JULIO AMELLER RAMALLO

Sucre- Bolivia, 1913 - 1977

TÚ LA CONOCES, RILKE
 


Tú la conoces, Rilke.

Es el río de sangre que viene de los muertos
y florece en los niños.

Por ella las gaviotas renunciaron al vuelo
y el huracán del sexo se convirtió en gemido.

Yo la siento tan mía,
que no tiene adjetivo.

Alondra en las mañanas,
en las tardes olvido.

Es todo, todo lo que el hombre sueña
cuando ya le duelen los caminos.

Tú la conoces, Rilke.
La conoces, amigo.

EXORO

Huir.. basta hallar el camino
que me lleve tan lejos,
que no pueda seguirme
ni el propio pensamiento.
Huir a la comarca,
la remota comarca sin nombre ni recuerdo,
donde están detenidas
las agujas del tiempo
y las playas
tienen la soledad de los desiertos.
Huir
hacia las dunas del silencio
donde yacen
sepultados e inmóviles los ecos.

Olvidar toda ruta
y las huellas que inducen el regreso.
Borrar del propio corazón la brújula
y a solas, con el viento,
libre al fin,
con la infinita libertad de un muerto,
encontrarme a mí mismo
más allá de los límites del éxodo.
Pero,
¿cuál el camino que me lleve tan lejos
que no pueda seguirme
ni el propio pensamiento?

NUNCA

Esta palabra amarga, la que llega
de la distancia última
golpeando las entrañas,
esta palabra “nunca"
vestida de silencio, vestida de congoja,
traída por el viento que nace de las dunas
y azota los cantiles
de final amargura,
esta palabra
donde todas las voces se pierden y se truncan,
hoy retorna inclemente; hecha hielo,
desnuda,
preñada de la inmensa
soledad de las tumbas
que, perdidos sus muertos,
no han de cerrarse nunca.

LAURA LILIANA 


Llegaste cuando el otoño
me hablaba de soledad,

cuando mis viejos laúdes
ya no snbiaa cantar

Tus claros ojos trajeron
Signos de viento y de mar,

una lágrima temblando
con infinita ansiedad

y algo tan nuevo, tan limpio,
con sabor de eternidad,

que mis laúdes de muevo
han aprendido a cantar

MARIA DE LA NURIA 


Para reemplazar el llanto,
nos trajiste tu sonrisa

y tu carne hecha de mieles
donde la luna cautiva.

detuvo sus pinceladas.
Por ti amanece la vida.

balbuceante de ternura
y se restañan heridas

cuando tus pequeñas manos
y tus absortas pupilas

abren surcos de milagro
dando razón a la vida.

http://fernando-sabido-sanchez.blogspot.com/2012/06/7218-julio-ameller-ramallo.html

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