POETAS ECUATORIANOS


ALFREDO GANGOTENA

ARTURO BORJA 
AURORA ESTRADA Y AYALA
CÉSAR DÁVILA ANDRADE
JORGE ENRIQUE ADOUM
MEDARDO ANGEL SILVA
NICOLAS AUGUSTO GONZÁLEZ

ATANASIO VITERI KAROLYS


Latacunga-Ecuador, 1908-1965

LA LÁMPARA DEL VIEJO CAMPANARIO
 


El barco soporta su prisión
En la playa de Yarmouth,
El vaivén taciturno de sombrías maderas
Resuena,
Cuanta canción de venturoso cedro
En deseos, se extiende por el mar.
No hay vestigio de vida
En el brumoso barco,
Apenas, en su interior,
Un jarrón de porcelana con algas frescas
Se enciende.
Lámpara que descubre la ventana del barco,
La playa que estimula un galope de estrella,
He oído resonar las obscuras distancias.
Así cada noche es estelar
Para tu lágrima viejo marino
Para que sacudas
Los cabellos rubios de CAM,
Para que enardezcas su ardiente y salada
Canción,
Para Esidas el tránsito de una doncella
Inundada
Entonces, oh barco chapoteas como un niño
A la vista del agua.

JOSÉ RUMAZO GONZÁLEZ


Latacunga-Ecuador, 1904-Quito, 1995

SAETA
 


Reverbera mi espíritu
En diademas de agua
Los rayos de la luna
Se hacen bucles templados
Para caber adentro
Del corazón sufrido.

Y tu cara ovalada
modulando la eclipse
se desata en los ojos
y se anuda en el ceño.

Y tu cara ovalada
Como un témpano viene
Desde un ártico muerto
Toca el alma y se vuelve.

No me mires con ceño
En las diademas del agua
Flotan las sagitarias.

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FÉLIX VALENCIA VIZUETE


Latacunga-Ecuador, 1886-1918

PUEBLO
 


Con esfuerzo viril y altiva frente,
saluda al sol que en el oriente asoma,
para arrullar al bueno, sed paloma,
para herir al malvado, se serpiente.

Al soplo de tu aliento, rudamente
para abatir al roble, sed carcoma,
para arrastrar al cieno, sed torrente.

Destruye ya tus ídolos de lodo,
tu mano es la que todo cambia y muda,
tu mano es la que abate y alza todo…

Y ante esta nueva luz que te ilumina,
y ante este nuevo sol que te saluda,
deja la inercia, ¡ levántate… y camina!

TU BOCA

Quien al sentir su corazón opreso,
no se enloquece solamente al verla,
ni en el fondo del mar hay tanta perla,
ni en ninguna otra boca tanto beso.

Al dar paso al encanto con que ríes
y se entreabren tus labios virginales,
parecen dos capullos de alelíes,
empapados en sangre de corales,
empapados en sangre de rubíes.

Y cuando la impulsó de hondo desconsuelo,
lloras y con tus lágrimas los mojas, 
tiemblan en ellos como perlas rojas,
como tiemblan los astros en el cielo,
como tiembla el rocío entre las hojas.

Si cantas, los arrullos de tu acento,
me hablan con la dulzura de ese idioma,
que toca el corazón y al sentimiento,
y gime, como gime el sufrimiento
y arrulla, como arrulla la paloma.

La ardiente sangre de tus labios rojos,
a beberla en los mismos me provoca.
Yo te quisiera dar en mis antojos,
un mundo por un beso de tus ojos,
un cielo por un beso de tu boca….

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ALBERTO VAREA QUEVEDO


Latacunga-Ecuador, 1882-1967

HIMNO A LATACUNGA
 


Latacunga, pensil de los Andes, 
incrustada entre frondas y prados,
do surgieron los más denodados,
los filántropos, sabios y grandes.
nunca el sol alumbró ni la luna
más fecunda porción dela tierra,
alta, heroica en la paz y en la guerra
y de insignes y de héroes, la cuna.
Cotopaxi, el titán de los montes,
Iliniza, el coloso al poniente,
te vigilan ciudad eminente,
de infinito saber y horizonte…
de tu seno de luz y esplendores,
de tu rica y magnánima sierra
se elevó cuanto en héroes se encierra
tu vergel de grandezas y flores,
tierra excelsa, do el genio culmina,
héroes, musas, la ciencia, la mente,
amor patrio grandioso y ferviente,
de belleza y gracia retina.
es genial tú perpetua hidalguía,
tú modestia, tú plácida calma
a do vaya te llevo en el alma,
adorada y feliz patria mía.
si algún día- maldito ese día
se pretende empañar tu grandeza,
lucharemos aún en la huesa, 
vengaremos la vil felonía.


CORO

Conquistadas con sangre y valor, 
Latacunga, tu fama y tu gloria, 
vivirán a través de la historia 
aureoladas con triunfos y honor.

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ENRIQUE ITURRALDE IRAZÁBAL


Quito-Ecuador, 1857-1941

DOS COLOSOS
 


De la región nativa el nombre caro
al de su ígneo volcán unido vuela,
cuando terrible la comarca asuela,
entre tinieblas, con sus llamas, claro,
de sus venas auríferas avaro,
en aluvión inmenso se deshiela,
retumbando lanza humo y candela,
sus entrañas en feroz disparo.
Opone al de exterminio otro gigante,
En el mundo del bien, más alta cumbre.
León su frente de virtud radiante
abre a la patria otra era de la historia,
de la alma ciencia a la divina lumbre,
y le inaugura el templo de su gloria.

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JUAN ABEL ECHEVARRÍA


Latacunga-Ecuador, 1853-1939

¡PASÓ... COMO UN LUCERO...!
 


¡Pasó… como un lucero en su carrera,
alumbrando del arte el puro cielo!
¡Pasó… regando flores en el suelo,
como pasa gentil la primavera!

¡Pasó… abrazado a su arpa lastimera
cantando, como el ángel del consuelo,
por temperar el hondo, humano duelo,
en su ascensión a la eternal esfera…

Luz de verdad, de la belleza flores
y armonías del bien fueron su vida,
¡nido que abandonaron ruiseñores!

¡Mas, los cándidos rayos de la Gloria,
que en su tumba se deja ver erguida,
salvan de olvido su inmortal memoria!

MADRE MÍA

Cuando la melancolía
cava más hondo en mi duelo,
torno los ojos al cielo
y en ti pienso madre mía.

Desventurado sería
sin tu recuerdo halagüeño,
que feliz soy cuando sueño
que estas viva madre mía.

En tu seno me dormía
como en regalado nido,
muerta tú, nunca he podido
dormir así madre mía.

Aún siento lo que sentía
cuando me enseñaste a orar,
y jamás podré olvidar
tus plegarias madre mía.


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JACINTO DE EVIA


Guayaquil-Ecuador, 1629
Siglo XVIII

SUEÑO AMOROSO
 


Con qué gusto entre los brazos
de Nise gocé un favor,
que eterno juzgó mi amor
por ser de tan fuertes lazos:
mas, ¡ay!, que breve los plazos
llegó mi dicha a gozar,
pues sólo vino a estrujar
del alma tan dulce empeño,
en breves sombras de un sueño
que se acabó al despertar.

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FRANCISCO FALQUEZ AMPUERO


Guayaquil-Ecuador , 1877-1947

VENUS NEGRA
 


Alta y fornida, cual gallarda encina,
de ébano tiene el resplandor tu seno;
eres un vaso de febril veneno
con sabores de miel luciferina.

Tu mirada picante es de felina,
hembra de lomo mórbido y relleno;
tu rojo labio, en el festín obsceno,
lanza su muelle copia libertina.

Como el manto cobrizo de una hoguera,
envuelve tu ampulosa cabellera
las desnudeces de tu carne ardiente;

y en el dogal de tu insaciable abrazo
se mezclan las crueldades del zarpazo
al lánguido ondular de la serpiente.

EL BUZO

Del costado en vaivén de la piragua,
en un claro remanso ribereño,
baja el buzo. Su prócero diseño
copia en su lomo vacilante el agua. 

Relumbra el cielo como ardiente fragua;
filtran los chorros áureos el risueño
cristal dormido... Más allá, el desgreño
de su rompiente ostenta una cancagua.

Abierto del flujo de las ondas
sobre lecho de arena y algas blondas
yace el cable de voces inauditas.

Mudas están pero el obrero fuerte
se hunde sin miedo en el abismo inerte
y desata las lenguas infinitas...

SANGRE Y ARENA

El pueblo acude a la función de gala,
cual la plebe de Roma al Coliseo.
Hay de telas suntuoso cabrilleo,
mil abanicos en batir de ala.

El sol, en chorros de color, resbala
sobre capas y mantos en coleo;
las manolas de rítmico ceceo
destellan como luces de bengala.

Por los palcos, en ánforas de arcilla,
ofrece la ojinegra gitanilla
sus refrescos que aceptan las huríes. 

En la arena, do expira un bravo toro,
enjuga el diestro, de chaqueta de oro,
su estoque tinto en gotas carmesíes.

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ALFONSO MURRIAGUI


Quito-Ecuador, 1929

YO, EL DESHABITADO
 


Yo el deshabitado,
muro de cal sin tiempo
y piel entumecida;
yo el de abajo,
con humo en las costillas
y el silencio en los ojos
desafiando.

Yo, el asombrado,
estoy atando al hambre
com un cordón muy fino
y temo que se suelte
y se desborde;
suelta no podrán sujetarla,
desbordada
no podrán detenerla
ni con espuma,
ni co golpes
de arena enmudecida.

Yo el que camina abajo,
con pies ausentes
en su propia tierra;
yo el sin cálcio,
el desterrado en sombra,
el “no moleste”;
yo el que corte mi sangre
y me ampute los dedos
uno a uno.

Yo el de abajo;
sexo, nariz y pelo;
yo el que viene,
sin domingo de ramos
y sin viernes.

DESDE EL OJO DEL ÁRBOL 


Agazapado, tenso,
con el huracán en el ojo,
camino sobre el mundo
con la esperanza
de que un hombre nuevo
se levante.

Sabemos que la quietud
no sirve
para sacar las espinas
que mantienen despierto
al intestino,
ni que los dos maderos
que clavan mi otro yo
pueden oscurecer el rayo cenital
que habita en los caminos.

Si estuviera inmaduro,
buscaría un pretexto
para decapitar al pez
que viaja rectilíneo,
o dejaría que se mantenga
quieto el rascacielos
que juega en la sombra
del agua.

Pero sabemos
que vienen otros tiempos,
que la memoria
ya no está deslumbrada
y que los dientes
son piedras preparadas
para romper
el miedo que nos ata.

Por eso poco importan
los minutos de espera,
si sabemos que viene
la innovación secreta,
en el ojo del árbol
o en la raíz del agua

LA HORA DE LOS CONEJOS 


En la noche,
cuando tienes sumergida
la caricia
en un nudo de arena,
cuando de tu presencia
solo habla
la huella de la luciérnaga,
buscas la voz del fuego
para alumbrar tu rostro.

En la noche,
cuando desfilas por la hierba
en busca de tu hermano
y bañas tus recuerdos
en las alas viajeras
de tu ancestro,
desconoces el nombre
que te pusieron
dos veces al revés
para ocultar tu nombre
.
Cuidas tu noche
porque sabes que servirá
para escapar del látigo,
para contar los capulíes
y dar vuelta al mensaje
que danza en la fogata.

Tu vienes por la noche
y tus manos
se van por las veredas
buscando las huellas
de los conejos
o la cascada gris
de la neblina.

Por eso tienes
las rodillas en punta,
la lengua afilada
para beber las sombras
y los brazos atentos
para decapitar los grillos
que te espantan.

DOS VECES VIDA 


Vuelve dos veces
al sitio de tus párpados,
retoma tu intestino
y aléjate del fondo
de tu lagaña ausente
para desconocer lo conocido.
Deja de estar sujeto
al paso absorto
en la mitad del hilo;
escapa de la urgencia
que se pudre
en las puntadas viejas
del mismo amanecer
embrutecido.

Ponte tus dos mitades,
saca tus nuevos dedos
y camina seguro
por las frescas raíces

¿Crees que te darán
los surcos por tus manos?
¿Te comprarán los ojos
por un juego completo
de pan nuevo?
¿Te ofrecerán camisas
transparentes
para cubrir tus siglos?

¡No!
Todo te negarán,
te llamarán perverso
cuando quieran hundirte
y te dirán hermano
cuando quieran pisar,
sin que protestes,
tus mil huesos ausentes.

Tienes que desconfiar,
dejar de lamentarte
por el agua que pasa;
tienes que ir, resuelto,
a rescatar el polvo
que deja tu mejilla.

No tengas miedo al grito
ni al caballo que salta.
Tú puedes, alza el NO
y no te quedes sumiso
sin la vida.
Ha llegado la hora
de dar la media vuelta,
de saltar contra el muro
y arrojar, con tus manos,
el dolor y la afrenta.

DESDE LAS RAICES 


El recorrido siempre fue igual
desde la lengua del caracol
hasta la barba del maíz.
Sus huellas están presentes
en el paisaje que refleja
la luz y el hambre
de todas nuestras gentes.
Ya nos hemos cansado
de andar la misma ruta;
queremos hacer otros caminos,
desenterrar los soles escondidos
y salir con las manos
llenas de nuevos hijos.

LA SANGRE Y SU RECUERDO 


Cae la pestaña y se va,
con un pedazo de ojo,
a descansar
al fondo de la lluvia.

Cae la palabra
y se lleva
la soledad del viento
a navegar de contrabando
al río.

Cae la sangre
y sigue circulando
en la moneda abierta
del recuerdo.

Así,
mientras la lluvia se evapora
y el viento se adormece,
los glóbulos
sedientos de futuro
van llenando los sueños
con su savia.

EN BUSCA DE RESPUESTA 


Busca la luz que te hace falta,
descubre la música
que tienes en tu barro
y tu mañana.

Todo lo que reclamas
está en tu propia sangre,
en la nube espectral
que dejó tu presencia
en la piedra ignorada.

¿Por qué tus ojos limpios
buscan la luz
en playas ignoradas,
si tienes en tus manos
el color de tu misma
indumentaria?

¿Para qué esas preguntas
al forastero
que perdió su carpa,
si no te va dejando
media hora de esperanza?

Sabes cuánto te beneficia
la alborada
y jamás te detienes
a refrescar tus pasos
en la escarcha.

Vas sin buscar respuestas,
sin preparar tus dientes,
ni dar las dos puntadas
que faltan al paladar del agua.

¡Deja de reclamar
el sol,
toma tu voz y canta!

LAS REDES DEL INSOMNIO 


Es fácil dar la vuelta
el calendario,
tachar los días malos
o suprimir, sin prisa,
los domingos.

Pero vivir a fondo
los minutos,
darle el tiempo preciso
a la media hora,
señalar el instante
del retorno,
eso ya no es tan fácil.

Porque se acaba el tiempo
tratando de lograr
un pez redondo,
que caiga
entre las redes
del insomnio.

VIAJANDO EN LA PALABRA 


Somos desde hace tiempo,
venimos del mismo continente
en donde, poco a poco
quieren sacrificar
a las luciérnagas.

No nos han dicho nada,
pero todos los días
la piel se va estirando
para abrazar al río y
besar la montaña.
Ya pasaron los tiempos
de naufragar en sueños;
hoy queremos viajar
al fin de la palabra,
para darle la forma exacta
a la esperanza.

¡HOLA! 


¡ Hola ! río viajero,
pájaro que rompes
la soledad
con tu guitarra.

¡ Hola ! carrizo firme,
voces de rondador
en tu garganta.

¡ Hola ! manos y dientes
progresivos,
que muerden el futuro
y amasan la canción
de los caminos.

Este ¡ Hola ! general,
es para la firmeza
de la gente
y para el duende eterno
que me habita;
para los camaradas
que se fueron
y para los que beben
la luz
en los nuevos senderos.

I

Yo no nací
para quedarme quieto,
clavado como señal
de kilometraje
en el camino.

Necesito viajar
en las manos del aire,
irme por las raíces
hasta encontrar
al hombre nuevo
en la canción del agua.

II

Cuando muera,
los árboles que sembré
se quedarán firmes,
proyectando al viento
mis recuerdos.

III

Desde la ventana
miro el bosque,
el vuelo
de los pájaros;
el enjaulado
soy yo.

IV

Mientras la lluvia cae,
los pájaros
planifican la paz
bajo la acacia.

V

Eucalipto:
árbol de peces iguales
que navegan lentamente
entre las ondas del aire.

Murmullo de mil cristales
que se rompen en la tarde,
manos tenues que dibujan
el paso de las edades.

Manojo de peces secos,
dedos que juegan al aire;
en tus ramas se han quedado
verdes los gritos del aire.

VI

Excéntrico señor,
dueño del bosque,
suspendido en el aire
el colibrí se baña
con la miel del geranio
y la luz de la tarde.

VII

El horizonte
es una línea
imaginaria
que se borra
de las pupilas
cuando la muerte
nos atrapa.

II

El beso
es una pluma
o la dulce expresión
de una manzana;
es la luz detenida
en el instante
en que la vida
canta.

III

Nombre de mar,
sonrisa de ternura,
mi compañera
teje la mañana
mientras los colibríes
chupan la miel
en sus pupilas claras.

IV

Si tus ojos
se detienen a mirarme,
me quemaré, adentro,
con la candela
de la esperanza.

V

Mantente despierta:
si cierras los ojos
se me apaga
el mundo.

VI

Se da la vuelta el tiempo
y nos encuentra
buscando la memoria
de los sueños,
el túnel de los besos,
el fuego que habitó
nuestros silencios.

Y volvemos a estar,
como al comienzo,
en el ojo del agua
y su misterio,
en senderos distintos
que al unirse
recobran la ternura
de los viejos recuerdos.

I

Se que la vida
no se va, se queda
en la mitad
de todos los caminos,
en la mirada azul
de los que pasan,
en la guitarra clara
del recuerdo.

II

Dejamos pasar la vida,
simplemente,
sin comprender que vivir
es robarle
algo a la vida.

III

Para que la derrota
no nos empuje
al lado negro,
debemos darnos cuenta
de que emergemos
desde el suelo,
que las cosas nos marcan
en el ojo
y que la gente
confía en nuestra fuerza
para tomar la luz
y conducir el fuego.

IX

Con la guitarra al hombro
al poeta es un pez
que escala la mañana
y busca en la ciudad
o en la montaña
las palabras precisas
para planificar
la luz y la esperanza.

X

A cada cual su tiempo:
a la abeja,
el tiempo de las flores;
a la luna,
el tiempo de las algas;
el fusil,
el tiempo de los pueblos.

De LOS INSTANTES
DEL AGUA
(fragmentos)

II

La magia del agua:
de su caricia nacen
los caracoles
y las algas.

III

Si buscamos
algo que se iguale
al amor,
encontraremos
que no hay un beso
tan envolvente y tierno
como el beso
del agua.

VI

Abre la boca, pez,
quítale, de sorpresa,
dos segundos de luz
al agua quieta.

VII

El alcatraz
lima con su radar
la piel
del agua.

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