FERMÍN ESTRELLA GUTIERREZ



Almería-España, 1900- Buenos Aires 1990.

SONETO A LA ALEGRIA DE VIVIR

No se razona, no se piensa en nada,
Su surtidor tan sólo, la Alegría,
Abrir los ojos, saludar al día,
El alma ebria de cielo, enajenada

Sentir la tierra vegetal, mojada,
Los pájaros, el mar, la lluvia fría,
Sentir que toda la belleza es mía
Que es mío el mundo y mía esta jornada.

Sentir la vida como un don del cielo
Sin dolores, sin ansias , pura y fuerte,
Vivir, sólo vivir, qué hermoso anhelo

Confiar en el destino y en la suerte
Y libre de quebrantos y recelo
No temerle a la vida ni a la muerte.

SONETO DEL CAMPO

Este es el campo que adoré en mi vida, 
Los árboles, el cielo, la distancia, 
Los pastos, el ganado, la fragancia, 
La soledad, la tarde adormecida.

Próxima ya la hora de partida 
Vuelvo a vivir el campo de mi infancia, 
Las faenas viriles de la estancia, 
El tiempo que se fue, la fe perdida.

Todo pasa y se va, todo se esfuma 
Infancia, juventud, la vida entera, 
Todo vuelve a vivir, ola y espuma.

Las nubes pasan en veloz carrera, 
El dolor de vivir ya no me abruma, 
Sólo el campo es mi patria verdadera.

SONETO A LA VIDA

Vida, aquí vengo al final de la partida 
a darte gracias por lo que me has dado 
por la flecha clavada en mi costado, 
por la esperanza y la ilusión perdida.

Gracias por estos hijos, luz nacida, 
regalo de un destino atormentado, 
óptimo fruto, el bien más esperado 
de esta vida de amor a ti debida.

Gracias por este afán, ardiente y puro, 
gracias por cada amanecer radiante 
y gracias por andar fuerte y seguro.

Gracias por éste corazón amante, 
gracias por esperar con fe el futuro, 
solo y sin rumbo y siempre hacia adelante

SONETO DEL AMANECER

Ya sale el sol, rojiza, incierta lumbre, 
Ya la noche se aleja, paso a paso, 
Ya el cielo se abre, lámpara de raso, 
Para que a todos con amor alumbre.

Baja la claridad desde la cumbre, 
Todo empieza a vivir, éste es el caso, 
¿Es esta luz, del alba o del ocaso? 
¿Vuelve el día con gozo o pesadumbre?

Un día más, un esperar incierto, 
No te detengas, toma tu camino, 
Mira cuántas banderas en el puerto.

¿Qué te traerá este día, peregrino? 
No mires hacia atrás, todo está muerto, 
Y nace con el día, ése es tu sino.

SONETO DEL VIENTO

Lluvia, y después el sol, el sol violento,
y el cielo cielo, lípido, lejano.
Qué verde el árbol, verde, casi humano….
Y después la locura atroz del viento.

Oh mar del aire siempre en movimiento,
hoy encrespado, restallante, ufano;
mi mano levantada, no es mi mano,
y ya en el silbo sideral, ni cuento.

El hombre, la ciudad, la vida entera,
todo lo barre, y sola, transparente,
vibra en el aire la triunfal bandera.

Siglos y siglos corren por mi frente,
y oigo en el grito de la edad primera
Un mundo nuevo, puro, diferente.

(“Otros poemas” 1950-1962)

SONETO PARA UN FUTURO LECTOR

Tú, lector o lectora, que has fijado
tus ojos en la página amarilla;
del tiempo me aventuro hacia la orilla,
fiel a mi canto, dócil al llamado.

Tú que ríes aún, tú que has andado
tras la ilusión que se te escapa y brilla,
tú que hueles la noche y la gramilla,
tú que puedes besar el rostro amado.

Piensa que ahora soy ceniza y nada,
sólo una leve sombra proyectada
sobre tu alma que me busca ansiosa.

Yo fui joven, feliz, amé la vida.
Hoy te tiende mi mano conmovida
sobre el viejo papel la tierna rosa.



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