JOSÉ MARÍA PORTUGUÉS HERNANDO


Valencia-España, 1918-Barcelona, 2008

ESTOY NACIENDO, AMOR
 


Morir ya no es posible.
Nacer sí, arrebatar, transfigurarse.
Aniquilar todo
para empezar de nuevo.

Así te siento ahora,
así sumerjo
mi locura de amar en tu presencia.

Por tu fecunda risa
he visto a mi dolor crucificado.
Por tus pechos
anda mi sed rendida.
Por tu cintura voy diciendo a gritos
cuán ardientes resultan
los anhelados bordes del deseo.
Por la curva suave de tu vientre
estoy naciendo, amor, estoy naciendo;
dulce curva de nube, alondra o brisa
que hacia honduras de miel va descendiendo.

en Viento de Dios (Barcelona, 2004).

GOZO Y SUFRIMIENTO 


Mirábamos el cielo. No sabíamos
como empezar a hablar. En ocasiones
es difícil hablar, medir el alma
con las pocas palabras que nos quedan
intactas todavía.
Hubiera sido hermoso hablar del mundo
con sus muertos, sus montes y sus árboles:
"Verás, hijo, en el mundo todo es nuevo
porque Dios no está en balde en cada cosa,
Además..." Pero no,
no pudo entonces ser así y dijiste
algo de mí, admirando mi silencio,
y te encontré a mi lado nuevamente,
te encontraron mis manos, mis sentidos
conjugando a la inversa tu futuro,
volviendo desde allí donde morías.
¿Cómo podías tú entenderlo todo?
Porque a veces se sufre intensamente,
o se goza, también intensamente,
mientras están vacíos nuestros ojos.

en Viento de Dios (Barcelona, 2004).

HILO DE ESPERANZA 


Dos tres cero uno cinco siete ocho

Como todas las tardes,
codiciosos de ti mis dedos hurgan
en las redondas llagas del teléfono
y la distancia aceza entre nosotros
como un cósmico abrazo sostenido.

Luego, se hace el milagro
de tu presencia oculta en no sé donde
pero presencia al fin,
penetrando en la mía como un hálito.

Entonces,
el dulce apremio de tu voz, asido
al extremo del hilo telefónico,
me enloquece de esperas infinitas.

en Viento de Dios (Barcelona, 2004).

IMPACIENCIA

Andar y andar mi camino
y en cada vuelta encontrarte,
y en los recodos sentirte
de nuevo, mujer, distante.

Buscar los duendes azules
de tu palabra en el aire.
Buscar los pies que repican
en mi recuerdo incansables.
Buscar tu cuerpo en los álamos,
tu corazón en la tarde,
tu alegría en la acrobacia
de los vilanos errantes,
en el rubor de las nubes
la timidez de tu sangre,
y hallar en el universo
soledad de soledades.

Así mi vida, impaciencia
de andar como tras de nadie.

en Viento de Dios (Barcelona, 2004).

LA NADA ESPLÉNDIDA 


No la razón, ni el sino, ni el empeño.
La misma nada fue, la nada espléndida
la que ató tu camino con el mío.
Todos tenemos algo en otra parte
que nos arrastra a ser uno entre tantos:
una sonrisa, un llanto, una esperanza,
una canción a veces, un quejido...
Lo nuestro fue el vacío, el no tenernos,
el desearnos, ciegos, sin lograrnos.
La misma nada, amor, la nada espléndida.

en Viento de Dios (Barcelona, 2004).

LLEGAREMOS 


Llegaremos al límite del predio.
Y alzaremos la frente para hablarnos:
-Bueno, diré mirándote. Tú entonces:
-He de seguir, dirás. Y nuestra sombra
empezará a morir en el camino.
Sencillamente así, como si el mundo
y el lejano universo
de nuestras horas juntas, nuestras vidas,
no acabara estrellado
contra la misma voz que ahora nos une.

¿Será una muerte blanca, las raíces
penetrando en la tierra inútilmente?
Tú hacia delante. Yo, aún siendo llama,
vacilando en la brisa con ser brisa.
Luego quizá volvamos nuestros rostros
con la esperanza súbita de hallarnos,
de anudar otra vez nuestras miradas,
de nuevamente ser, de estar despiertos.
Pero no, bastará con ser "nosotros",
continuidad de luz sobre las lindes,
desde la luz eterna que nos hizo.

en Viento de Dios (Barcelona, 2004).

NOSOTROS

Sumergidos en ellos
fácilmente solemos encontrarlos.

Place pisar primero sus caminos,
no dejando palabra,
ni mirada, ni gesto,
ni sueño, ni esperanza,
por recorrer en ellos, nuestros hijos,
y, oh dichoso momento, al fin me place
reconocerte allí, en la jubilosa
sinceridad del niño que nos mira.

Porque de ellos hicimos
algo más que una huella
de nuestra sombra,
algo más que otro ser,
porque en ellos grabamos para siempre
la derrota del yo frente al nosotros
por la que tanto en el amor luchamos.

en Viento de Dios (Barcelona, 2004)

1 comentario:

  1. Existe una web donde se muestra toda su obra:
    www.jose-maria-portugues-hernando.es

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