CONCHA ESPINA


Santander, Cantabria-España, 1869 - Madrid, 1955

YO SOY UNA MUJER: NACÍ POETA…

Yo soy una mujer: nací poeta,
y por blasón me dieron
la dulcísima carga dolorosa
de un corazón inmenso.
En este corazón, todo llanuras
y bosques y desiertos,
han nacido un amor, interminable,
y un cantar gigantesco;
pasión que se desborda de la tierra
y que invade los cielos…
Ando la vida muerta de cansancio,
inclinándome al peso
de este afán, al que busca mi esperanza
un horizonte nuevo,
un lugar apacible en que repose
y se derrame luego
con la palabra audaz y victoriosa
dueña de mi secreto.
Yo necesito un mundo que no existe,
el mundo que yo sueño,
donde la voz de mis canciones halle
espacios y silencios;
un mundo que me asile y que me escuche;
¡lo busco, y no lo encuentro!…

Poema incluido en la novela La esfinge maragata, 1914.

¡TODO ESTÁ DICHO YA!… ¡QUÉ TARDE LLEGO!…

¡Todo está dicho ya!… ¡Qué tarde llego!…
Por los hondos caminos de la vida
pasaron vagabundos los poetas
rodando sus cantigas:
cantaron los amores, los olvidos,
anhelos y perfidias,
perdones y venganzas,
zozobras y alegrías.

Siglos y siglos, por el ancho mundo
la canción peregrina
sube a los montes, baja a los collados,
en los bosques suspira;
cruza mares y ríos, llora y muge
en vientos y celliscas;
se queja en el jardín abandonado,
en las flores marchitas,
en las cosas humildes, en las tumbas,
en las almas sombrías.

Todo el mundo es querella, todo es himno,
todo el mundo es sollozo y poesía…
Y yo vengo detrás de ese torrente
que al universo encinta,
con una canción nueva entre los labios
sin poder balbucirla:
porque ya no hay palabras, no hay imágenes
ni estrofas y armonías,
que no rueden al valle penumbroso,
y suban a las cimas,
y salven los abismos,
colmando las medidas
de las voces humanas
y los sagrados sones de las liras…
¡En este mundo lleno de canciones
ya no cabe la mía!
Loca y muda la llevo entre los labios
sin poder balbucirla…

Poema incluido en la novela La esfinge maragata, 1914.

LEJOS…

Entre la noche que está dormida
y el mar dormido que sueña y lucha
tengo enhebrada mi ardiente vida,
alma que alerta ronda y escucha.

Para mi frente, clara diadema,
los astros hilan vivo reflejo,
para mis ojos, triste poema,
las aguas mullen un blando espejo.

Calman las olas sus parioximos
llenas de lumbres y estupores
y entre las fauces de dos abismos
hago la siembra de mis amores.

Aquí las mieses y las derrotas
son infinitos que yo paseo;
haces de vida, ansias remotas,
vasto refugio para el deseo.

Y las criaturas de mi paisaje,
bestias menores, nunca son malas;
con la inocencia de lo salvaje
de los querubes tienen las alas.

Aves y peces, sordo murmullo,
alible fauna reclamadora
cuando la noche lanza su aúllo
del mar dormido que sueña y llora.

Nada me hiere donde yo habito;
mis daños, todos, son de la orilla.
Aquí se esconde mi ronco grito
en el manojo de mi gavilla.

Ramos de espuma, leves corolas,
plantel de soles y de luceros;
para mí el baño de frescas olas 
y la ardentía de los senderos.

Para mí, todas las noches gayas;
para mí, todos los océanos;
lejos la tierra, lejos las playas;
ningún anillo para mis manos.

No quiero engarces prometedores
con el mezquino polvo sediento
donde el gusano vive en las flores
y la veleta gira en el viento.

Ninguna gracia de la ribera
donde se miente lo que se jura;
es más benigna la mar señera;
es más piadosa la noche oscura ...

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