JUSTO A. FACIO

Santiago de Veraguas (Panamá), 1859-San Jose de Costa Rica, 1931

A UNA PECADORA


Tu espíritu, a las sombras avezado,
hasta las almas sorprendidas llega
y a sus ojos atónitos despliega
la visión tentadora del pecado.

Cuando, con picaresco desenfado,
entre tus labios la sonrisa juega,
ante ti el pensamiento se doblega
como un dios dulcemente subyugado.

El profuso montón de tu cabello
es como negra y fúlgida cascada
que el aura voluptuosa desordena. . . . .

Quema tu boca con ardiente sello
y tiene en sus abismos tu mirada
atracciones obscuras de Sirena!.

CRISÁLIDA

Es el verbo crisálida en capullo,
y fecunda sus celdas luminosas
el alma inescrutable de las cosas
que desdeña por simples el orgullo.

Yo las sigo en el cósmico barullo
y advierto en vibraciones misteriosas
como un sordo incubar de mariposas
en el fondo del rayo y del arrullo.

¿Qué aliento vivo las fecunda y crea
y en ellas pone singular decoro?
El alma de las cosas, que es la Idea;

¡y si el soplo del arte las anima
al punto rompen el capullo de oro
y vuelan con las alas de la rima!

Mis versos, 1894.

TU RECUERDO
A Virginia 

MADRIGAL.


Semejantes a fieros invasores,
los años implacables han pasado
dejando entre sus ruinas sepultado
mi vergel de esperanzas y de amores.

Más allí, resistiendo a los rigores
del tiempo y de las cosas y del hado,
tu recuerdo no más ha conservado
la frescura y la luz de sus albores.

Suele haber en desiertos arenales,
nutrido por ocultos manantiales,
árbol que galas sin cesar ostenta:

Pues así como ese árbol que florece,
no perece el recuerdo, no perece,
si la fuente del llanto lo sustenta.

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