EULER GRANDA


Riobamba-Ecuador, 1935


TAMBIÉN SUCEDE

A veces
el amor como un intruso, 
como un pelo
en el plato de comida. 
A veces el amor 
como enfermarse,
como estar ahogándose, 
como si hubiésemos robado 
y nos buscaran.
Otras veces con él 
qué borrachera, 
qué jubilosa azúcar 
inundándonos, 
qué tropel
en las venas,
qué cosa nunca vista, 
qué fiebre de colores. 
A veces el amor 
como pudriéndose. 

MÍA

Oh rota,
oh carcamal, 
recontra mía, 
hasta cuando no pueda más; 
hasta la cacha mía;
en las malas y en las peores 
pegada a mí,
a mí adherida; 
pereciente ventosa, 
liquen,
jarro viejo, 
queloide, 
que a veces da vergüenza acostarse 
contigo.
Como los que no pisan en el suelo 
yo renegué de ti,
yo te mandé a comer en la cocina; 
al virar las esquinas te pateaba 
pero tú me seguías;
para dejarte atrás 
me ponía a volar 
pero tú me seguías; 
me emborrachaba y vomitaba
pero tú me seguías
y cuando me quitaba la peluca 
de las buenas costumbres
y me tiraba de cabeza en el silencio 
al lado me gemías como un perro. 
Tú me comprendes,
las mujeres a veces,
te echaba a que durmieras en la calle, 
me escondía de ti, pero tú me seguías 
y hasta hubo un momento
que llegué a creerme demasiado bueno 
para ti,
pero igual me seguías. 
Oh! miísima,
oh! contrahecha, 
oh! patoja,
oh! tuerta,
oh! desdentada, 
bacinilla de a perro, 
oh! vida sarnosamente mía, 
he regresado a ti
hasta que llegue el día
en que no puedas soportarme.

LA ADVERTENCIA

Un día
le regalan a uno
una palabra
y uno la pone al sol,
la alimenta,
la cría,
la enseña a ser bastón,
peldaño,
droga anticonceptiva,
garra,
analgésico,
brecha para el escape
o parapeto.
Uno le saca música,
la pinta,
la vuelve más pariente
que un hermano,
más que la axila de uno.
Uno la vuelve gente
y en los instantes débiles
hasta le cuenta
las cosas subterráneas de uno;
pero cría palabras
y un día te sacarán los ojos.

LA DROGA

La más inofensiva,
la más sana,
la que nunca produjo salpullido a nadie;
la que hasta ahora que yo sepa
a nadie le ha pasmado la alegría;
la pájara,
la pajarita
que nos hizo volar sin ser aviones;
la que a mansalva nos hizo sudar miel,
quedar absortos
hasta sacar en conclusión
que el mundo lo teníamos cogido
como a una lagartija por el rabo.
Ese licor,
o si usted lo prefiere
esa licora
que nos hizo espumear sin ser cerveza,
que nos hizo calor en pleno frío.
La rica,
la pura gozadera
que no daba adicción
ni efecto de rebote
ni sueño dependencia
y así todo al respecto.
La bizca,
la bizcacha,
la tuerta,
la tuertacha
que nos hacía ver todo bonito y de colores
Esa descabellada primavera,
ese frescor sin nombre,
ese aroma sin cara,
esa borracha borrachera
que nos exacerbaba el apetito
para que devoráramos las fechas y las calles.
Esa droga, ese placebo
que no era cocaína,
ni peyote, ni crak, ni L.S.D. ni marihuana;
esa droga que en nada coincidía con un ave
y sin embargo era más ave
que las aves.
Esa destartalada,
esa chúcara fruta
que nos hacía sufrir delirios de grandeza,
alucinaciones, vahídos
y sin embargo teníamos
Más salud que los toros.
Esa recontramuerta,
esa enterrada viva droga de la juventud.



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