FRANCISCO GRANIZO RIBADENEIRA


Quito-Ecuador , 1925 -2009

De ti, exacta, la cifra
del principio y el término,
la plenitud del cero,
la frecuencia infinita.

La total armonía
de tu cuerpo en mi cuerpo,
tu sonido y tu tiempo
y tu peso de vida

Traspasada del nombre
ningún nombre te acoge
más, audible, inefable,

y la mano te sabe
por tu olor y tu porte
de dulcísimo alfanje 

*** 

Este es mi amor y nada más, acodo
recurriéndote, así, terriblemente,
nacido, desnacido, adolescente
en las albas dulcísimas del lodo.

Sólo de esta mi suerte, de tu modo,
talud de sangre, cántaro cayente,
ordenarás dolor, asiduamente,
zafado peso, acaecer de todo.

Abierto a mi hambre de tus hambres. Duro
pájaro, por la piel, enfurecidos
acúdenme tu olor y ligereza.

¡Tacto! Desde la carne del conjuro,
atacado de todos tus sonidos,
vuélame el corazón, alto, tu presa.


AQUÍ, POR HONDO CORAZÓN ENTERO

-ángel la tierra y el vestiglo nube-
alta gacela de dolor acude
a la exiliada forma del acento.

Traída a desamor, caída a beso,
sonámbula perece, se alza y huye
la voz por las barrancas ¿qué consume
lengua, gacela en inefable hueco?

Sueño, de sueño velador. Gusano.
Ya todo el miedo de la carne en vilo
sobre el despojo vegetal del pájaro.

Y por súbitos aires aprendido
se desespera el corazón, clavado
en la pena y la rosa por el trino.


MÉTEME, DIOS, EN LA CELADA CELDA.

Insaciable, celoso,
muerde la entraña, Dios
bebe, mi pozo
olvidado y profundo, te estremezca
la vasta sed de gozo.

Reclúyeme, Señor,
cuida el postigo,
suelta el lebrel furioso de tu amor
y quédate conmigo.



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