JULIETA MAHAN ARANDA


Valparaíso-Chile, 1915-Viña del Mar, 2012


BESOS SIN VIAJE

Tendida en la luna
besó mis pies.
El beso de sus labios
fue fulgor extraño
quedé bebiendo la dicha
en mi pequeño claustro.
Aprendí su serenata
eco sin palabras.
Se llevó el recuerdo
de mis pupilas.
Lamento del alma
amenizó el olvido.
Dejó en mi pecho
imposibles realidades.
Nunca sabré cuánto
me habría amado.
Quedó el silencio escondido
jamás podré escucharlo.

¡SEÑOR DIOS!

Te doy las gracias con el resto
de mi esmirriado cuerpo
y los soplos del alma enferma.
Esta carne etérea sin sangre,
los ojos escondidos
en los boquerones de mis cuencas.

Con mi paso sujeto de ansias
afirmado por el pesar
de la vida que llevé,
mirar por última vez la lluvia benefactora
que despida mi alma.

Colgué con gran esfuerzo mis ropas sin talla
trastabillando llegué a la ventana,
sentí fuerza, energía,
alargué mi mano,
mojé mi cara.

Quise gritar, mis labios exangües
ahogaron mi grito en la garganta.

¡CRISTO JESÚS!

Dos mil años hace
que te espero.
¿Cuándo vendrás?
No me ciegue la luz
de tus cabellos.

La tierra que nos diste
tiene hervor de silencios.
Todos quieren
un sonido de violín
en su estrella
y perdón de pecados.

Tengo la mía
alojada en mi pecho.
No cierra los ojos.
¡Te espera!
Y perdón de pecados.

LA NIÑA ENFERMA

En su alba cama de rosa y espuma
descansa la niña de inmensos ojos,
grandes uvas de plata y cristal.
Irradia ternura su frente amorosa,
su cabello rueda esplendor y belleza,
húmeda, fresca su boca de sueños
rosa brillando sus soles, besando las flores
a su tierno soñar…

Su cuerpo abrazado de mar y de cielo
se dibuja en su alba cama de espuma y rosa.
Sus ojos esperan vigilantes…
interrogando al silencio,
deslizando su encanto, belleza y asombro,
la niña de inmensos ojos de uva de plata y cristal.

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