VÍCTOR CASTRO

Santiago de Chile, 1920-86

GRISELDA


Tu verde corazón, tu flor perdida,
tu escalera sutil, tu firmamento,
ese tallo que nace de tus senos,
oh, Griselda, perdida en otra nube.
Disuelto jazmín que en la madera
rompió sus carabelas, que sus ojos
en el límite inconstante sacudieron
esa gota codiciada por la llama.
Y tu enigma de cólera celeste,
y tu mar desbocado en tu mejilla,
y ese leve calor que a tus cabellos
ha subido como a triste Paraíso.
Plumaje de cristal ya tan dormido,
pensativa en el musgo del secreto.
Griselda en el espacio de la luna,
tan insomne, tan amarga, ya temblando.
Respiraba tu dalia, respiraba
el laurel que en tu sangre se disuelve.
¿Lloverá sobre esta luz, tan sin olvido,
donde deja Griselda los otoños?


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