ANGEL GAZTELU, SACERDOTE


De Cuba
Puente de la Reina- España, 1914- Estados Unidos, 2003


Ojos que me habéis mirado
tan profundamente el alma,
que toda la habéis ganado
para vuestra noche y calma.

Lumbres que me habéis herido
con ímpetu tan certero,
que morir a lo vivido
es vivir por lo que muero.

Por eso el alma pena mirando a las estrellas y al mar
confía sus voces;
su voces que en rumor de la paloma aprenden
la espuma del nombre.
Del nombre en quien todo renace y vive eternamente
florido y joven.
En esta noche he vuelto a encontrar un nuevo gozo
de indecible calma.
Frente al mar sereno, se siente al Dios, que
nos perdona y ama.


(De Gradual de laudes)

¡Oh noche, oh cena dulcísima, oh visión encendida
en la luz de tu rostro.
¡Oh manjar, que te come el hombre y se encumbre
más que el ángel
cuando todo el cielo emigra, derramándose en su pecho,
enciende la sangre y hace del alma, tálamo de Dios,
selectísimo.

Y mi nombre, Señor, escríbelo con el fuego de tu sangre,
de tu sangre imborrable, más rica que la plata y el oro,
en el libro de la Vida.
Es todo lo que quiero pedirte, Amor, esta noche a la paz
de tus estrellas.

Azucena: tu candor
nieva el nombre de María,
clara alba, puerta del día,
fuente de gracia y olor
que ordena al hombre el amor.
En el huerto del cantar
viste al Amado gozar,
recreándose en tu aroma,
cuando empezó la paloma
con la flor a despuntar.

Miraba la noche el alma
y era tan fina su pena,
que deshojaba la calma
remota de la azucena.

Nunca, noche, comprendí
como anoche tus querellas,
cuando en tu raudal bebí
efusión de tus estrellas.

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