FRANCISCO CARRASQUER


Albalate de Cinca-España,
1915 - Tárrega, 2012 

AUTO DE FE Y DE EXILIO
 


Vivimos en un domingo estéril.
El mundo es espectáculo
sin ser nosotros público.
Somos un rico y triste álbum sobado
que quemaríamos a gusto
por ser un montoncito
de ceniza salada
en nuestra tierra,
un puñado de abono
que bien pudo haber sido
un instante solar
de día laborable.

“Cantos Rodados”, Ámsterdam, 1956

REQUISITO DE ILUSIÓN 


No nos mata
saber que moriremos,
sino creerlo.

No hay otra espuela
que aguije a nuestra vida
que el saberse mortal.

Mas no es posible
creerse uno mortal
si no es en la agonía.

Hay anticipos.

Un segundo
que nos pinta la Nada
y nos hundimos
en el vacío.

¿De qué color?
Tan blanco como negro:
blanco en los nervios,
negro en el corazón.

Sabemos
que no somos nada
solos;
creemos
que lo somos todo
juntos: eternos.

“Vísperas”, 1969

DE “BALADAS DEL ALBA BALA”
(Bartleby, 2001)

I

Frío puro del alba.
Entre el impuro frío de la noche
y el diurno calor del corazón
hay un filo de hora
que corta en dos la lente de razón:
medio disco de Dios, medio del hombre.

Medios discos no ruedan.
O son cálices, o lámparas, o barcas;
o son cuernos, o son hachas, o son balas.

Todo es posible en el alba:
esa hora del blanco frío,
en que el sonrojo aún no asalta
y se ha retirado el luto.

El fofo algodón del alba
embebe el cruento escándalo,
languidece el ojo horrible
y ensordece los disparos.

Parece hora de sonámbulos
y es la hora en que más despiertos
se crispan los sentenciados.
Luego, les llega el dormir
con los trigales por manta
y una amapola en los labios.

Los aullidos de Caín
los despiertan de alba en alba.

II

Millares de pies desbotados
se acercaban por los corredores
y se calzaban para dar el puntapié
a las pesadas puertas descorrido el cerrojo

millares de manos impacientes
por agarrar el manojo de alambres
tensados por el miedo
y galvanizados por la rabia

millares de alambres esperando el corte
de la tenaza que va a apretar el alba

no más voz ni temblores
la mano del alba y su tenaza

un insípido vaho en la bocaza
un olor nauseabundo en los calzones
una siniestra gota irónica de semen
un crujido de tablas
un chasquido de botas
un clic de algún resorte
un saco que se aplasta sordamente
y un choque seco de una calabaza

y con los alambres
sueltos van a hacer nido las garzas

y todos los pajarillos
se ponen a alborotar
contra las máscaras que andan
hacia el día hacia la luz
que les va a volver la cara.

III

Saldrá el sol
y será demasiado tarde
porque habrá pasado ya
el cuarto de hora secante
que enjugará la tinta
y copiará la palabra del revés
y para leerla
habrá que echarse boca arriba

a menos que no se tenga un cuerpo
duro frío y bruñido
contra un alma de azogue

saldrá el sol
y será demasiado tarde
porque la luna ya se habrá fundido
como un helado de nata en esa mano
del asesino que habrá ya blanqueado
el escenario la cruz y los sepulcros

saldrá el sol
y será demasiado tarde
porque su heraldo pálido
lo habrá pasado ya a cuchillo
y en todo el horizonte chorreando
se habrán perdido ya sus huellas dactilares

y el inspector y el juez dormidos.

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