PANTALEÓN RIVAROLA

Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina, 1754 - 1821

ROMANCE HEROICO
 


Pero ¡oh valor español,
superior a cuanto pueda
referirse en las historias,
fábulas, romances, poemas!
Cuarenta y nueve resuelven
mantenerse en la palestra,
y sostener el ataque
de toda la gente inglesa.
Dijeron, y luego al punto
se preparan a la guerra.
¡Viva España!, dicen todos,
y muera la Inglaterra.
Rómpese el fuego, y el campo
un Vesubio representa,
los tiros de artillería
por todas partes resuenan.
Aquí el bravo Pueyrredón,
lleno de valor se arrostra,
y sin temor de la muerte
embiste, corre, atropella,
y un carro de municiones
hace generosa presa;
mátanle el brioso caballo,
pero con gran ligereza
en ancas de otro montando,
sin daño escapa ni ofensa.
Aquí otros dos Pueyrredones.
y Orma con brío y destreza
por el Rey y por la patria
dan las más gloriosas muestras.
Aquí don Martín Rodríguez
con heroica gentileza
y su primo Don Juan Pablo
constantemente pelean.
Aquí don Antonio Tejo
su intrepidez manifiesta
en el brío con que embiste,
y ataca la gente inglesa.
Aquí el intrépido Ansoátegui
con otros de igual braveza,
su fe, valor y constancia
claramente manifiestan.
Aquí, finalmente todos
como unos héroes pelean;
nadie muere, y se retiran
con orden y gentileza,
dejando en el campo algunos
muertos de la gente inglesa.

La gloriosa defensa

Nuestras tropas ordenadas
en batalla, con denuedo
presurosas corren, vuelan
del anglicano al encuentro.
Innumerables muchachos
marchan en su seguimiento,
y en repetidos clamores
¡viva España! van diciendo.
Llegan al puente de Gálvez,
y todo en orden dispuesto,
trenes, cañones, obuses,
trincheras y parapetos,
al enemigo impacientes
esperan ya por momentos,
brotando llamas de brío
de sus generosos pechos.
Los bretones muy astutos
y en arte del fingir maestros
aparentan que hacia al frente
dirigen su rumbo cierto,
cuando por otros caminos,
rumbos y ocultos senderos,
al país se van internando
para avanzar luego al pueblo.
Nuestros húsares valientes
el rumbo les van siguiendo,
sin perderles de su vista
en su marcha y movimientos,
y de paso, escaramuzas
muy gloriosas van haciendo.
Ya les quitan las ovejas,
que traen para su alimento,
ya en sutiles emboscadas
sorprenden algunos de ellos,
y ya en sus mismos fogones,
sus tiendas y acampamentos
matan algunos ingleses,
sirviéndose de sus fuegos
en la tenebrosa noche
de farol y rumbo cierto.


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