MARCIANO ZURITA


Palencia-España, 1887 – Madrid, 1929

PAISAJE CASTELLANO 

Campo de pan llevar abierto y raso
y de espumoso albillo de garrote,
como los cruzara Don Quijote
y los enalteciera Garcilaso.
Monte de leña arder, en leña escaso;
pueblo desolador, de misa y pote;
viejos de grave andar y ancho capote;
viejas de mal gruñir y lento paso.
Mozos ennegrecidos en la era;
mozas encanecidas en el huerto;
un pastor, un zagal, una chiquilla...
Los trigos tienen un color de cera.
Los pueblos tienen un olor a muerto...
¡ Y aquí he nacido yo ! ¡ Y ésta es Castilla !

LA YANTA

Negra cocina aldeana.
Rojo fogaril casero.
Vajilla talaverana.
Barreñón celeminero.
Ancha botija de azumbre
que pasa de mano en mano.
Y en la trébede, a la lumbre,
el puchero castellano.
Se charla de sembradura,
y de monda, y de molienda....
Todo del tiempo pasado
evoca el vivir glorioso.
Todo está santificado
por aquel santo reposo.
Y para hacer más lúcida
la yanta que se festeja,
mientras cuece la comida
impónese la conseja.
Y el más viejo de la grey
dice acompasado y quedo:
"Pues, señor, este era un rey,
un rey moro de Toledo..."

SANGRE DE LA RAZA

Hay en los hoscos llanos de Castilla un solar
que fué en días remotos una noble mansión
y que el tiempo ha venido, profano, a derrumbar,
arruinándolo todo menos un paredón.
Hay en el paredón una piedra sillar;
en la piedra, grabado, un sencillo blasón;
en el blasón, las armas de Díaz de Vivar,
y a los pies de las armas, vigilando, un león.
Y hay en las viejas garras del león inquietud,
y fuego en su melena, y orgullosa altivez
en su acerada y noble mirada de adalid...
Extranjero, no fies nunca en tu juventud.
Piensa prudentemente que no existe vejez
para el león...¡ Que aun muerto, fue vencedor el Cid!

RETORNO

En busca de alivio para mis dolores
llego a tí anhelante y apesadumbrado.
Como cuando mozos, en tiempos mejores,
déjame, condesa, sentarme a tu lado.
Me fuí de tí un día como aventurero,
y hoy vengo a buscarte como arrepentido...
Quizá ya no deba decir que aún te quiero;
pero sí decirte cuanto te he querido.
Traigo la escarcela limpia de doblones
y las trusas rotas y descoloridas.
Tengo el alma llena de desilusiones,
y el cuerpo y el alma cubiertos de heridas.
De mis malandanzas y mis desatinos
verás en mi boca la queja sincera;
del polvo que ofrecen todos los caminos
te hablará la nieve de mi cabellera.
He sufrido mucho y he gozado poco.
Todos los combates curtieron mi frente.
Y unos me tuvieron ¡ vive Dios!, por loco
y otros me tuvieron ¡ay, Dios! por valiente.
Si las valentías o si las locuras
guiaron mis pasos, no lo sé de cierto.
Lo que sé es que dentro de mis aventuras,
pensando en tus gracias estaba yo muerto...
Con todas mis ansias tan adoloridas,
te ruego hoy, lo mismo que en tiempos mejores,
que pongas tus manos sobre mis heridas
y pongas tus ojos sobre mis dolores...

12 Diciembre de 1926, ABC

DULZURAS 

Colmenares carrioneses,
con qué amor vuestros panales
regaláronme sus mieles.
Con todas vuestras abejas
he ido formando el enjambre
de mi espiritual colmena.
El tomillo de mi vida
tiene en su tosco ramaje
dulzura de poesía.
Mis labios, como el romero,
respiran una fragante 
suavidad de humildes versos.
Mi frente, como aurora,
tiembla con trinos de aves
y vuelo de mariposas.
En mi corazón se funden
todas las sonoridades
y todas las dulcedumbres...
Y es que a pesar de que el alma
viene hace tiempo empapándose
en lo amargo de las lágrimas,
aún guarda el pecho las mieles
que libé en vuestros panales,
colmenares carrioneses. 

SERENIDAD

Noche de luna en el cielo,
noche de luna en el alma.
El cielo y el alma tienen
hondas castidades blancas,
y tiemblan con una misma
cordialidad espontánea.
Mis ojos son como estrellas
ungidas y embelesadas; 
como una estrella es mi frente
inquieta, febril y pálida,
y cuando al cielo mis manos
anhelosas se levantan, 
son como estrellas que abren
sus cinco trémulas aspas...

Noche de luna en el cielo,
noche de luna en el alma.
Mis pasos van por la noche
dejando una huella blanca,
que en la tierra silenciosa
es como una Vía Láctea. 
Hay en mi huerto sombrio
menudas flores de acacia,
que son estrellas dormidas
sobre la noche del alma...
Florecillas como versos,
donde pusieron mis lágrimas
las perlas de su rocio, 
puras, ardientes y amargas... 

Noche de luna en el cielo, 
noche de luna en el alma.
Como dos bellas monjitas
virginales y extasiadas 
el cielo y el alma a un tiempo
rezan, sonrien y cantan.

CEGUERA

Tus ojos quieren guiarme
y no me dejo guiar. 
¿Qué caminos pueden ellos 
abrir en mi obscuridad? 

Yo voy buscando las rutas 
fragantes del ideal, 
y esas rutas en tus ojos 
nunca las podré encontrar. 

Tus ojos negros y ardientes 
son abismo y son volcán, 
y de volcanes y abismos 
yo nunca me he de guiar. 

Cuando tus ojos consigan 
tener la diufunidad 
de las estrellas, entonces 
yo me dejaré guiar. 

MADRID

Carcajadas, piropos, pendencias y cantares.
Mucho sol, mucha gracia, mucha luz, mucha gente.
Abajo, como un siervo, el río Manzanares, 
y arriba, como un rey, el palacio de Oriente.
Dos cúpulas de fuego, San Andrés, San Francisco,
que evocan el recuerdo de los inquisidores,
y un agudo puñal de piedra, el Obelisco,
que habla de los chisperos y de los curtidores.
En todas las ventanas un tiesto de claveles;
en todos los claveles la luz de una sonrisa,
y en todas las sonrisas un beso de mujer.
Novios bajo los arcos de todos los dinteles,
chulos que van despacio, chulas que van a prisa,
el auto de un ministro y un coche de alquiler...

LA ALCAHUETA

Broté de una zahúrda de bandidos,
como despojo de carroña lleno,
y se meció mi cuna sobre el cieno
entre risas, blasfemias y gemidos.

De dos flácidos senos exprimidos
chupé la sangre del pecado ajeno,
y aquella sangre fecundó el veneno
de que fueron mis labios concebidos.

Sé engañar a doncellas y a galanes,
preparar lechos, atisbar zaguanes,
curar esposas y burlar esposos.

Soy una vieja hipócrita y ladina,
y, en estos menesteres licenciosos,
el vulgo me da un nombre: Celestina.



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