JOSÉ LUIS NÚÑEZ


De Espartinas-Sevilla-España,1943-1980

S.O.S. SUR


Y se nos muere el Sur con la alegría 
y el color en los labios. 
Lentamente, 
casi sin anunciarnos su dolencia, 
su álgida diabetes. 
Qué agonía 
diluída y confusa... La rubrican 
los olvidos y lacran los anises 
en sus pirámides vacías. 
Qué 
epidemia y qué muerte tan extraña. 
Nadie teme el contagio. Hasta se acercan 
con más curiosidad, menos modales, 
maneras precautorias. 
Ay, amigos, 
que se nos muere el Sur y no dispone 
siquiera de un cadáver a propósito.

SONETO DEDICADO A LA GUITARRA

Encantado matraz. Cuna ambulante
De los genios del Sur. Torre sin ley
De gravedad, rendida. Ojo de buey
Sobr el mar telegráfico del cante.
Parto simaés. Caminos de bramante
Por los que vaga, errático, Undivé y
Sacrifican sus picos de carey
Las palomas del tacto. Sibilante,
Descarnada pupila. Caja huera
Donde el viento redondo se deslía
Y ruge ante el serrallo, eunuco y vano,
Al ver cómo da a luz la cuerda austera
Y cómo se cristiana la armonía
En la concha andaluza de una mano

HIMNO FINAL

La senda de los tigres ha crecido
como un hermoso salmo de la creación.
No valen alambradas de espinos, colgajos
de cebú en las chozas de adobe,
barracas ambulantes donde especulan graves,
expertos hechiceros.
Hoy, inmortal, la especie
sos ciega con su marcha. Se vuelve a las montañas
de donde nunca debieron arrojarle. Abre 
un largo camino de música y de peces
en los suburbios de las grandes ciudades.
Es la vuelta del éxodo, retorno hasta el origen;
la jungla, con sus noches y ese poder oculto
que parece plantarle cristalinos de vírgenes
esquivas, consagrados acechos desde el altar de niebla
de los troncos, mellizos alfileres vegetales;
el ballet perezoso, insomne de los manglos
como ubres que ordeñan, generosas, las sombras
al compás del poniente. 
La cenagosa crencha
que peina en el pantano el lomo del puerco espín.
La paciencia ancestral de la iguana, o el lápiz
mágico del picaflor.
Otro betel lo tenga allá en la fronda,
traspuesto ante el anillo dorado de la luna.
No a ese número fácil para el que fue entrenado.
Era la vida, entonces, yugular de mentira
a la que había que asirse para sobrevivir;
la presa venía luego; se la daban los otros,
caliente, todavía, el esfuerzo del público;
dispuesta en su menú, le privaban incluso
del pudor a la sangre.
(¿Cómo lo harían ellos
que tan bellamente exornados presentaban
los miembros, la captura?)
No a ese número fácil,
a ese tren de nostalgias que anda por las ciudades
arrastrando sus cárceles.
La senda de los tigres ha crecido
como un hermoso canto de justicia.
Loemos al Creador que tan generosas fronteras
abre, así, a la libertad.

Del libro Los motivos del tigre (1971)


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