LEÓN BENARÓS


Villa Mercedes, 1915 - Buenos Aires-Argentina, 2012


TAL VEZ LO PEOR

Tal vez lo peor no es morirse,
sino lo que el verso glosa:
convertirse en un objeto,
pasar de persona a cosa.
 
Sufrir con impavidez
grosería y manoseo.
Mirar cegada la fuente
de la pasión y el deseo.
 
Ver apagado y sin fuego
al inquieto corazón.
Mirar cortadas las alas
de toda imaginación.
 
No poder salir de sí
pero pensar, por consuelo,
que ya se ha soltado el alma,
que es infinito su vuelo.
 
Y que a la Tierra dejamos,
por estropajo penoso,
el cuerpo usado, que ardió
bajo el sol maravilloso.
 

LA DESPEDIDA
 


Pampa toda donosura
jagueles míos, aguadas,
lomitas aquerenciadas
y de pareja lindura:
¿Cuándo, madrugada pura,
me verás de vuelta? ¿Cuándo?
Trébol de olor, pasto blando,
aromita del bibí,
pagos donde yo nací:
adiós, que me voy llorando...
¡Qué cielito para cielo!
¡Qué brillador estrellaje!
¡Qué dadivoso el paisaje
de su verde terciopelo!
Como galopando en pelo
El viento del sur venía.
La pamperada subía,
Azotando el totoral.
Me voy, para bien o mal.
¡Hasta verte, tierra mía!
Tu viento hace estremecer
de gozo las hierbas finas,
y vuelan tus becasinas,
como anunciando el llover.
Todo es callar y aprender
la lección que me estás dando.
Tu alma es un vivir lerdeando
entre frescor de rocíos.
¡Adiosito, pagos míos!
Adiós, que me voy llorando.
Aromoso biznagal,
Flamenquerío rosado,
Plumerito empenachado
de cortadera, juncal;
Estancierío cabal,
laguna, que es un espejo:
con mi tristura me alejo.
¡Ah, días de un tiempo hermoso!
Arroyito alabancioso:
me voy llorando y te dejo...
Lindo tiempo en que mis días
verdeaban, como los pastos.
Eran oros...Para bastos,
hoy bastan las penas mías...
Adiós, madrugadas frías,
campitos de pasto ralo.
A su primor me resbalo
y me recuesto en su amor.
Esos días como flor
se daban del mismo palo...
Búsquenmele comparancia
a semejante hermosura.
Encuéntrenle coyuntara
a las costumbres de estancia.
Los días y su constancia,
su sereno transitar.
Los trigales: el linar,
cielo que se toca y ve.
Tierra a la que me amigué:
¡nunquita te he de olvidar!

LA TEMPRANERA

Eras la tempranera
niña primera, amanecida flor
Suave rosa galana
la mas bonita tucumana.
Frente de adolescente,
gentil milagro de tu trigueña piel.
Negros ojos sinceros,
paloma tibia de Monteros.
Al bailar esta zamba fue
que, rendido, te amé
Eras, mi tempranera,
de mis arrestos prisionera.
Mía ya te sabía
cuando, por fin, te coroné.
Era la primavera,
la pregonera del delicado amor,
Lloro amargamente
aquel romance adolescente.
Dura tristeza oscura,
frágil amor que no supe retener.
Oye, paloma mía,
esta tristísima elegía...
Al bailar esta zamba fue
que rendido te amé
Eras, mi tempranera,
de mis arrestos prisionera.
Mía ya te sabía
cuando, por fin, te coroné.

LOS ÁRBOLES

Dioses callados, huéspedes dichosos,
trofeos, enterrados homenajes,
desde sus días altos y salvajes
al sol se orientan, de su beso ansiosos.
Ramos les dan los días misteriosos
y una embriaguez total, en verde encaje,
les cuelga de los vívidos ramajes
flores de perfección, frutos hermosos.
Felices ellos, pues que su porfía
de cárcel vertical, en las serenas
tardes es fiel al rito de su día.
Pero yo, extraño de hábitos y penas,
¿qué luz he de poder decir que es mía,
inmóvil de presagios y cadenas?

TIERRA

Ella es bastante para darnos
a todos la sustancia eterna.
Juan Ramón Jiménez.
Ella nos dice la palabra viva,
nos guía por un rumbo iluminado
y nos muestra el camino señalado
para la perfección definitiva.
Para su mundo de laurel y oliva,
para su pobre mundo ensangrentado
va, puro y redimido de pecado,
el triste corazón, a la deriva.
Ella nos amortaja con su veste.
Su oscuro reino de milagro y cieno
abarca Norte, Sur, Este y Oeste.
Nos da la clave de lo ultraterreno,
el signo impar, el número celeste
para que regresemos a su seno.

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