GUILLERMO DÍAZ PLAJA


Manresa, Barcelona, 1909-Barcelona-España, 1984


ANTES


¡Oh! ¡No haber leído ningún libro! 


Que mi poema fuera sólo 
el roce del alma virgen con las cosas. 

Como un inmenso párpado que se abre 
para que el ojo sepa 
que hay rosas de azul y de oro 
bañadas en el aire transparente; 

como un guante de seda 
que hace más sensible al tacto 
la frutada dulzura de una mano, 
la tibia seguridad de una frente, 
la fragilidad de una rosa; 

como un sutil micrófono 
capaz de dar una armonía de élitros, 
un diapasón difícil, 
el sonido del sueño, 
la voz de Dios; 

como una ávida papila 
que capte los perfumes más recónditos: 
el olor del recuerdo, 
el perfume de las cosas perdidas, 
el aroma del goce; 

como una boca nueva 
que paladee lo recién nacido, 
los jugos de la vida y de la muerte, 
el sabor de lo extraño, 
la dulzura del alba. 

Y nada más. Sólo 
mi presencia en las cosas. 

Sólo las cosas límpidas 
en mis sentidos claros. 

MUNDO

Yo también, viejo Walt, quiero cantar la diversidad del mundo: 
disparos de evidencia ametrallan mis ojos, 
realidades súbitas estallan fulminantes 
y el día inventa la belleza del mundo. 

Recién nacido de la hermosura de las cosas, 
Dios me bendice en su diversidad. 

Madurez de verdades: 
todas las policromías se sirven a sí mismas 
y a la armonía del universo; 
los grandes árboles alzan sus catedrales temblorosas 
para cegar el fondo insensible de los panoramas; 
los ríos con sus fluidos cuchillos 
desdoblan los paisajes para mostrarlos invertidos. 

Y el dolor de la verdad 
contrapesa el vuelo de los sueños. 

(Y la horizontal de la muerte 
cruza la vertical de la vida.) 

[Vacación de estío]

LEANDRO F. DE MORATÍN

(París, 21 de julio de 1828)

Querido don Leandro: esta neblina 
con que París decora tu tristeza, 
sella la melancólica belleza 
de tu vida angustiada y peregrina. 

Porque quisiste diálogo y ternura 
sobre la piel de todo exasperada; 
porque anduviste solo tu jornada; 
porque creíste en la palabra pura. 

Tienes aún la mano de un amigo: 
otra mano exiliada y sarmentosa 
que aquí llegó para morir contigo; 

Y en el pecho, la ausencia de una rosa: 
ese «no de las niñas», tatuado 
sobre tu corazón deshabitado. 

[Los adioses. Tercer cuaderno de sonetos]

SE DESCRIBE EL AMOR EN METÁFORA DE CABALLO

Amor, furioso amor, encabritado 
se alza de manos y bracea al viento; 
amor de enfurecido movimiento 
en mi carrera, amor, desenfrenado. 

Amor que hiere el hierro del bocado 
espoleado del furor violento, 
que a galope tendido da su acento, 
desbocado el amor, desesperado. 

La despeinada crin, bandera viva, 
de tu navío, mástil que colora 
del belfo estremecido la saliva, 
al ritmo acompasado de su prora, 
y sangriento el ijar, muestra rendido 
enamorado, dulcemente herido. 

[Entre su arranque y mi mano (poemas ecuestres)]

CARTA DEL CAPITAN COOK AL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD GEOGRAFICA DE LONDRES

He aquí, Señor, que navegando 
hemos llegado a Citerea: 
música
flor, bosque de palmas, pájaros, 
dibujan paraísos terrenales. 
Dulces muchachas nievan, 
al sonreír, la aceitunada 
piel que ilumina sus divinos rostros. 

Pienso, Señor, que la filosofía 
que imaginó la Edad de Oro 
encuentra aquí su ejemplo. 
Propagadlo
en los discursos de las Academias 
y cantadlo con voz de ruiseñor. 
Decid a Europa
que el ensueño de un mundo de armonía 
tiene existencia cierta en estas islas. 

Loado sea Dios, ahora y siempre. 
Papeete, a veintiséis de marzo 
del año ochenta y ocho de este siglo 
de las luces, feliz, que ha confirmado 
la redondez augusta de la tierra. 

OYENDO CANTAR A UNOS MUCHACHOS EN LAS ISLAS FIJI

¿Quién os trajo la música 
que os nace en las gargantas? ¿Qué divino 
mágico maestro 
os enseñó los trémolos 
con que desfallecéis como una dulce tórtola 
en los arpegios del amor suavísimo? 
¿Qué batuta, qué guía puso fiebre, 
palpitación, hondura 
en la palabra-canto 
que se desmaya como una lenta ola en el crepúsculo? 
¿De qué honda fontana 
manantial argentino, azul penacho 
obtuvisteis la altísima 
sucesión de la hermosura 
que os mana de los labios, rodeando 
los rostros de perfume, 
como el collar de flor de tiaré 
os abraza los hombros? 

[Poemas de Oceanía]

CIPRESES, COLUMNAS

¡Cipreses! Enhiestas columnas de Acrópolis verdes 
levantan en lunas de plata sus cálices altos, 
sus nobles penachos, sus ansias de altura, en mármoles 
antiguos tatuados de música, doblando 
en la historia reflejos innúmeros, ecos de gloria. 
Adelfas de fuego enardecen el aire 
bordando los nobles caminos que al culmen conducen. 

EL VIAJERO RECUERDA SU PRIMERA VISITA A LA JUDERÍA DE RODAS

Este que ya no soy y soy yo mismo 
(mil novecientos treinta y tres) 
caminando la judería 
de Rodas al atardecer 
-¿Tú querés cantigas viejas? 
Mazaltó de Jacob Israel 
sabe consejos y romances 
Mazaltó de Jacob Israel. 
Como una dama de Castilla 
Mazaltó de Jacob Israel 
-Se pone negra mi memoria 
(Mazaltó de Jacob Israel) 
-Se borraron mis palabras, 
pero mi canto cantaré. 

Tres palomas van volando 
para el palacio del Rey 
vola la una, vola la otra, 
ya volaron todas las tres. 

Cae la tarde prodigiosa 
con su cortina rosicler 

Aposan en un castío 
el castío de oro es. 

Para el descanso de la hora 
traen el agua y la miel. 
-Cuando yo era mancebica 
me enamoraba una vez 
de un mancebico como tú 
¡Buena doncella que topés! 
-¡Altas venturas que tengás 
Mazaltó de Jacob Israel! 

Ahora he vuelto preguntando 
¿Mazaltó de Jacob Israel? 
La judería está desierta 
hay acíbar donde hubo miel. 
Vinieron bárbaros del norte 
Mazaltó de Jacob Israel. 
Los crematorios de Alemania 
consumieron toda la grey. 

Soy un fantasma de mí mismo 
recordando un atardecer 
en la judería de Rodas, 
mil novecientos treinta y tres. 
Las canciones se han apagado, 
Mazaltó de Jacob Israel. 
Se ha puesto negra mi memoria 
de las lágrimas y la hiel. 
Pero yo guardo tu recuerdo 
Mazaltó de Jacob Israel. 

LA CASA ESTÁ VACÍA...

La casa está vacía. Navegamos. 
Las cámaras desiertas se han poblado 
de los fantasmas que nosotros mismos 
hemos ido creando en la existencia. 

Criaturas de luz y de gemido, 
cada instante ha dejado un suave rastro 
que apenas raya el aire del recuerdo. 

Somos leves corpúsculos de sombra, 
eslabones fugaces en el tiempo, 
término breve de esperanzas altas, 
categóricas muertes implacables. 

Sabemos que, al final de la jornada, 
irremediablemente, dejaremos 
esta vez de verdad, y para siempre, 
vacía nuestra casa. 
Para siempre.

[Funchal, en el Atlántico, febrero de 1973]
[Atlas lírico]


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