HERMAN DE CONINCK


Mechelen-Bélgica, 1944-1997


TRANVIA 11

Ida y vuelta en tranvía. Ida: joven zaireña
comparte con bebé arrullo ronco, mucho
tiempo, intimidad, mutualidad, un hecho
público y sin embargo púdico. Tranvía mira.

Vuelta: madre marroquí intenta acallar
lloriqueo de retoño ñoño en otoño. Cuanto
más lo zarandea, más le bailan las letras.
Hasta que el tarareo de una tata amberina

le hace recobrar la calma. Y a nosotros la nuestra.
¡Tilín tilín!, ¡tilín tilín! atraviesa la ciudad.
Transporte público al servicio de la educación,
la festividad, el mantenimiento del desorden.

SOLO TENGO DOS CLASES DE FOTOS

Sólo tengo dos clases de fotos en las que apareces sonriendo:
en unas sales con tus hijos, hasta que tienen unos ocho años,
y en las otras con tus nietos. (El mayor ya ha cumplido los trece
pero todavía no está en la edad rebelde, buena gente.)

Lo acontecido entre unas fotos y otras puede apreciarse
en los cinco frascos homeopáticos que guardas en tu botiquín,
provistos de primorosas etiquetas: «miedos», «depresiones»
(dos), «aprensión», «pánico». Dramáticos

combates recurrentes de tres gotitas contra el mar.
Seguiste siendo maestra. Un señor mezquino
pero en mujer. Creíste perder todos los días
un poquito durante veinte años seguidos
era menos terrible que perderlo todo de una vez.

Y luego, con algo pequeño en brazos, volviste
a sonreír. Después de todo lo que a lo largo de la vida
te había resultado demasiado grande. Así, en la foto de bodas
de tu hija, te yergues veciendo tu dolor de espalda,

bien derecha, como un clavo torcido al que hubieran
enderezado a martillazos. Y sonríes, tras la muerte
de tu marido, tus hermanos, tus hermanas, tus amigos
—una lista que parecía hacerse interminable—
como sonríen los cristales rotos bajo el sol.





Herman de Coninck (extraído de: De gedichten [Los poemas],
Ámsterdam - Amberes, 2001)
© Traducción española: Diego J. Puls 2007
(con ocasión de un festival callejero celebrado en Amberes)


Herman agosto Paul De Coninck fue un poeta, ensayista, periodista y editor de la revista flamenca. Herman De Coninck se conoce como "el hombre que enseñó a sus personas leen poesía", siguiendo el escritor Hendrik Conscience del siglo 19 que "su pueblo aprendieron a leer." El nombre del autor por lo general se escribe con una "d" pequeña. En 1997 el poeta murió de un paro cardíaco en la presencia de otros poetas más importantes (incluyendo Anna Enquist y Hugo Claus), mientras que él estaba en su camino a una conferencia en Lisboa. En la acera, en Lisboa, donde De Coninck murió es un azulejo colocado con su nombre, fecha de nacimiento y muerte.
La vida de De Coninck estuvo marcada por algunos contratiempos. Cuando tenía veinte años de edad perdió a su padre. Su primera esposa, An Somers, murió en un accidente de coche. A partir de su segunda esposa, Lady Coppens, que se divorciaría. Él encontró consuelo en la tercera mujer en su vida, la escritora Kristien Hemmerechts. El hecho de que nunca ganó el Premio Estatal de Literatura, se aseguró que se sentía un poco mal entendido. Sin embargo, tuvo durante años un predominio importante en el campo de la literatura flamenca
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