RAFAEL TORREBLANCA

Copiapó-Chile; 1854 - Batalla del Alto de la Alianza, (Tacna), 1880

EL ADIÓS
 


Lucero misterioso del amor
que brillas entre nubes escondidos,
al fulgor de tus rayos he sentido
tembloroso mi pecho palpitar.

¡Voy a partir! El dedo del destino
me señala, quizás en lontananza.
un remoto sendero de esperanza
que conduzca a las gradas de tu altar.

Voy a buscar en medio de la guerra
entre el humo sangriento del combate
una bala piadosa que me mate
o algún rayo de luz para mi sien;

un rayo que alumbrando mi existencia
me permita llegar hasta tu lado
de triunfales laureles coronados
para ponerlos todos a tus pies.

Cuando suene el clarín de la batalla
bastará, Clementina, tu memoria,
para lanzarme en pos de la victoria
con altivo y osado corazón;

y si el plomo enemigo me derriba,
tu nombre solo, fúlgido lucero
brotará de los labios del guerrero
como el postrero y eternal adiós.

Mil veces por dichoso me daría
si el tomar el fusil en la matanza
una sola palabra de esperanza
pudiera de tus labios arrancar;

y si caigo y derramas una lágrima
por la memoria pálida del muerto,
las arenas candecentes del desierto
con moverse mis restos sentirán.

Cuando bese las brisas tus mejillas
y jugando en tu rubia cabellera,
a tu oído murmuraré placentera
vagas frases y voces y de amor;

entonces ¡ay¡ recuerda que te adora
más que a su vida un mísero
que deja al separarse de tu lado
en estas líneas su postrer adiós.


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