ALFONSO SASTRE



Madrid - España, 1926

CALLE DE LA INFANCIA (RÍO ROSAS, 16)

Aquella vieja calle, tranquila, 
dulcemente acostada a la sombra, 
con sus sencillas tiendas (los ultramarinos 
de Yonte, 
el carbón de Parrondo, 
el bar de Frutos...) 
y con sus acacias cada año tan nuevamente jóvenes 
fue el lugar de mis primeros miedos en la vida, por la vida, a 
o para la vida. Estaba un poco enfermo. Dormitaba 
en mi hamaca rayada frente a la puerta bajo una acacia que yo recuerdo grande 
(y Paca la portera, y doña Carolina). 
Enfrente la larga tapia roja del convento 
(y Tino) 
y en un viejo entresuelo mis cosas más queridas, mis juguetes. 
(Y la guerra. Cuánta angustia recuerdo 
de bombardeos cuando papá no estaba y sonaban estruendos, lejanas explosiones. 
Ya no bajaban los tranvías por Santa Engracia paralizados por el horror del bombardeo. 
¿Y papá? ¿Dónde estarás, papá? Así cuánto temor, temblor hasta el alivio 
de los pequeños tranvías bajando otra vez ruidosamente. 
Pero ¿qué habrá ocurrido? Pero ¿por dónde iría? ¿Dónde 
han caído las bombas que nos volvieron pálidos? Alguien dice, comenta 
que trasladaban heridos en el metro, que había mucha sangre y que uno 
llevaba toda la cara rota. Pero ¿y papá? ¿Qué hace que no viene? 
El oído finísimo reconocía 
con vuelcos del corazón, enormes sobresaltos, los pasos de mi padre en la escalera. 
Era entonces morir 
de alegría, morirme enteramente, el escuchar el ruido de su querida llave 
en la antigua cerradura de la puerta. Mamá, ¿te acuerdas? ¿Verdad que no podemos contarlo? ¿Verdad 
que era morir y luego otra vez nacer? Yo gritaba: Papá... 
No. No puedo seguir. Tenéis que perdonarme). 
Hablaba de juguetes y añado la presencia de mis padres 
velando, cuidando todo, envejeciendo. 
El tiempo era mis padres 
envejeciendo sin saberlo. 
(El tiempo todavía es mis padres 
envejeciendo y yo sin poder nada, irremediable testigo 
de una espantosa decadencia; y menos mal que yo 
empiezo a sentir algo de años, de vejez, calva, canas, hijos, y eso alivia 
considerablemente pues ya uno empieza a presentirse 
sobrevivido por sus hijos y eso alivia 
-repito la cuestión- 
considerablemente). 

Vuelvo a la calle de mi infancia, recordando 
sus tiendas, sus acacias, mis juguetes, la falta de apetito, y pleuresía, 
el balconcito, los depósitos 
del Canal y el Graff Zeppelin en el cielo. 
Yo cerraba los ojos si mis padres 
se aproximaban inquietos de que yo 
pudiera estarme muerto y no dormido, 
despierto y no dormido, triste 
y no dormido. 
-No pasa nada -decían por lo bajo-. El niño duerme -y comentaban las 
cosas de la vida. 
Pero yo, entreabriendo los ojos, les miraba, acechaba 
las arruguitas, los leves gestos de cansancio, la frente 
de mi padre y los alrededores de sus ojos, y eternamente 
protestaba y pedía, como un niño cualquiera, 
morir antes que ellos. 

DON QUIJOTE EN EL MAR

Hablo de don Quijote de la Mancha 
Cervantes no quiso acordarse del nombre de su pueblo 
pero contó la historia del Caballero Andante 
que transcurre por campos y soles sin piedad 
campos interminables como mares de tierra 
hasta que un buen día llega al mar 
Mediterráneo y lo descubre. 
Cervantes ya lo conocía 
y para él había sido guerra en Lepanto y duras prisiones en Argel 
pero también fue Barcelona, archivo de cortesía en sus palabras. 
Cervantes estaba loco de cordura 
y nunca pudo olvidar la mar mediterránea 
y su mensaje quedó iluminado por estas mismas luces 
que aquí nos iluminan hoy 
en esta Malta de los Caballeros. 

(Malta, sábado 11 de noviembre 2000)

ESPERANDO A GODOT

Vladimir, 
Estragón, 
Apagad. 
Vámonos. 

ESPERANDO LA MANO DE NIEVE

Muertecito de frío me hallo en la mañana. 
Nada de lo que hago sirve para nada 

Escritor para el cine me morí de tristeza. 
Mi obra quedó rota. Raro que resurrezca! 

Mis libros se mueren de silencio 
Más que vivo estoy muerto 

Como un arpa olvidada mi teatro duerme. 
Gracias por tu metáfora Gustavo Adolfo Bécquer 

Mi teatro no hierve. 
Mi teatro parece que duerme 
esperando 
esperando la mano de fuego 
esperando la mano de cólera 
esperando la mano de nieve 

HAN BORRADO MI NOMBRE

Han borrado mi nombre 
de todas las listas existentes. 

En el Registro Civil debe de haber 
algo como una sombra leve. 

Pero a pesar de todo existo y ando 
y consto por la fuerza 

de mi sencillo nombre inscrito 
en todas, todas, todas, todas las listas negras. 

(Madrid, 13 abril, 1971)

HOMENAJE A MACHADO

Don Antonio recuerdo 
aquel pueblo andaluz 
en que viviste catedrático 
Seguíamos tus huellas 
nos poníamos allí donde estuviste 
buscábamos tus huecos 
íbamos a poner en uno tu cabeza 
(y su mirada era tan profunda 
que apenas se podía ver) 
precisamente al sol de la colina 
mirando al horizonte 
como a ti te gustaba 
Éramos miles 
personas populares con merienda 
venidos de la rosa de los vientos 
cuando de pronto nos helaron el corazón 
fue algo terrible y muy zoológico 
pistolas y un horror, apaleados 
pisada la tortilla de patatas 
todo nos golpeó por todas partes 
menos por una, el pueblo 
Bueno en fin no quiero recordarlo 
ahora que te veo tan bien 
Qué joven estás 
Te beso en la mejilla y me retiro 
No tengo mucha voz pero me oyes 
y adiós, recuerdos de la Eva 
Si me quieres escribir 
ya sabes mi paradero. 

(21 marzo 1975)


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