JOSÉ DE VELILLA Y RODRÍGUEZ

Sevilla-España, - 1904

ECOS
 


Con lágrimas ardientes, niña mía,
de mis venturas las memorias riego,
entre cenizas apagado el fuego
que en otras horas por mi bien ardía.

Trocadas la ilusión y la alegría,
mi corazón enamorado y ciego,
en triste paz, en lánguido sosiego,
no volverá a latir como solía.

¡Y pides hoy para adornar tu palma,
un eco de mi lira desprendido!
¡Oh, deja, deja que repose en calma!

A tu súplica, al fin, ha respondido:
respondió con el eco de mi alma,
y el eco de mi alma es un gemido

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