MIRTA AGUIRRE


La Habana-Cuba, 1912- 1941 


SONETO

Amor, raro es amar si ya se ha amado.
Amor, raro es volver al mismo puerto.
Raro el amor que no se mira muerto
cuando los años-tantos-han pasado.

Es raro amor, amor resucitado
que desde el tiempo yergue el fuego cierto.
Distancia y tiempo, sabe el pecho experto,
son el frutal de amores, viento helado.

La vida borra, pasa, desengaña,
tiene un paciente corazón amargo
que enseña a dejar irse lo perdido.

Y siendo así la vida, ¿No te extraña
que un amor pueda hacer surco tan largo,
que un amor que se fue, no se haya ido?

DESPEDIDA

Yo me llevo mi amor, mi desvarío. 
lo que está ya a mi ser incorporado 
mi caricia en tu párpado cerrado, 
el roce de tu pecho junto al mío.

Me llevo una nostalgia como un río 
manándome incesante del costado. 
Al pobre corazón enamorado 
le es duro retornar a su vacío.

Por haber compartido la locura 
que floreciera en mi como una rosa, 
aunque ya nunca junto a mi las vea,

benditas sean tu boca y tu ternura, 
bendita sea tu carne vigorosa, 
tu suave comprensión, bendita sea.

MARINERO DE LA MAR
Marinero de la mar
me moriré en un naufragio.
De poco vale un presagio
Cuando es fuerza navegar.
Ay,
no me pesa de la mar
ay,
ni de la muerte me pesa.
Marinero de la mar
yo moriré en un naufragio
¿El presagio? Ay, el presagio
no lo podré remediar.
Pensadlo. Para salvar-
me escapando a ese destino
renegaré del marino 
corazón con que nací?

TODO PUEDE VENIR

Todo puede venir por los caminos
que apenas sospechamos.
Todo puede venir de dentro, sin palabras
o desde fuera, ardiendo
y romperse en nosotros, inesperadamente,
o crecer, como crecen ciertas dichas,
sin que nadie lo escuche.
Y todo puede un día abrirse en nuestras manos
con risueña sorpresa
o con sorpresa amarga, desarmada, desnuda,
con lo triste de quien se ve de pronto
cara a cara a un espejo y no se reconoce
y se mira los ojos y los dedos
y busca su risa inútilmente.
Y es así. Todo puede llegar de la manera
más increíblemente avizorada,
más raramente lejos
y no llegar llegando y no marcharse
cuando ha quedado atrás y se ha perdido.
Y hay, para ese encuentro que guardar amapolas,
un poco de piel dulce, de durazno o de niño,
limpia para el saludo.

SONETO DE MAÑANA
Yo no tendré ya voz y sí una oscura
sonrisa-luz sobre mi gris reciente.
Cáliz de rosa desleída. Ardiente
repaso de sonrisa en sombra pura.
Meridiano solar de alba en procura
de pleno sol. Simiente de simiente
con raíz escondida en tierra y frente
a la brisa y al fuego en hendidura.
Ola de arena y cal y espuma de ola,
siendo, sin ser, mejor aún que si fuera,
viviendo en humus y en dispersa nada,
en aire y luz y plata y amapola,
de clorofila y mineral viajera,
renuevo intacto, vida libertada.

ELEGÍAS

II

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Yo me acostumbro a estar sin ti. ¿Lo entiendes?
Quiere decir, amor, que no amanece;
quiere decir que aprendo a abrir los ojos sin tu beso,
quiere decir que olvido, amor, que yo te olvido.

Como un morirse lento, implacable, a pedazos,
yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Y acostumbrarse es una cosa oscura,
es una cosa eterna, sin caminos,
como un caer, caer en el vacío.

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Y un día y otro pasan.
Y un día triste no es día sino un cortejo inmenso.
Y dos días de tristeza ya no pueden decirse.
Y acostumbrarse es una palabra irremediable
que ojalá nunca sepas.

Una criatura tiene su tamaño,
tiene su borde estrecho, su medida.
Y ha de haber para todos la tremenda alegría,
esa infinita dicha que es un derecho humano.
Ser feliz, amor mío, es como el aire, el agua,
algo para la vida.

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.

Lejos, tu mano corta el pan para otra boca.
Lejos, suenan tus pasos como yo sé que suenan.
Lejos, amor, muy lejos.
Y allí, donde mi angustia está sin ecos,
tú sonríes, tú eres,
y no sabes, amor, con cuánta sangre,
con qué amarga paciencia,
con cuánta fuerza para ahogar, yo olvido,
yo deshago mi sueño
y me acostumbro, amor, y me acostumbro.



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