ANTONIO MARÍA DE TRUEBA Y DE LA QUINTANA

Galdames-España, 1819 -Bilbao, 1889

CANCIÓN DE UNA MADRE


Los dìas son frìos,
las noches son largas
y el viento del Norte
silva en la ventana.
Duèrmete en mi seno,
duerme, hijo del alma,
que en tanto que todos,
tranquilos, descansan,
sòlo tù, amor mìo,
despierto te hallas.
Durmiento està, al lado
del fuego, la gata
y ya en la pradera
los grillos no cantan,
ni nada se mueve
en toda la casa,
màs que un ratoncillo
que roe una tabla
¡tonto! ¿por què miras,
asì, a la ventana?
Acaso te asustan
la luna que irradia,
la lluvia que suena
y el viento que brama?
Duèrmete, amor mìo,
duerme hasta mañana,
duerme y no te asusten
el viento ni el agua,
que mientras el niño
durmiendo descansa,
su madre y los àngeles
el sueño le guardan.

POEMA SOBRE ISABEL DE CASTILLA
Esta es la historia, señores,
de la princesa Isabel,
esta es la historia que deben
chicos y grandes saber.

Erase una princesita
de las pocas que se ven,
que cara y alma tenia
mas de angel que de mujer.
Por verla vino a Castilla
un principe aragones
que enamorado no vino
y enamorado se fue.
Caballeros de mi corte
-Dijo el principe al volver-,
corred, corred a Castilla
y a la princesa Isabel
mi corazon y mi reino
de rodillas ofreced.
En Aragon y Castilla
todo regocijo es,
que celebran las bodas
de Fernando y de Isabel.
Unidos dos corazones,
se unen dos reinos tambien
y el moro a la moreria
pronto tendra que volver.
Casadicas y solteras,
de esta señora aprended,
que ella corta y ella cose
las camisicas del rey.
De oro son la tijericas
y las agujas tambien,
pero aunque sean de oro,
trabajo cuesta coser.
La corona de dos reinos
adorna su hermosa sien,
la corona de dos reinos
merece que Dios le de.

A LA ORILLA DEL ARROYO
Una mañana de mayo,
una mañana muy fresca,
entréme por estos valles,
entréme por estas vegas.
Cantaban los pajaritos.
olían las azucenas
eran azules los cielos
y claras las fuentes eran.
Cabe un arroyo más claro
que un espejo de Venecia,
hallara una pastorcica,
una pastorcica bella.
Azules eran sus ojos,
dorada su cabellera,
sus mejillas como rosas
y sus dientes como perlas.
Quince años no más tendría
y daba placer el verla,
lavándose las sus manos,
peinándose las sus trenzas.

II

"Pastorcica de mis ojos,
admirando la dijera,
Dios te guarde por hermosa;
bien te lavas, bien te peinas.
Aquí te traigo estas flores
cogidas en las pradera;
sin ellas estás hermosa
y estaráslo más con ellas.
""No me placen, mancebico,
respondióme la doncella;
no me placen, que me bastan
las flores que Dios me diera.
""¿Quién te dice que las tienes?
¿Quién te dice que eres bella?
""Me lo dicen los zagales
y las fuentes de estas vegas.
"Así habló la pastorcica
entre enojada y risueña,
lavándose las sus manos,
peinándose las sus trenzas.

III

"Si no te placen las flores,
vente conmigo siquiera,
y allá, bajo las encinas,
sentadicos en la hierba,
contaréte muchos cuentos,
contaréte cosas buenas.
""Pues eso menos me place,
porque el cura de la aldea
no quiere que con mancebos
vayan al campo doncellas.
"Tal dijo la pastorcica
y no pude convencerla
con ésta y otras razones,
con ésta y otras promesas.
Partíme desconsolado,
y prorrumpiendo en querellas,
lloré por la pastorcica,
que, sin darme otra respuesta,
siguió cabe el arroyuelo
entre enojada y contenta,
lavándose las sus manos,
peinándose las sus trenzas

IV 

Entréme por estos valles,
entréme por estas vegas.
Cantaban los pajaritos.
olían las azucenas
eran azules los cielos
y claras las fuentes eran.
Cabe un arroyo más claro
que un espejo de Venecia,
hallara una pastorcica,
una pastorcica bella.
Azules eran sus ojos,
dorada su cabellera,
sus mejillas como rosas
y sus dientes como perlas.
Quince años no más tendría
y daba placer el verla,
lavándose las sus manos,
peinándose las sus trenzas.

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