de vejez hoy maculadas
después de tanto amar, tanta dulzura,
contagiosas de verbo, enajenadas
en la propia humildad que las perdura.



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