BERNABÉ HERRERO ZARDOYA



Soria-España, 1903-1957

CARRETERA DE LA ERMITA ...
A Virgilio Soria

Carretera de la ermita.
La tarde de castidades
calma las viejas saudades
de la montaña eremita.
Un sol de noviembre excita
los fabulosos perfiles
de aquellas manchas añiles
que en la sierra de Santa Ana
vierten el aria hospiciana
de la cumbre a los pretiles.

El color enuncia todo
y el panorama contrista;
brusco aparece a la vista
y se pierde de igual modo
el violeta recodo
del camino, azul marino
de la sierra y pergamino
de la falda roturada.
Es la hora consumada
del saludo vespertino.

Color gris y color perla
pinta el crepúsculo ahora
y para gozar la hora
es preciso sorprenderla,
sorprenderla y recogerla
al pie de la sierra augusta
que afirma la extensión justa
de este soriano contorno.
Y luego para el retorno
guardar la copla robusta.

Se acromatiza el paisaje
y desciendo el cielo luego.
Un bronce dorado al fuego
amarillea el ramaje.
De las aguas el lenguaje
desciende también el tono.
Queda en perdido abandono
el Santo, su perfil huye
... pero una luz restituye
la nobleza del Patrono.

Del libro “Tonadas del Camino”, 1926.

SEMBLANZA

A Aurelio Rioja
He nacido en Castilla, en la más fría
ciudad de la Meseta,
donde ofrecen constante letanía
el Duero y San Saturio anacoreta.

Mis años infantiles de la escuela,
los años de primicias,
fueron años de espada y de rodela,
de escondite, ladrones y justicias.

Me asomé a los balcones de la vida
al ir al Instituto
y cabalgó mi juventud sin brida
hasta morder el prohibido fruto.

Hecho un hombre, cargado de ilusiones
y esperanzas risueñas,
quise aprender las altas perfecciones
que esconden las ciudades halagüeñas.

Amé todas las cosas sin medida
y soñaba despierto
... pero mi alma recibió una herida
por combatir a pecho descubierto!

SANTA INÉS DE PIÑARES

A Benito Artigas

En Santa Inés de Pinares
que el Urbión frío vigila,
está la gracia tranquila
que alivia nuestros pesares.

Guarda el blanco caserío
una vida recatada,
que no quiere saber nada
de lo que murmura el río.

Solos el cielo y la tierra
mirándose cara a cara
y Santa Inés, pura y clara
como el agua de la sierra.

... Las cuatro casas. La ermita.
El aprisco. La arboleda.
Y la empinada vereda
que las canciones recita...

Para gozar bienestares,
nada más honrado y fresco,
ni lugar más pintoresco
que Santa Inés de Pinares.



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