LUIS LANDRISCINA

Colonia Baranda, Chaco, Argentina, 1935 

CASI GRINGO 


Yo soy del Chaco argentino
nacido en ésta región
soy tan hijo de esta tierra
que me siento emparentado
al quebracho colorado
y al capullo de algodón.
en mis venas corre sangre
de la Italia forjadora,
de esa estirpe labradora
que en mi patria se afincó.

Fueron gringos mis dos padres,
y también los dos hermanos
que ya en el suelo italiano
con la América soñó.
aquel sueño y el destino
los empujaron un día
a dejar toda una vida
por otra tal vez mejor.

Y en un buque se embarcó
con lágrimas mi familia
porque allá dejaban todo
con sus penas y alegrías,
a la patria, A sus amigos,
a sus padres, A la villa,
a los sueños de la infancia
que eran carne de ilusión.

Mas sus pupilas mojadas
con llantos de mil ausencias
se secaron de esperanzas
al ver esta noble tierra
que esperándolos estaba
para borrar con su sol
las noches de tantas guerras.
que esperaba para darles
un arado y unas rejas,
trigo de paz para el pan,
y un rancho para querencia.

Y así llegaron al Chaco
mis hermanos y mis padres.
plantando una humilde chacra
rodeada de quebrachales,
pagando en sudor de sangre
sus blancos algodonales
y olvidando con trabajo
la noche de sus pesares.

Luego Dios que nunca olvida
premió el sufrir de mi madre
con un puñado de hijos
tan rubios como trigales
y trigueños, color sombra
de adentro de los obrajes.
y entre ellos llegaba yo.
a ver la luz de este Chaco.

Y a escuchar, sin comprender,
los mil murmullos del campo
a gastarme las rodillas
gateando por todo el rancho
y prenderme de mi madre
para dormirme mamando.
Yo, ni contaba dos años
cuando mi madre partiera
para que nazca otro hermano.
Ya nunca la vi volver.
Ya nunca estuvo en el rancho.

Sólo volvió mi familia,
Todos de negro y llorando
Y mi hermana, la mayor,
Mientras me alzaba en sus brazos,
Trató de hacerme entender
Que mi madre no estaría
Nunca jamás en el rancho
Porque Dios la había llamado
Para tenerla a su lado. 

La chacra quedó callada,
Todos hablaban despacio.
Y yo, recorría el patio
Siempre buscando y buscando.
Mas un día se quebró el silencio
Con un llanto
Y brotaba de esa cuna
Hecha de rústico palo.

Hacia dentro fui corriendo,
Los ojos grandes mirando.
Y asomado a la cunita
He visto de cerca el llanto.
Era un truque del destino.
Mi madre por un hermano.
Y así terminó su vida,
Dejando otra vida en cambio.

Y se internó tierra adentro
Por sujetarnos al Chaco,
Porque si yo tengo sangre
De esa gringa de otro pago
También lo tiene la sombra
Profunda de los quebrachos.

Y si sus huesos y carnes
Viven en mi ser andando,
También viven en la tierra
De una tumba de este pago
Y están abonando el suelo
Caliente de nuestro Chaco. 

Por eso es que yo me siento
Emparentado a esta tierra.
Por eso es que yo teniendo
Tanta sangre de italiano
Me siento tan argentino,
Tan chaqueño y tan hermano
De los montes, de las chacras,
De los indios mocovíes,
De los tobas y matacos.

Razas todas que en la selva
De entre los cardos brotaron
Como fruto de esa tierra,
Donde mi madre ha quedado.
Todo tiene algo que ver
Con mi sangre y su pasado,
Por eso, aunque casi gringo,
Lo quiero tanto a mi Chaco.

CHACO

Chaco, provincia pujante
en la vida de la Patria,
tierra que antaño fuera
rugir de tigres y hachas,
de gentes que por poblar
morían a punta de lanza,
porque el malón no perdona :
su defensa es la matanza.

Tierra de selvas tupidas
y también de extensas pampas,
de chacras entre los montes,
de mucho tiempo sin agua,
de cañadas y de esteros,
de bichos de toda laya,
de las mangas de langostas
matadoras de esperanzas.

Tierra de surcos rebeldes
que a veces no devolvían
lo que el hombre les prestaba,
de obrajes con jornaleros
que vuelcan su alma en el hacha.
Sus vidas son de los montes,
de las miserias y farras.

Pero al telón de ese Chaco
el tiempo lo va cerrando,
y donde el tigre rugía
hoy hay tractores arando.
Se acabaron los malones,
las tribus se han vuelto mansas,
y están chuceando la tierra
con rejas en vez de lanzas.

Ramillete de indios fuertes
de melancólicas razas,
son también hijos del monte,
simbólicos como el hacha.
Y no es de menos valor
el gringo de tierra extraña
que se metió en nuestros montes
y luchó en pos de sus ansias.
Tuvo que afrontar mil contras,
ahuyentar penas que matan,
y en la lucha por la vida
aprendió a querer mi Patria.

Ese puñado de cosas,
más voluntad y esperanza,
fueron levantando el Chaco
al nivel de sus hermanas.
Hoy sigue golpeando el hacha
y la reja no descansa.
Por eso los pueblos brotan
como por arte de magia,
los caminos se hacen anchos,
se va agrandando la Patria,
y el algodón de las chacras
va curando las heridas
de los quebrachos que sangran.

Chaco, provincia querida
que al progreso se encamina,
hoy, hoy abraza a sus hermanas
de esta mi tierra argentina.

MAESTRA DE CAMPO

Por la pereza del tiempo
el otoño estaba tibio, 
ya que en el Chaco, el verano
es como dueño del sitio.
Y a veces demora en irse
sin importarle el destino.
Por eso es que aquella tarde
cuando bajó en la estación
del lerdo tren en que vino
su cuerpito era una brasa
por nuestro clima encendido.
Y se quedó en el andén
como asustada y con frío
por ser mucha juventud
pa´terreno tan arisco.
A más mujer, buenamoza
y en pago desconocido.
Y allí se quedó parada
en vago mirar perdido por, 
por querer disimular
su temor a estar tan sola
y sin saber el camino.
Pero al momento nomás, 
las toscas manos de un gringo, 
callosas de tanto arar
y de pelearlo al destino
se acercaron bondadosas
y con ternura de niño
le dieron la bienvenida 
en nombre de la escuelita
que hace mucho la esperaba
triste en el medio del monte
pa que alegrara a sus hijos.
Subieron al viejo carro
de aquel colono sufrido, y
y comenzaron a andar
entre una nube del polvo
por el reseco camino.
Cuando llegaron al rancho
la noche ya había encendido
sus farolitos del cielo
y el canto triste del grillo, 
y fue por eso tal vez
que entre las cuatro paredes
de aquel su humilde cuartito
una angustiosa tristeza
entraba a clavar cuchillos
como queriendo matar
esa noble vocación
que en su pecho había nacido.
Pero llegó la mañana
y el sol con todo su brillo
desdibujó las tinieblas
que habían querido torcer
las huellas de su destino.
Y aunque llorando por dentro
masticando soledad 
en aquel lejano sitio
puso firmeza en el paso 
y fue a buscar el amor
de aquel puñado de niños
que hace mucho la esperaba
en la escuelita de campo
clavada en pampa del indio.
Y desde entonces su vida
se hizo horcón de guayacán
se hizo paredes de adobe
se hizo terrón para el quincho
y armó con todos sus años
aquel rancho para el alma
con un letrero invisible
que decía en letras de amor
"Aquí hay saber y cariño".
Y fueron 30 los años
y fueron muchos los niños
que luego se hicieron hombres
y mandaron a sus hijos.
Ella, ella no pudo tenerlos
porque la flor de su vida
se marchitó entre los montes
y nunca llegó el amor 
a golpear en la ventana
de su rancho de cariño.
La escuela, la escuela 
le había pedido
hasta ese sacrificio
que se quedase soltera
porque precisaba intacto
todo el amor que tuviera
para entregarlo a los chicos.
Y en eso, en eso de darlo todo, 
un tibio día recibió
en una nota oficial
algo que la estremeció:
después de mucho esperar 
el concejo le anunciaba
que había sido jubilada
en premio por su labor.
¿Era premio o era castigo?
Mil veces se preguntó.
No se vaya señorita, 
quédese a vivir aquí, 
si nosotros la queremos
por qué se tiene que ir.
Esas voces y unas manos 
que se agitaban sin ruido
fueron únicos testigos
de aquella amarga partida.
Ella entraba en el olvido
allí dejaba sus años
allí dejaba su vida.
La polvareda del sulky
y manitos color tierra
fueron su único homenaje
en aquella despedida.
¡Adiós señorita Rosa! 
¡Adiós maestra de campo!
En usted a todos les canto
los maestros de mi tierra
no sé si mi estrofa encierra 
y expresa lo que yo siento, 
pero tan solo pretendo
oponer a tanto olvido 
mi simple agradecimiento, 
ya que la Patria les debe
el más grande y merecido 
de todos los monumentos.

HACHERO MADRUGADOR

Hachero madrugador 
Del monte bravo del Chaco, 
Peleador del viento norte, 
Matador de los quebrachos.

Lluvias de sol chaqueñero 
Baño de bronce tu espalda 
Y fue curtiendo tus brazos 
El ir y venir del hacha.

Estribillo 
Tu sueño muerde en el palo 
Hecha filo la esperanza 
Y el monte quema tu vida 
Con sus astillas hechas brasa.

Tu canillera te guarda 
Del arañon de los cardos 
Pero no ataja las penas 
Con que arañas el trabajo.

Renueva fuerza en el vino 
Refugio triste del alma; 
Tu grito golpea la noche 
Cuando se duermen las hachas. 

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